¿Pueden quererse una bailarina israelí y un poeta palestino, Tamar Ben Ami y Mahmud Darwich? Estamos a principios de los años 1960, ella tiene 17 años y él 22. Ella es sabra: en hebreo la palabra significa “cactus” y designa los que nacieron en Israel; sus padres eran militantes comunistas. Él nació en un pueblo cercano de Akka, San Juan de Acre en tiempo de los cruzados, Ptolemaida en la antigüedad. Creció en ese puerto multinacional y empezó a escribir poemas a los diez años, poesía muy trabajada en la forma que intenta entender los problemas humanos, el más grande siendo la causa palestina, la patria ocupada. Militaba en el Partido Comunista Israelí. A los veinte años, Mahmud es ya famoso y lee sus poemas frente a grandes auditorios; un día de 1963, cerca de Haifa, donde vive Tamar, lee sus poemas en un espectáculo organizado por el PCI, antes de dejar el lugar a un grupo de baile. Entre los danzantes, Tamara. Amor a primera vista. Flechazo. Breve felicidad. Luego los problemas. La familia de Tamara, si bien quiere la paz y un Estado palestino –es el programa del PCI– no acepta un yerno palestino. Amor clandestino, correspondencia exaltada, apasionada; algún día será posible, tendremos hijos, se reconciliarán las naciones. Mahmud Darwich le escribe en hebreo, lengua que domina a la perfección.

​La Guerra de los Seis Días, la victoria aplastante de Israel en 1967, la ocupación de Gaza y Cisjordania, ponen fin a la esperanza. Él escribe Rita y el fusil, extraordinario poema que recitan y cantan hasta hoy en todo el mundo árabe. Entre Rita y mis ojos, un fusil./ Y quién conoce a Rita se prosterna/ Y levanta una oración/A la divinidad que irradia en sus ojos de miel… Y durante dos años, me perdí en Rita/Y durante dos años Rita durmió en mi brazo/ Entre nos, mil pájaros, mil imágenes/ Innumerables citas atravesadas por las balas de un fusil. (…) Ah, Rita/ ¡Qué es lo que pudo alejar mis ojos de los tuyos!/ Ni el sueño, ni las nubes de miel/Antes de que ese fusil se interponga entre nosotros.

​“Cada vez que escribo un poema de amor, dicen que es un poema por la tierra. Que Rita es Palestina. Rita es un seudónimo, pero pertenece a una mujer particular. Rita era una judía israelí”. Y Mahmud, un palestino israelí, exiliado durante casi treinta años. ¡Malditos exégetas! Rita es Tamar, punto. (Mahmoud Darwich, Palestine comme métaphore, Paris 2002). Mahmud pudo vivir en Ramallah, Cisjordania, solamente a partir de 1995 y bajo condiciones. Rita aparece varias veces en su obra, como cuando pregunta ¿Y si fuera la expresión de un conflicto, cuando la diferencia nacional impide que los cuerpos hagan el amor, que siga la historia de amor?

​En el documental de Ibtisam Mara’ana, palestina israelí, Write Down, I am an Arab, Tamar Ben Ami cuenta su juventud y enseña las cartas de amor. Manifiesta, con palabras y largos silencios, que ha sido profundamente marcada por un idilio tan breve como decisivo. En 1964, sus padres la mandan a Jerusalén para seguir una carrera de bailarina, en realidad para alejarla del amoroso palestino. Él no puede ir a Jerusalén, porque, ciudadano israelí de segunda, no puede moverse sin autorización; cuando desobedece para verla, va a dar a la cárcel. Ella, nos dice, estaba en mi corazón, pero no en mi vida. Después de la Guerra de los Seis Días, Tamar hace su servicio militar en un grupo de baile que debe levantar la moral de las reclutas. Mahmud, desolado, le escribe No puedo ver sino lo criminal en ti. He tenido que olvidar tu belleza, tu dulzura. Y compone Rita y el fusil. Algún día comentará: “Imaginen que su amiga sea soldada de un ejército de ocupación que arresta las hijas de vuestro pueblo en Nablus o Jerusalén. Eso no pesa solamente sobre el corazón, sobre la conciencia también”.

​Los dos amantes no se olvidaron nunca. Mahmud muere en 2008, Tamar que acaba de morir en 2026, no había dejado de visitar su tumba en Ramallah y de ser acogida por su familia. (Fuente: Clément Ghys, “Le premier amour de M. Darwich”, in “Le Magazine du Monde”, 15/08/26, y los libros en francés de Darwich).

Historiador en el CIDE

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