No fue fácil, pero encontré 18 colegas que no rechazaron contar de sus madres. La idea la tomé del poeta canario Juan Carlos de Sancho que hizo algo similar en su isla. Claro que no aceptaron a la primera, pero la amistad entre nosotros es importante y se armó una clica dispuesta a revelar nuestra relación con esa persona fundamental en nuestras vidas. Por supuesto que encontrarán sorpresas y que algunas abuelas jugaron un papel nada desdeñable. Les digo, la memoria tiene lo suyo. El volumen fue publicado por editorial Trillas en México, en julio de 2026. Señalo con gusto, que nadie de las escritoras y escritores dejaron de lado nuestro oficio. O sea, son textos literarios y que se siente en choyas quien lo dude.
Sé que la gente que es gente que nos lee, algo querrán saber de las mamás de Vicente Alfonso, Rosa Beltrán y de Mónica Castellanos; y ya encarrilados crecerá su interés por las de Jaime Labastida, Jesús Ramón Ibarra y Alfonso Orejel. Aquí usted pensará que cada mamá es un mundo, recordará a la suya, las flores de su sonrisa y seguirá con las nuestras. Llegará con las madres de Socorro Venegas, de Jorge Humberto Chávez y de Mónica Lavín. Aquí, si tiene manera, puede servirse una copa de vino, detenerse en usted y volverse socrático en eso de que usted sabe que no sabe, pero tuvo o tiene mamá. Y aquí están las progenitoras de Susana de Murga, de Pedro Ochoa y de Maritza M. Buendía. Al continuar con la lectura conocerá la fotografía emocional de las madres de David Toscana, Juan José Rodríguez y José Ángel Leyva. Antes de seguir responde una llamada, va al baño, maldice un par de veces y abre el libro ¡Madres!, la antología, y ahí están las mamás de Carlos René Padilla, Eduardo Antonio Parra, Iliana Olmedo y de Élmer Mendoza, el que hizo las llamadas, prometió tragos y aseguró que las lectoras y lectores experimentarían cierta proximidad con la pandilla, porque sabrían algo más sobre nosotros y celebrarían.
Usted, que inventó la frase, Madre, solo hay una ante un refrigerador abierto, comprenderá cada texto y la profundidad de las confesiones, donde las haya. Hasta donde sé, sólo Rosa Beltrán, Mónica Lavín y Pedro Ochoa han publicado libros con sus madres como personajes, y el peso gravitacional de cada caso es poderoso. Yo sólo el presente texto y algo muy breve en alguna parte. Los demás, desconozco. Ya saben que todos tenemos misterios que no nos da la gana compartir. Para mí, la experiencia de recibir los textos y leerlos, me dio momentos de calor y frío. ¿Cómo, será posible? Le tengo especial cariño a esta facinerosa pandilla a la que me une un trabajo lleno de incertidumbre, buenos y malos momentos. Con todos he pasado gratas horas de camaradería calibrando sueños, planes, dudas y esperanzas.
Queridas lectoras y queridos lectores, ponemos ante sus ojos parte de nuestras vidas. Un fragmento nada desdeñable que podría explicar un girón de nuestras personalidades. El libro está cerca de usted. Cuando vaya a la librería no tendrá problemas para localizarlo porque es de los que vibran fuerte. Se debe a las voces que a pesar de los años nos siguen señalando errores, sugiriendo maquillajes, vestuario o sirviendo el desayuno que debemos comernos sin chistar. De esta vibración seguro forma parte su mamá, que sabe que sigue aquí, o que no se ha ido, aunque habite otro universo. Colegas, sí encuentro palabras para agradecerles pero no las diré; creo que ustedes ya las escucharon. Abrazos.
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