Enrique Inzunza ya no es senador de Morena y, para el coordinador de sus senadores, Ignacio Mier, con eso basta. El sinaloense no atendió la invitación del movimiento y que —dio a entender Mier— también habría planteado la presidentA, para que solicitara licencia. Eligió otra salida.

Dejó la bancada, pero conservó el escaño y, sobre todo, el fuero.

Algunos de sus ahora excompañeros dijeron que eso “despresuriza” al grupo porque “ya no es senador de Morena” y ya no existe el “compromiso moral” de defenderlo.

¡Fiuuuf, qué alivio!

En términos parlamentarios será un senador sin grupo parlamentario, aunque a Inzunza le parezca más elegante llamarse “independiente”.

Desde el pasado 29 de abril, fiscales estadounidenses acusan a Inzunza, junto con Rubén Rocha Moya y otros funcionarios sinaloenses, de colaborar con el Cártel de Sinaloa para facilitar el tráfico de drogas a cambio de sobornos y protección. Inzunza rechaza los señalamientos, pero cuatro meses después el problema sigue. Morena sólo consiguió sacarlo de su bancada.

Sí, Inzunza se fue de Morena, pero no de la Cuarta Transformación. No renunció al proyecto político, no rompió con Sheinbaum, no anunció una conversión opositora y mucho menos explicó que a partir del primero de septiembre comenzará a votar junto con PAN, el PRI o MC.

Hasta hace unos meses presidía la Comisión de Estudios Legislativos y fue operador jurídico de la mayoría. ¿Ahora ya no cree en las reformas que ayudó a construir? No lo creo.

Inzunza ya desafió a la presidentA al negarse a pedir licencia. Pero una cosa es contrariarla por supervivencia política y otra usar el escaño para impedirle aprobar reformas. Y no parece que Inzunza esté precisamente en una posición como para averiguar cuánto más puede estirar la paciencia del gobierno federal antes de que se rompa. Si tiene alguna duda, puede preguntarle a su antiguo jefe.

Rubén Rocha Moya regresó la semana pasada al gobierno de Sinaloa y necesitó 33 horas para descubrir que nadie preparaba su bienvenida. Sheinbaum calificó su regreso como una imprudencia, Morena, sus gobernadores y aliados cerraron filas con la presidentA y Rocha terminó fuera del palacio de gobierno sinaloense. Todos, TODOS, entendieron el mensaje. Si un gobernador con territorio, estructura y presupuesto descubrió así dónde estaba el límite, ¿qué hace pensar a un senador que para él será distinto? Te lo digo Juan para que me entiendas, Pedro.

Ricardo Monreal reconoció que la salida de Inzunza “debe preocupar” porque complica la mayoría calificada, aunque luego dijo que supone que seguirá “unido a los principios del movimiento”. Morena podrá decir que ya no tiene el “compromiso moral” de defenderlo, pero tampoco tendrá problema en recibir su voto. Si llega una reforma de Sheinbaum y necesitan una mano más para aprobarla, sería extraordinario ver a Ignacio Mier acercarse a pedirle que, por favor, la baje para evitar malas interpretaciones.

Pero antes está el primero de septiembre. Si Inzunza se presenta al Congreso General, su regreso coincidirá con el Segundo Informe de la presidentA Sheinbaum.

Los reporteros estarán esperando entrevistarlo desde que ponga un pie en San Lázaro. Si habla, sus declaraciones competirán inevitablemente por los reflectores del día y, si no habla, también. Mientras Morena y aliados quieran hablar del Informe, habrá micrófonos preguntando por Inzunza. Quién lo saludó, por qué regresó, si pedirá licencia, qué hará con su fuero y, por supuesto, cómo piensa votar.

Por eso no creo que, después de semejante regreso, todavía tenga ganas de comprobar qué ocurre si además empieza a votar contra la Presidenta.

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