Fui a ver La Odisea, en pantalla grande (me fue imposible un IMAX) y como suele sucederme con las películas de Christopher Nolan, no supe bien si le entendí o no. Me explico. La historia de Ulises y su travesía a casa después de la guerra de Troya me la sabía más o menos de cuando leí una de las tantas traducciones de la obra de Homero estando en secundaria: Helena de Troya, el famoso caballo lleno de soldados, sangre, tragedia, final feliz. Mi problema no fue la trama, mi problema fue el peso de los actores. Nolan, galardonado director inglés quien desde 2024 antepone a su nombre el título de “Sir” -Caballero- como aquellos de la mesa redonda, tiene su agenda de actores favoritos y favoritas como Christian Bale, Tom Hardy, Cillian Murphy, Leo, Anne Hathaway, todos ellos excelentes actores compaginados con el director. Me costó pensar en Matt Damon como Ulises, pero la verdad es que me la creí toda. Lo mismo va para los intérpretes de primerísima que incluyen a Tom Holland, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Charlize Theron, Zendaya. El sueldo de este personal seguramente fue porcentaje importante en el presupuesto de 250 millones de dólares que costó el filme. Y yo que no le entendí.

Fue imposible evitar la publicidad de esta película. Me gusta llegar al cine con la mente lo más transparente posible y no llena de opiniones de gente que ni conozco, pero por más que lo intenté siempre quedan los encabezados: Que si el pueblo griego, que si es demasiado woke, que si es una alegoría política de la decadencia de la sociedad occidental contemporánea, que si la ropa no es históricamente correcta, que si no es fiel a la idea original del texto según la traducción de no sé quién. A mí todo eso me da lo mismo, es más, creo que Nolan lo que intenta es darle un giro contemporáneo y accesible a una de las historias más famosas y antiguas del mundo. Es bien sabido que los soldados se esconden en un caballo y terminan destruyendo la ciudad de Troya; poca gente conoce o recuerda el resto de la historia. Con tanto famoso yo me hice bolas. Por ejemplo (spoiler alert), cuando Helena (¿o es Clitemnestra?) voltea y vemos su cara duramente marcada por cicatrices, no me la esperaba. O los años que Ulises pasa con Calypso comiendo loto azul ¿quién en su sano juicio le dice que no a Charlize Theron? Y todos y cada uno de los actores interpretan su papel, lo viven sin permitir que el peso de su nombre se posesione del personaje. Luego, está el estilo de Nolan a quien le gusta jugar con su arte y goza la narrativa no lineal, por lo que pueden pasar días o años entre escena y escena, lo que tampoco me ayuda.

Las personas que ven La Odisea esperando una clase de historia están algo más que despistados. Christopher Nolan es un cineasta, productor, director, guionista, nos cuenta historias a veces basadas en historias de otros, a veces de sus propias ideas. Memento (2000) de su autoría y estelarizada por Guy Pearce, es una de mis favoritas de todos los tiempos, aunque tampoco le entendí a la primera. Hubo una segunda, una tercera. Dos veces y mucho coco para entender The Prestige (2006), algo similar para entender Inception (2010) y, con Oppenheimer llevo apenas una vuelta, así que no me pregunten. La Odisea es un festín para los sentidos y tendré que verla un par de veces más para que todo haga coherencia en mi cabeza.

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