Cada que un jugador mexicano se destapa —un buen Mundial, una Copa Oro, un semestre en que todo le sale— pasa lo mismo de siempre. Su valor se dispara, en el club se frotan las manos y la afición ya lo ve jugando en la Premier o en España. Y casi siempre se queda ahí, en lo que soñamos. Porque aquí “vender caro” se volvió motivo de orgullo, y nadie piensa que ese mismo orgullo es lo que le está cerrando la puerta al jugador.
El ejemplo más fresco es Gilberto Mora. Antes del Mundial, Transfermarkt lo tenía en 10 millones de euros. Le bastaron un par de partidos buenos con la Selección para que subiera a 25 millones. De repente era el jugador más caro de toda la Liga MX. Con 17 años. Fue el Chicharito quien dijo lo que muchos no quieren decir: ese precio puede ser justo lo que le impida salir a Europa. Y no lo dice cualquiera.
Rodolfo Pizarro lo puso todavía más claro, sin filtro: ningún equipo europeo va a llegar a pagar 12 o 15 millones por un mexicano. Hasta propuso dejarlos salir casi regalados, como pasa en la MLS, y suena raro, casi como si estuviera regalando el trabajo del jugador, pero tiene lógica: de qué sirve que tu ficha valga una fortuna si nadie la va a pagar nunca.
Y esto no es nuevo. Ya lo vimos con Chucky Lozano, que costó 42 millones cuando se fue del PSV al Nápoli —la transferencia más cara de un mexicano en la historia— y su paso por Italia no fue lo que se esperaba. Edson Álvarez y Raúl Jiménez costaron 38 cada uno. Son cifras que hablan de calidad, sí, pero también meten una presión que a veces ni el jugador pidió.
Lo peor es lo que le pasa al que ni siquiera logra irse. Denzell García, un chavo de Juárez de 22 años, ya trae una cláusula arriba de los 10 millones de dólares. Es de risa, si lo piensas bien. Se les cierra la puerta.
Preferimos tener al jugador “bien pagado” en casa que dejarlo arriesgarse afuera. Es más un tema de proteger el negocio del club que de cuidar al futbolista. Y ahí está lo contradictorio: queremos ver mexicanos en las mejores Ligas, pero somos nosotros mismos los que les ponemos el precio que se los impide.
Mientras sigamos midiendo a un futbolista mexicano por lo que dice Transfermarkt y no por las oportunidades reales que tiene de crecer, va a seguir pasando lo mismo: puros talentos que se quedan a medias, no por falta de calidad, sino por puro exceso de ambición mal puesta.
Twitter / Instagram: @Gusocalderon
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