Actualmente, cada vez hay menos cosas personales. Casi todo es público, voluntaria o involuntariamente.

En ocasiones, es posible defender la privacidad, pero cuando la vida es pública y publicada, resulta imposible.

De las pocas cosas que todavía se pueden mantener en reserva es el estado de salud.

Hay padecimientos que lo permiten porque no afectan la apariencia de las personas. Hay otros, que no.

Esos que se pueden ocultar, mientras que se controlan o se sanan, dan pie, inclusive, a que algunos respondan a la fórmula de cortesía: ¿Cómo estás? con un “A toda madre, mejor que nunca”, aunque por dentro se los esté llevando la Chi.

(También hay aquellos a quienes ni la cortesía les corremos, porque contestan con una letanía de detalles de sus padecimientos, medicinas y doctores, que resultan harto incómodos. Mejor un simple: “Hola, buenas tardes”).

Pero cuando un posible padecimiento resulta inocultable, ¿qué hacemos?

Algunos nos dirían que evitarlo, hacer como si no existiera, como si fuera de noche cuando estamos al mediodía.

Pero surge una pregunta crucial: ¿aplica la misma lógica cuando se trata de un jefe de Estado?

Viene al caso todo este preludio porque podríamos estar ante algo así.

Que no sería la primera vez, ¿eh?

Enrique Peña Nieto (2012-2018): Fue operado en julio de 2013 para retirarle un nódulo tiroideo benigno y en junio de 2015 de la vesícula biliar.

Andrés Manuel López Obrador (2018-2024): Se le realizó un cateterismo cardíaco de forma programada, en enero de 2022, en el Hospital Militar.

Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012): se fracturó un hombro y se lastimó una rodilla, al caerse de la bicicleta.

Vicente Fox Quesada (2000-2006): Fue operado de la columna vertebral, por una hernia discal en marzo de 2003

Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000): Se sometió a una microcirugía en los meniscos de la rodilla derecha en julio de 1997 tras lastimarse jugando tenis.

Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970): Fue sometido a una cirugía por un desprendimiento de retina en 1969.

Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958): Se sometió a una operación de apéndice, durante el segundo año de su mandato.

Varias veces he escrito en este espacio que, por estrictas razones profesionales, veo todas las conferencias mañaneras.

Sin atribuirme capacidades extraordinarias sino simple sentido común, creo percibir estados de ánimo, de malestar y de salud. También, de nerviosismo cuando hay algo de lo que no se quiere hablar y se quiere eludir, llenando de paja propagandística para que el reloj corra y con el apoyo incondicional o quizás premiado de quienes hacen preguntas a modo y cínicamente reclaman que no les han dado la palabra y por lo mismo no han cobrado.

En las últimas semanas, parece estar pasando por un mal momento.

Resultan evidentes el temblor de su rostro y su mirada fija en el horizonte.

¿Tenemos los mexicanos motivos para preocuparnos?

Por supuesto no llegaré a la grosera temeridad de especular, pero hay quienes lo comentan con preocupación.

¿No sería mejor transparentar lo transparentable?

No es curiosidad malsana.

Si se quiere controlar la narrativa, la regla indica que hay que dar el primer paso.

Es pregunta: ¿está enfermA?

Y si no, quizás quienes necesite un té con un calmante, a primera hora del día, sea quien esto escribe.

anarciae@gmail.com