Déjeme hacer otra reflexión sobre la prensa y el poder porque el ambiente político se ha enturbiado de nuevo. Los periodistas no estamos para complacer a ningún poder, ya sea el Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial. Tampoco a los distintos gobiernos federales, estatales o municipales habidos y por haber. No tenemos ninguna razón para dedicarnos a agradarle a los poderes partidistas y políticos. Tampoco somos publicistas del poder económico ni exégetas de los poderes religiosos. Ni siquiera es nuestra función agradar a los poderes mediáticos. Mucho menos a los poderes criminales. A ningún poder fáctico.

Cuando ejercemos nuestro oficio, por ejemplo, en una columna, o en plena labor reporteril, los periodistas no debemos hacer propaganda para servir a ningún poder, salvo que decidamos cambiar hacia un trabajo específico: comunicador social. Si es el caso, en automático tenemos que cambiar el “ista”: pasamos de periodista… a propagandista. No está mal, es válido, pero no está bien simular que eres independiente cuando sirves a un poder y pretendes hacer pasar tu propaganda como información periodística neutral o equilibrada.

Yo no puedo sentarme a teclear aquí para ser acrítico y llenar de loas a un gobierno, a cualquier gobierno. Salen de la tumba mi abuelo y mi padre periodistas y me jalan una patilla y yo mismo me jalo la otra por deshonrar mi apellido. Tampoco debo hacerlo ante un micrófono de radio o ante un teleprónter en televisión. Si tengo la insolencia y la osadía de hacerlo, en ese momento amordazo a mi yo periodista y fanfarrias para mi yo publicista.

Fanfarrias y lana, porque el periodista que se dedica a las genuflexiones ante cualquier gobierno y partido y recibe dinero por ello es un chayotero, es un ser que recibe embutes de Morena, el PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano o el partido que esté en el poder. Hubo chayoteros por montones con el PRI, los hubo no pocos con el PAN (yo les llamo los viejitos entumidos -aunque ciertamente hay jóvenes avejentados- porque son nostálgicos que anhelan los billetazos que recibían desde Los Pinos y por tanto detestan a la 4T que les cerró la llave de la ubre). También habían chayoteros en tiempos del PRD, unos cuantos, y los hay con Morena, que no son tan poquitos: nomás vean las primeras planas de ciertos diarios y lo que les pagan.

Nosotros, los propios periodistas, tenemos información dura, concisa y maciza (diría el inefable veterano Carlos Marín) y sabemos perfectamente quiénes son los del embute. Lo supimos antes y lo sabemos ahora. Y si a esa fauna del SPEI y el cash le agregamos las calumnias, voladas, mentirotas y mentiritas, más las distorsiones y los fuera de contexto con que salen al estar postrados de hinojos frente a un poder, tenemos una jauría de seudo periodistas nutriendo odios en redes sociales todo el santo día, ya sea desde la derecha, la izquierda y el centro.

Los periodistas estamos para incomodar a todos los poderes, absolutamente a todos, porque es nuestro deber -sí, nuestro deber- auscultar lo que hacen justamente las mujeres y los hombres en el poder. Lo que, además, hacen ellas y ellos con los recursos que acompañan a esos poderes, que son multibillonarios. Todo lo que hacen podemos revisarlo, todo lo que gastan podemos revisarlo. Se llama transparencia y es la madre de esa oveja negra llamada opacidad que tanto amaban los priistas, panistas y perredistas y que tanto adoran los morenistas y los de MC.

¿Los hacemos enojar? Sí. ¿No les gusta lo que publicamos? Refuten. ¿Tienen otros datos? Preséntenlos. ¿Los calumniaron? Desmientan y procedan. Periodista que miente no es periodista así que, a través de los recursos legales, defiéndanse y exhiban al falsario.

Lo que es inadmisible y no lo vamos a tolerar los periodistas (ya padecimos al represivo PRI y no vamos a consentir al represivo Morena en un país donde asesinan a periodistas); lo que no vamos a dejar de exhibir y vamos a denunciar siempre son las amenazas que recibimos por ejercer el periodismo, como las que hizo hace unos días un político más, otro innombrable, ahora contra N+ y mi colega Enrique Acevedo, conductor del noticiero estelar de Televisa.

Punto.

Jp.becerra.acosta.m@gmail.com

X: @jpbecerraacosta

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