El cambio tecnológico llegó para quedarse. La única constante es que la tecnología evolucionará a pasos agigantados. Como ejemplo de ello podemos revisar la industria del entretenimiento visual: hace décadas, en los ochenta, era común tener en casa videocasetera mientras que los videoclubes estaban de moda. A las películas en cartucho vino la presentación de DVD, posteriormente en Blu-ray; en paralelo se desarrolló el streaming hasta llegar a las plataformas digitales que son tan comunes en la actualidad. Esta tendencia no se va a detener sino a acelerar. La pregunta es como humanos qué vamos a hacer para no quedar rebasados por la tecnología y, contemporáneamente, por la Inteligencia Artificial.
Hace décadas había diversas hojas electrónicas de cálculo compitiendo en el mercado. Tal vez algunos recuerden a Quatro o Lotus, entes de ser desplazados por Excel. De hecho, quien redacta estas líneas aprendió Lotus 123 y Word Star, antecesores de Office. Pero éste último software llegó a desplazar a gran parte de los programas vigentes en el mercado. Office se ha reinventado a sí mismo de manera continua de modo tal que sigue siendo líder en diferentes nichos del mercado de software. Esto sólo refuerza el hecho de que la tecnología sigue avanzando aceleradamente.
Hace casi diez años, Yuval Noah Harari, en 21 lecciones para el siglo XXI, anticipaba la llegada los lentes inteligentes, que incorporaría una computadora en los anteojos, que permitiría buscar direcciones, teléfonos, rostros y un largo etcétera tan solo con el movimiento de los ojos. Hoy son una realidad. Aunque personalmente no los conozco, sé que en algunos exámenes de admisión a ciertos programas de estudio se prohíbe su uso. Una muestra más del avance tecnológico.
Un cambio tecnológico equivale a una mutación genética en nuestra especie. En estos términos, hemos mutados cientos o miles de veces con respecto a nuestros antepasados de apenas mil o dos mil años. Por poner un ejemplo, el siniestro del Barco Titanic probablemente no habría ocurrido en la actualidad o bien su impacto habría sido mucho menor hoy que cuando ocurrió. Una mutación genética puede provocar que una especie mejore y se encuentre por encima de la cadena alimenticia, pero también puede ubicarla por debajo y, eventualmente, implicar su desaparición. Ese es el riesgo que como humanidad enfrentamos: estamos perdiendo gran parte de nuestras habilidades mentales y motoras como consecuencia de la tecnología.
La última película de Toy Story muestra un mundo en el que los niños han dejado de jugar con juguetes, o entre ellos, realizando actividades físicas para encerrarse en tabletas o celulares. En las escuelas primarias es trágico que se dejen de realizar actividades físicas que contribuyen a tener una mejor coordinación motriz. Que por las tardes no tengas juegos como los de antaño provocan que como adultos no sean capaces de seguir instrucciones en la fila del autobús o del avión, respecto a qué personal sube primero y cuál después. En resumen, la tecnología nos está robando nuestras habilidades humanas.
El celular, la computadora y otros dispositivos están reemplazando a nuestra principal computadora: nuestro propio cerebro. Hace años recordábamos una canción haciendo el esfuerzo de recordar música, tonos y letra, hoy la podemos escuchar directamente desde nuestro celular. Las operaciones elementales son otro ejemplo: se está perdiendo la habilidad para realizar cálculos mentales simples con las cuatro operaciones aritméticas básicas. A lo anterior se suma la falta de lectura y, por lo tanto, la incapacidad de escribir unas cuantas líneas de manera decorosa. En pocas palabras, como humanidad estamos haciendo más lento al cerebro y más ágiles a las computadoras y otros dispositivos. Los efectos en salud física y mental se empezarán a notar muy pronto.
La tecnología llegó para quedarse. Eso se tiene que asumir y asimilar. Debemos prepararnos para sacarle provecho sin que ello implique el deterioro de nuestras habilidades físicas y cognitivas. La tecnología es un aliado antes que un enemigo. De hecho, una fuerte apuesta al combate al cambio climático se encuentra precisamente en el cambio tecnológico: tarde o temprano encontraremos la forma de revertir el daño que le hemos causado al medio ambiente. El reto es utilizarla a nuestro favor y que ello no implique una mutación negativa en nuestra especie.
Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM

