Un ataque a fines de febrero y supuestamente breve ha derivado en más de seis meses de guerra regional que ya exhibió la derrota de EU e Israel, impactos regionales y globales. El primer saldo fue una crisis energética, luego el alto contraste de tecnologías militares de alto y bajo costo, después un reacomodo de alianzas y finalmente la crisis del petrodólar.

En el centro de la disputa está el control del Estrecho de Ormuz, por donde transita casi el 20% del petróleo mundial, del que China es primer comprador para Irán. Doble relevancia: controla flujos de petróleo y es llave para debilitar a China. No ha sido raro el subi-baja de los precios internacionales del petróleo, oscilando entre 65 y 127dólares por barril, al cambiar las primas de riesgo de las aseguradoras por fracasos diplomáticos y acciones violentas.

EU e Israel abiertamente pretendían el cambio de régimen iraní, acabar con su enriquecimiento de uranio, destruir su programa de misiles y cortar los lazos entre Irán, Hezbollahy los Hutíes de Yemen. De forma encubierta, buscaban distanciar a Irán de China y Rusia. Nada de eso se consiguió. Al contrario, se consolidó una alianza estratégica entre Irán, Rusia, China y Corea del Norte.

Irán buscó asentar el control de Ormuz y golpear la infraestructura militar de EU en países del Golfo Pérsico (Qatar, Kuwait, Bahréin, Jordania, Arabia Saudi y Emiratos Árabes Unidos). El asesinato del líder iraní, Alí Jamenei, ni cambió ni paralizó al régimen, su programa nuclear sólo se pospuso y la acción misilística sigue imparable incluyendo el territorio de Israel, ahora devastadas Tel Aviv y Haifa, claves económicas de Israel. Ormuz sigue en manos de Irán.

A fines de agosto, un acuerdo entre Arabia Saudí y Canadá, para fijar el precio del petróleo fuera del sistema del dólar, basándose en una canasta de monedas que incluye al yuan, pero no al dólar, trajo la virtual ruptura del sistema del petrodólar (ya se quieren sumar al acuerdo los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Nigeria), agravando las contradicciones EU-Canadá.

Cuando EU relanzó las sanciones económicas contra Irán, la economía global había dado un giro de largo plazo: el declive del dólar como reserva internacional y la recomposición del comercio desde América del Norte, al anunciarse el peligroso aumento del costo de la deuda norteamericana (cuyo total rebasó los 40 millones de millones de dólares), lo cual topa con los límites estructurales de su desempeño económico por pérdida de credibilidad, por eso la FED tuvo que comprar parte importante de la última emisión de Bonos del Tesoro.

Otro saldo global es el vuelco militar, pues hemos pasado de una crisis energética a una crisis militar dada la inutilidad de la costosa supremacía naval ante los bajos costos de la tecnología hipersónica (Shahed-136 sólo 20 mil dólares vs SM Interceptor que cuesta 20 millones); llegamos a un problema monetario-financiero con el petrodólar y pronto entraremos en el terreno de una crisis fiscal de impacto mundial, claramente recesivo.

Así vivimos un cambio económico estructural a escala global, por eso hay que relanzar con profundidad alternativas que se puedan construir, olvidándose de simples acomodos pasivos a las nuevas circunstancias. Una tormenta social global, exacerbada por décadas de neoliberalismo, anticipa explosión de grandes demandas populares insatisfechas. Los tiempos están cambiando.

Estudioso de los Procesos de Integración en la Economía Internacional e integrante del Centro de Análisis de la Coyuntura Económica, Política y Social (CACEPS). caceps@gmail.com

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