Cuando la periodista Nellie Bly comenzó a publicar en el Pittsburgh Dispatch se dedicó a denunciar las condiciones laborales de las obreras de esa ciudad; esto molestó a ciertos anunciantes, quienes pidieron fuera censurada, por lo que se le relegó a escribir sobre moda y temas “femeninos”. No obstante, en su afán por no ser encasillada, luego de la visita de unos empresarios mexicanos —entre los que se encontraba Ireneo Paz—, propuso que el diario la enviara como corresponsal al país vecino. Así, en 1886, “en una noche invernal me despedí de mis contados amigos del periódico y emprendí el viaje a México, acompañada de mi madre”.

Bly narró su recorrido a través del sur de los Estados Unidos, sus viajes en tren y detalló las diferencias entre las ciudades fronterizas. Una vez que arribó a la Ciudad de México visitó varios lugares, entre los que destacaron el Centro Histórico, Tacubaya, Mixcoac, La Viga, Santa Anita, Chapultepec y la Basílica de Guadalupe. Su opinión de la metrópoli fue que “tiene un futuro prometedor […]. Es campo fértil para los cazadores de lo curioso, lo bello y lo raro. Y ese brillante futuro no parece lejano”. Otras locaciones que también recorrió fueron Jalapa, Córdoba y Orizaba, además de Puebla y Cholula.

La mirada de la estadounidense sobre México fue contradictoria. Por un lado, al estar en la frontera se sorprendió de las fiestas que “se celebran del modo más inhumano con peleas de gallos, corridas de toros y juegos de apuestas de todo tipo”. Sin embargo, en Cholula, consideró que “las corridas más especiales de la república se presentaban” en ese lugar. De igual forma, Bly consideraba que la comida mexicana era terrible, pero al final de su viaje aseguró que “una vez que se le agarra el gusto, la comida estadounidense les parecerá insípida”.

Ángel Gilberto Adame
Ángel Gilberto Adame

Asimismo, estimó que la “cortesía mexicana se ve hasta en las clases más bajas” y que, “cuando México se propone obras caritativas, lo hace en grande y no a medias”; sin embargo, también señaló “la mezquindad de los mexicanos, es decir, esos que no son indios”, sobre todo en su estancia en los hoteles, donde describió distintos intentos de cobros indebidos por los propietarios, cargadores de equipaje y comerciantes.

Al respecto del gobierno porfirista, la reportera escribió sobre la persecución emprendida contra varios periodistas de oposición durante marzo, aunque lo hizo de forma muy escueta por temor a ser encarcelada. No obstante, una vez que regresó a su tierra, redactó, con toda libertad, un segundo artículo sobre el asunto, donde “calificó a Porfirio Díaz de tirano y denunció la corrupción y enriquecimiento de la camarilla porfirista, la práctica de la ley fuga y la impunidad con que operaba el cuerpo de rurales al servicio del gobierno”.

En total, la periodista publicó cerca de 35 artículos sobre México, entre el 21 de febrero y el 10 de septiembre de 1886. Posteriormente, en 1899, en medio de su fama alcanzada por su viaje alrededor del mundo, Bly redondeó las fechas y compiló estos textos en un libro titulado Seis meses en México” (Six Months in Mexico), que llegó al español apenas en 2025 gracias al Fondo de Cultura Económica.

Lo valioso de este testimonio es que, si bien Bly al principio se dejó llevar por las opiniones de su tiempo y muchas veces fue una dura crítica, tuvo la apertura para conocer y para integrarse en la vida cotidiana de los mexicanos, de manera que la panorámica que nos ofrece es una reconstrucción honesta de la realidad, lo que refleja su encanto por las costumbres y la riqueza del territorio.