En 2013 el director y guionista James deMonaco estrenó The Purge (Estados Unidos, Francia), una cinta que plantea un futuro distópico donde la violencia está prohibida en Estados Unidos excepto un día al año, un día donde toda la población podría matar a quien quisiera sin consecuencia alguna. El guion de deMonaco era una violentísima sátira que ponía en evidencia la obsesión de los norteamericanos con el uso de armas y su hambre de destrucción a todo lo que suena a otredad (léase, a la gente no blanca).
Ahora, el guionista Travis Braun (prolífico escritor gringo cuya filmografía está compuesta de varias películas infantiles, nada populares) retoma la misma idea de The Purge, pero en vez de violencia ahora se trata de sexo.
En One Night Only (Estados Unidos, 2026) el congreso de Estados Unidos ha prohibido tener sexo fuera del matrimonio, todo acto sexual premarital está prohibido excepto un día donde todos los solteros tienen permiso para tener sexo donde sea, y con quien sea, excepto claro, estén casados.
En pocas y breves escenas vemos cómo es que el gobierno justifica tamaña decisión: los embarazos no deseados han disminuido, las violaciones igual, y del embarazo adolescente ni se diga, amén que las enfermedades venéreas prácticamente han desaparecido.
¿Y cómo hace el gobierno para saber quien viola esta ley? Resulta que todo mundo tiene un sensor en la muñeca que prende en color verde si puede tener relaciones y en rojo si no.
La premisa de esta película resulta tremendamente interesante y plantea muchísimas preguntas, el gran problema es que ni el director Will Gluck ni el ya mencionado guionista Travis Braun hacen nada con esta premisa.
En One Night Only conocemos a Allie (interpretada por la hermosísima Mónica Barbaro), una joven que llega soltera al día donde todos pueden tener sexo, pero no cree tener buena suerte encontrando un ligue. Ya en el pasado incluso se ha enamorado pero la terminan ghosteando. Por otra parte tenemos a Owen (el ahora esposo de Dua Lipa, el insípido Callum Turner) quien está por entregarle el anillo a su novia pero ella le anuncia que ha decidido que tendrá sexo con un vecino que le gusta.
Así, Allie y Owen deben ser los únicos deprimidos en este día donde literalmente, todo mundo está teniendo sexo alrededor de ellos: en las calles, en los autos, en los restaurantes, en los aparadores y en cientos de departamentos que -para beneficio de la trama- al parecer nunca nadie cierra las cortinas.
Como indica el manual de las comedias románticas, Allie y Owen se terminarán conociendo, pero como todavía falta como una hora de película, nuestra pareja se encontrará y se distanciará varias veces en la misma noche. La comedia radica en que si bien ambos quieren tener sexo, por una y otra razón siguen fracasando y se siguen reencontrando mientras el reloj sigue caminando: cada vez hay menos horas para poder entregarse a los placeres del fornicio.
La química entre Mónica Barbaro y el esposo de Dua Lipa es innegable, hay momentos muy graciosos en la película, el ritmo es impecable, pero, rumbo al final, se confirman las sospechas que teníamos durante toda la cinta: esta es una película dolorosamente puritana, terriblemente mocha, desesperadamente mojigata y santurrona, al grado que no dudaría que un grupo como Pro-Vida la recomendara.
La película desperdicia todas y cada una de las oportunidades que tiene para hablar sobre el fascismo inherente en esa política de “no sexo antes del matrimonio”: no dice nada sobre la represión sexual, sobre el derecho al gozo, sobre la censura de estado, sobre los gobiernos mojigatos y el control que quieren ejercer sobre la sociedad. Y aunque se ven carteles de un movimiento que se opone a estas políticas la mayoría de la población no dice nada al respecto: todo mundo está muy ocupado decidiendo con quien tener sexo.
¡AH!, pero eso, a no ser porque sale la madre de Owen teniendo sexo con otro viejito de su edad, pareciera que la ley incluye que encierren ese día a los feos, a los gordos y a los viejos: Nueva York toda se llena de gente joven, atractiva y ellas en particular con vestidos ultra sexys y cortos.
Ese impasse colectivo es lo que hace de esta cinta un verdadero horror. Y es que la conclusión final de la pareja protagonista es que el sexo parece ser un impedimento para conocer el verdadero amor, que la castidad genera enamoramiento y que esperar hasta el matrimonio es lo mejor que puede suceder. El fascismo, según esta película, es la mejor casamentera.
Qué porquería.
Sólo me queda citar al gran Woody Allen cuando dijo: «El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores».
Y estoy totalmente de acuerdo.
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