Si hay un deporte en el que Canadá domina a Estados Unidos es el hockey; hoy, en hielos resbaladizos, el comercio revive esa rivalidad y la vuelve más reñida. Y es que los canadienses se han atrevido a sostener lo que aliados como la Unión Europea, británicos y mexicanos no señalan al gobierno del presidente Trump: No podemos aceptar lo que han ofrecido y nos negamos a conceder lo que han pedido. “Nunca se ha planteado la posibilidad de firmar un acuerdo a cualquier precio”.
El gobierno de Mark Carney no se conforma con que Canadá sea un país fiable, sino uno que pueda tomar el palo de hockey y darle un par de golpes a la portería de EU. El mensaje vuela más allá de los cielos de los tres países y de la mariposa monarca, llega a todos los continentes y revive la fuerza de la “Revolución Tranquila de Quebec”.
Esta vez, el primer ministro canadiense no solo reclama: “Somos dueños de nuestra casa, de un océano a otro”. Aclara que los aranceles que la Unión Americana ha impuesto son arbitrarios y constituyen una violación de sus compromisos. EU ya no es un socio leal para uno de sus principales socios comerciales. Y así se afirma, para que lo constate el mundo, después de las negociaciones que los canadienses han vivido en agosto.
En los ojos del miembro más boreal del T-MEC hay temas que no están a discusión. En lo comercial, es inconcebible ceder a Estados Unidos el derecho de supervisar los acuerdos que Canadá firme con otras naciones. Es inviable desmantelar la legislación canadiense de lácteos o alterar las normas lingüísticas de Quebec. No sólo lastima la idea del mando estadunidense para explotar minerales críticos, sino ceder la dirección del gasto de defensa.
El viento del norte enfría el clima. Carney responde con herramientas comerciales tangibles y apela a la soberanía con realismo, no sólo con sentimientos. Canadá es el cliente principal de automóviles estadounidenses. “De hecho, compramos más coches fabricados en Estados Unidos que el Reino Unido, Japón y China juntos”. En esta visión, EU es menos soberano sin el apoyo canadiense: “Les suministramos el 99% de su gas natural, el 85% de sus importaciones de electricidad y el 60% de sus importaciones de crudo”.
Los “americanos” han pedido demasiado y han ofrecido muy poco. EU había anunciado que, desde el 19 de agosto, aplicaría aranceles del 50% a productos canadienses como equipos de hockey, ropa, cemento y cerveza. Esta agresión catapultó las negociaciones y terminó por romperlas. Se prevé que el 7 de septiembre (Día del Trabajo) se conocerán las represalias canadienses.
En el último año Canadá ha firmado más de 20 acuerdos comerciales y de seguridad a nivel internacional. Carney ha puesto como muestra el acuerdo con los Emiratos Árabes Unidos, cerrado en un récord de 47 días. Un ganador paralelo de esta guerra comercial es la India, que ahora aprovecha las facilidades comerciales canadienses, así como lo hace la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
Canadá ha creado una fórmula para avanzar en sentido contrario a su vecino del sur: crecer sin romper relaciones. Redujo el tipo impositivo sobre nuevas inversiones empresariales al 13%, 4.5 puntos porcentuales menos que EU. Está por verse el resultado de la estrategia canadiense, con palo de hockey, pero siguiendo las reglas.
Especialista en geopolítica y miembro de Comexi
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