Los jóvenes que ingresan a la educación superior se enfrentan a una realidad brutalmente distintaa la que vivieron en la educación básica, sobre todo si son egresados de la educación pública. Cuando llegan a las aulas universitarias demuestran su verdadera condición, marcada por una endeble formación previa.

Esta deficiencia estructural se refleja fielmente en los paupérrimos resultados de México en las pruebas PISA de la OCDE,en donde el país constantemente queda mal rankeado, con apenas el 30% de los estudiantes alcanzando el nivel mínimo en matemáticas, frente al 65% del promedio de la OCDE,además de arrastrar un grave rezago en comprensión lectora y ciencias.

Este abismo formativo choca drásticamente con las exigencias de la educación superior, desnudando cómo el abandono institucional de la infancia cobra factura en las aulas a nivel superior. Desde la perspectiva de la comunicación estratégica y la gestión de intangibles, estos datos no son simples estadísticas escolares;representan un golpe demoledor a la marca país. La reputación global de una nación se edifica sobre su capital humano y su capacidad técnica. Proyectar un sistema educativo colapsado daña la confianza internacional, debilita la competitividad y resta atractivo frente a oportunidades clave como la atracción de inversiones.

Frente a esta crisis de percepción exterior, el prestigio nacional se sostiene de forma casi milagrosa sobre nichos muy específicos de excelencia. Carreras como Medicina, algunas Ingenierías y Derecho, operan como auténticos pilares de resistencia y vanguardia.

En la carrera de Derecho de la UNAM, por ejemplo, vemos en la plataforma MisProfesores.com, un espacio en donde los alumnos califican a los maestros según sus métodos de enseñanza y su capacidad de explicar en clases.

Este modelo de evaluación es una práctica internacional que encontramos en prácticamente todas la universidades y nivel bachillerato de Estados Unidos en donde los alumnos evalúan el dominio de la materia, la claridad pedagógica y la accesibilidad del profesor. Estos resultados son determinantes para la retención, el ascenso o la asignación de cátedras.

El mismo método se usa en Canadá, Reino Unido, España, Francia, Alemania, Chile, Colombia, Argentina y en varias universidades públicas y privadas de México como el Tecnológico de Monterrey. Estas evaluaciones de satisfacción docente están vinculadas a programas de incentivación económica y evaluación de la calidad del profesorado.

Si desde la primaria se implementaran procesos de comunicación y evaluación de los mejores profesores por medio de evaluaciones de los alumnos, otro modelo de educación tendríamos y eso daría pie a capacitar a quienes no tengan un buen nivel en su evaluación.

Esto por ejemplo y siguiendo con el modelo de clasificación en la Facultad de Derecho de la UNAM, permite que las evaluaciones de los docentes que saben comunicar bien sus conocimientos y que obtienen una buena calificación, destaquen por sus conocimientos, retomo como ejemplo la evaluación que detecté de la Maestra María de Lourdes Ojeda Serrano, quien entre 82 académicos de esa Facultad destaca por ser la única con una evaluación de 9.0 y un 87% de recomendación.

Si los métodos de comunicación para destacar a los mejores profesores y profesoras de todo nuestro sistema educativo, nos permitieran exponer a los de excelencia y que los no bien evaluados fueran considerados para capacitarlos, mejorarían los métodos de enseñanza y selección del personal docente yal final serían bien referidos, para beneficio de la educación mexicana, como lo hacen los estudiantes con la Maestra Ojeda Serrano.

Como señalan diversos teóricos de la comunicación educativa y la gestión del conocimiento, entre ellos Everett Rogers en su teoría sobre la difusión de innovaciones, y los análisis contemporáneos de la UNESCO sobre comunicación institucional y buenas prácticas pedagógicas, visibilizar y replicar casos de éxito docente es un imperativo estratégico para transformar la percepción pública de los sistemas de enseñanza.

Autores como Michael Fullan y Andy Hargreaves respaldan que la rendición de cuentas transparente y la comunicación de prácticas educativas sobresalientes no solo elevan el desempeño escolar, sino que reconstruyen la confianza social en las instituciones públicas.

En un entorno global en donde México arrastra el estigma de los reprobatorios resultados de la prueba PISA, la verdadera redención del país no vendrá del discurso oficial, sino del rigor de sus aulas universitarias para no dejar egresar a quienes no se esfuercen. Es momento de que reconsideremos la forma de valorar nuestra educación pública, explorar la posibilidad de implementar el proceso de evaluación de profesores en la educación pública del país y hacer de la marca país, un proceso de comunicación que nos haga reposicionarnos no por la narrativa, sino por la combinación del discurso con hechos verificables.

Socio fundador de REDCE Comunicación, especialista en Relaciones Públicas y Crisis de Comunicación.