Las cotizaciones internacionales del petróleo mostraron una caída pronunciada a raíz de la firma del Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que despertó la esperanza de que el conflicto bélico entre estos países terminaría pronto. Aunque este no ha sido el caso, el precio del crudo ha descendido de manera importante.
Por ejemplo, después de alcanzar un pico de aproximadamente 126 dólares por barril a finales de abril, el precio del petróleo tipo Brent se ubicaba alrededor de 90 dólares al momento de escribir este artículo, aunque todavía se mantiene por encima de las cifras de poco más de 70 dólares observadas antes del inicio de la guerra.
Este descenso de los precios del crudo podría llevar a la percepción de que los riesgos derivados del choque inflacionario propiciado por la contienda en Irán se están diluyendo. A mi juicio, no existe evidencia de que este sea el caso.
Consideremos en primer lugar el plano global. El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó a principios de este mes la actualización de sus Perspectivas de la economía mundial. En este documento, el FMI no deja dudas respecto de su preocupación por la trayectoria de la inflación.
Bajo el supuesto, que ya ha quedado sin efecto, de que las hostilidades llegarían a su fin a mediados de julio, el FMI proyecta que la inflación mundial aumentará de 4.1% en 2025 a 4.7% en 2026. También es de destacarse que esta última cifra, que ahora resulta optimista, es una revisión al alza de la publicada por la institución apenas en abril; que el FMI considera que los mecanismos de transmisión del choque petrolero apenas están en sus etapas iniciales; que el Fondo da al restablecimiento de la estabilidad de precios una alta prioridad; y que no se sabe cuándo terminará la guerra.
Aunque los determinantes de la inflación varían de un país a otro, el caso de Estados Unidos también nos proporciona información relevante. En las minutas de la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en inglés) del 16 y 17 de junio, dadas a conocer el 8 de julio, se percibe una preocupación generalizada por la inflación, entre cuyos determinantes se da un lugar destacado al choque petrolero.
Así, la mayoría de los participantes señaló que después de varios años con una tasa de inflación por encima de la meta de 2%, existe un riesgo de que se afecten las expectativas de inflación de largo plazo y el proceso de determinación de precios y salarios en la economía. Todos coincidieron en que el balance de riesgos para la inflación está sesgado al alza. En este contexto, la mediana de las proyecciones de los integrantes del FOMC estima un incremento de la tasa de interés de política monetaria este año.
El descenso de los precios del crudo se ha reflejado en la tasa de inflación en Estados Unidos. El índice general de precios al consumidor disminuyó mes a mes en junio por primera vez desde 2020. Además, tanto la inflación general como la subyacente se moderaron a tasa anual.
Estos acontecimientos no parecen haber atenuado la inquietud de las autoridades monetarias estadounidenses por el comportamiento de la inflación. Las intervenciones de diversos participantes del FOMC después de darse a conocer dichas cifras siguen en sintonía con lo expresado en las minutas.
En México, ante una economía que enfrenta tasas de inflación por encima de la meta de 3% y debilidad de la actividad económica, el Banco Central ha mandado la señal de que dejará inalterada la tasa de interés de referencia por un periodo indefinido.
También en nuestro país se ha observado un descenso de la inflación general, llevándola a cifras de 3.4% en junio. El principal determinante ha sido la caída de la inflación no subyacente y, en particular, la contracción de los precios de productos agropecuarios. La baja de la inflación subyacente ha sido mucho más moderada, ubicándose en junio en 4%.
Esta información debe evaluarse con cuidado. En virtud de los productos que la integran, la inflación no subyacente está sujeta a fluctuaciones pronunciadas que no reflejan su trayectoria fundamental. De ahí la importancia de prestar la debida atención al comportamiento de la inflación subyacente, un indicador más confiable de las presiones inflacionarias en la economía.
Tomando en cuenta la evolución de esta, los riesgos todavía latentes del choque petrolero, y expectativas de inflación de largo plazo por encima de la meta y con aumentos recientes, es obvio que la economía mexicana sigue enfrentando presiones inflacionarias de consideración. Y a esto se debe sumar el costo fiscal incurrido para evitar aumentos más pronunciados del precio de la gasolina.
No es de esperarse que la postura de política monetaria se vea influida por el referido retroceso de la inflación general. Sin embargo, después de ver comentarios recientes de diversos analistas, no me queda claro que exista en nuestro país conciencia plena sobre los riesgos que todavía nos presenta la inflación.
Creo que sería útil un esfuerzo de comunicación de nuestro Banco Central enfocado en enfatizar que la reciente contracción de la inflación general propiciada fundamentalmente por su componente no subyacente, no es un indicador confiable de la tendencia de la inflación. Y, de paso, insistir que la meta para la inflación general es de 3%, no de 2 a 4%.

