El Juicio, la nueva serie de Prime Video protagonizada por Eugenio Derbez, no debe entenderse como una serie sobre una violación, no debería entenderse tampoco como una serie sobre el juicio del título. Esta es una serie sobre la impunidad nuestra de cada día y las muchas formas en que esta se ejerce.
Desde los policías que dejan hacer y pasar cualquier delito a los ricos y a sus hijos, desde los colegios donde estos juniors son intocables, hasta la autocensura misma a la que la sociedad se somete, y que en aras de “no meterse en problemas” decide no denunciar los abusos de esta poderosa elite, auténticamente intocable.
La serie es la crónica de un encontronazo entre dos Méxicos y un Estado donde ambos conviven: por un lado los del poder económico, lleno de privilegios, capaces de arreglar todo con dinero, incluso la compra de voluntades, por el otro una clase trabajadora, que lucha por mejorar sus condiciones, que estudia creyendo que es posible una movilidad social, y en medio de ambos un estado inepto, insensible y claramente corrupto, que nunca cumple su papel de fiel de la balanza. Los dados estarán siempre cargados a favor del poderoso.
La historia inicia en 2014, en Puebla, México. Miguel (Derbez) es un padre de familia viudo, con problemas económicos, con ideas de negocio (tiene una flotilla de Ubers), pero que lucha por cada centavo. Miguel tiene una hija, Andrea (Karla Gaitán, toda una revelación), y a pesar de que su situación económica no es la mejor, Andrea va a una preparatoria privada. Miguel quiere lo mejor para su hija.
Por su parte, Andrea es una adolescente feliz: de opiniones fuertes, alegre, que le gusta ir de fiesta, pero marcada por su nivel socioeconómico en un lugar donde el dinero no es problema para ninguno, excepto para ella.
En una fiesta a la que acuden todos los compañeros de la escuela, Andrea es asaltada sexualmente. Su comportamiento cambia, y pasan muchos días antes de que ella le cuente a su padre lo ocurrido.
El primer impulso de Miguel es hablar la situación con el padre del agresor (Pedro Alonso), un poderoso empresario de raíces españolas quien -como todo problema en su vida- intenta arreglar el asunto con dinero. Pero Miguel es de esos personajes que si bien están faltos de recursos económicos, les es más apremiante tener justicia.
El segundo impulso es denunciar, pero tanto Miguel como su hija se topan con el Estado mexicano: indolente, burocrático, con jueces elegidos por acordeón y que revictimizan a una Andrea que no está dispuesta a que le hagan más exámenes físicos en condiciones infrahumanas y sin sentido alguno. “Así es el procedimiento”.
Luego de pensárselo, el tercer impulso será la guerra mediática, atacar al agresor en lo que más le duele: su reputación. Pero ello sólo derivará en una guerra entre dos bandos dispares y con un árbitro que siempre se decanta por quien tenga más dinero.
Dirigida por la triada de Roberto Sneider (Arráncame la vida,Me estás matando Susana), Jorge Michel Grau (Somos lo que hay) y Belén Macías (Verano en rojo), bajo un guión de Daniel Krauze (México 86, Luis Miguel la Serie) y una investigación periodística de su hermano, León Krauze, la serie tiene su mayor éxito en mostrar la impunidad que ejercen las clases altas en este país.
Si bien la trama nos recuerda al infame caso de “Los Porkys”, donde cuatro juniors de familias adineradas y con conexiones políticas violaron a una menor. A pesar de que el padre denunció de inmediato los hechos, las autoridades locales de Veracruz congelaron el caso poco más de un año. Esto provocó la indignación colectiva que se convirtió en un movimiento en las calles y en las redes para exigir justicia.
El de “Los Porkys” fue el caso más sonado, pero como ese hay decenas de casos en México con un común denominador: casi siempre son jóvenes hijos de poderosos empresarios o políticos, que operan con total impunidad gracias al poder de “papi”, y a que las autoridades prefieren dejarse sobornar en aras de “no meterse en problemas”.
Filmada principalmente en locaciones de Puebla, la serie por momentos coquetea en tono al de las telenovelas más típicas, principalmente debido a un fondo musical artificioso y manipulador que dicta emociones al espectador.
El guión de Krauze recurre a varios flashbacks que nos muestran la vida de junior del agresor, y la vida feliz de la víctima antes del atentado.
Y es justo ahí donde aparece el aspecto brillante de la serie: la actuación de Karla Gaytán cómo Andrea. Con experiencia previa en series y telenovelas, a la joven Gaytán se le presenta el reto de interpretar a un personaje en principio alegre aunque de actitudes y opiniones fuertes, para después representar a esta víctima, claramente afectada, que no parece saber cómo recuperar su paz, y que es juzgada simplemente por ser una mujer que ejerce su sexualidad en un mundo (y supongo de ahí que todo suceda en Puebla) donde una mujer libre es sinónimo de “se lo buscó”.
Por más que Derbez sea el peso pesado, y que su antagonista sea interpretado por el mismísimo Pedro Alonso (Berlín en La Casa de Papel) -con la presencia de finos actores mexicanos como Luisa Huertas, Leandro Alonso y Héctor Jimenez-, la serie camina gracias a Karla Gaytán, cuyo personaje nos duele y nos contagia por el coraje de ser juzgada simplemente por haber ido a una fiesta, ser juzgada por beber en una fiesta, ser juzgada por tomarse fotos desnuda. Ser juzgada, simple y llanamente, por ser mujer.
El retrato está ahí. El sistema de justicia mexicano está podrido, pero duele aún más cuando ese sistema se muestra indolente, machista, que prefiere dejar a sus hijas a merced de los depredadores y mejor proteger al millonario agresor. “Ellas se lo buscaron”.
El Juicio se puede ver en Prime Video.
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