"El Estado debe velar por la seguridad de Ceuta y Melilla".

- S.M. EL REY DE ESPAÑA -

Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia.

Independientemente de su real - nunca mejor escrito, descrito, señalado y apuntado - estatura de cerca de 2 metros (1.97 m = 6 pies con 6 pulgadas, para ser exactos), es sin la menor duda, el monarca de la actualidad con la mayor altura del planeta, según el registro documentado por Guinness World Records.

La gran mayoría de sus antecesores han detentado algún tipo de apodo, de forma indistinta al título, precisando que no soy muy partidario de utilizarlos, francamente me disgusta aplicarlos y sobre todo que me los apliquen.

Sin embargo, para sobresaltar estas letras, nos permitiremos remontarnos a la historia, recordando a una serie de místicos reyes y reinas que son mundialmente reconocidos por sus sobrenombres, lean a continuación la lista por favor; si son tan gentiles.

Va como nos educaron puntualmente nuestros progenitores, arrancando como corresponde, primero con las damas:

- Isabel de Castilla o Isabel La Católica

- Juana I o Juana La Loca

- Isabel II o La de los Tristes Destinos

Continuamos con tres varones para puntualizar con media docena como ejemplificación arribando a nuestros días:

- Felipe I o El Hermoso

- Felipe III o El Piadoso

- Felipe V El Animoso

Para aterrizar con el mayor de los respetos, a quien engalana el epígrafe de hoy, al que según distintas fuentes extraoficiales se le conoce como "El Preparao" (sin la D), por varias razones.

Suponiendo sin conceder, imaginamos especialmente que es por la amplitud del tiempo que requirió para acceder al trono, para lo que se preparo rotundamente, además de la basta carrera de estudios universitarios obteniendo calificaciones sobresalientes, previo a alcanzar el Máximo cargo para salvaguardar su bendito reino.

Pues con ese mismo sentido sobre el alto honor enfáticamente respetuoso, deseamos en lo personal, solemnemente agregar al sobrenombre que su pueblo le ha conferido respetuosamente (por tercera ocasión la palabra) a Su Majestad Don Felipe VI el mote de..... EL GIGANTE (CON MAYÚSCULAS).

Este año 2026, mi amada esposa GEMY y el escribiente hemos tenido la monumental fortuna de observar de forma cercana a S.M. EL REY, en un par de situaciones inolvidables.

La primera, el pasado mes de enero, cuando generosamente acudió a la inauguración de FITUR (Feria Internacional de Turismo), que anualmente se celebra en la capital española, realizando una espléndida visita a la zona de exposiciones mexicanas.

La segunda vez, fue en la fosforescente corrida de la prensa en el mes de mayo en plena Feria de San Isidro, donde obviando el palco real ubicado en LAS VENTAS, decidió aposentarse en una barrera de sombra a escasos metros de donde felices nos encontrabamos mi Soberana y el que teclea.

Por cierto, los tres alternantes de esa velada; el español Diego Urdiales (Puerta Grande), el peruano Andrés Roca Rey (una oreja) y el mexicano Bruno Aloi (Confirmante), le brindaron sus respectivas faenas, ante el ensordecedor aplauso de la afición, vaya tarde de toros para guardar en la memoria.

Evidentemente estas acciones no fueron las únicas que llamaron poderosamente nuestra atención sobre la Casa Real, una trinidad de acontecimientos de mayor envergadura, si se puede, los apreciamos a través de la prensa (televisión, radio, periódicos y redes) durante este verano seguramente irrepetible para la mayoría de los ibéricos.

Las tres partes que la conforman se dividen de la siguiente forma, para su magistral interpretación: La señorial visita Papal de su Santidad León XIV, la gira por nuestra gran nación México, al igual que a los Estados Unidos de Norteamérica, donde encabezó a la selección de futbol que regresó fascinada con la Copa Mundial a su país y finalmente los recientes acontecimientos de Ceuta, dolorosamente y tristemente sobre Ceuta.

Este tema, en la abundancia de la disertación que titula la presente entrega de desafortunados resultados migratorios, la comentaremos la próxima semana, con el favor de su amable atención queridas amigas, apreciados amigos, distinguidas lectoras e insignes lectores, rogándoles su comprensión y atención.

Continuará.

Hasta siempre, buen fin.