La mentira se hizo costumbre en los gobiernos de la transformación. Con López Obrador se normalizó la ausencia de verdad entre la clase política gobernante y, ahora, en el segundo piso, no ha sido diferente. En su segundo informe, la presidenta Claudia Sheinbaum mostró que no tiene intención alguna de hablar con franqueza, menos de reconocer que resulta prácticamente imposible señalar algún logro de su gobierno en materia de política pública.
Para muestra, varios botones. Empecemos con el tema de la salud.
Quizás algunas de las palabras que más indignación provocaron fueron: “Ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos”. La presidenta las pronunció de manera tajante, como si el simple hecho de decirlas cambiara la realidad de miles de pacientes que pueden acreditar que lo dicho es mentira.
¿Claudia Sheinbaum se habrá detenido, en algún momento, a pensar qué pasaría por la mente de los padres, madres o familiares de pacientes que perdieron la vida víctimas de esta lamentable enfermedad y que vivieron en carne propia la escasez de medicamentos y la falta de atención médica en el sector público? Podría asegurar que no. Me parece que la mandataria ha bloqueado deliberadamente su parte humana porque, de otra manera, no se atrevería a decir esas falsedades.
En la lectura de su mensaje también describió un sistema de salud ideal: la Dinamarca que solo existe en su imaginación o quizá cerca del rancho “La Chingada”, donde habita su mentor político. La presidenta habló de 33 hospitales nuevos, 11 unidades de medicina familiar, 36 centros de salud y consultorios, así como de 650 quirófanos modernizados. También presumió la distribución de 2 mil millones de piezas médicas, más de 23 millones de visitas del programa Salud Casa por Casa y la implementación de más de 12 mil consultorios para fortalecer la atención primaria.
Para empezar, no hay una base de datos pública nacional que permita confirmar esas cifras con detalle: no existen inventarios por hospital, medicamento y fecha. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) reportó que el gasto en salud para 2026, aunque es 5.9 % mayor que en 2025, resulta 4.7 % menor que el ejercido en 2024. Lo que equivale apenas al 2.6 % del PIB, lejos del 6 % sugerido internacionalmente.
La verdad es que vamos de ocurrencia en ocurrencia. Pasamos de la “megafarmacia de López Obrador”, un complejo de bodegas de 40 mil metros cuadrados en Huehuetoca, Estado de México, donde, según el gobierno, “habría todas las medicinas del mundo”, a los “estanquillos del segundo piso”, que hasta la fecha no están operando, pese a que su puesta en marcha se informó como un hecho consumado.
Para los morenistas, gobernar significa elegir qué cifra se pronuncia y cuál se esconde. Nadie reclama que en un informe se destaquen avances, pero estos deberían sustentarse en la verdad. Con los morenistas, en cambio, se pretende convertir la simple palabra en certificado de la realidad.
No basta inaugurar consultorios si faltan personal, insumos y atención oportuna. La infraestructura sin operación efectiva es sólo escenografía pagada con recursos públicos.
En el marco de esta realidad alterada, vale la pena recordar la evolución del discurso y la acción morenistas en materia de salud. Pasamos de la destrucción del Seguro Popular a la creación del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que desapareció en 2023 entre señalamientos de irregularidades por cerca de 200 mil millones de pesos, según reportes de la propia Auditoría Superior de la Federación (ASF). Después, todo se centró en el IMSS-Bienestar, que ya ha evidenciado sus enormes deficiencias.
Ahora, mientras en Palacio Nacional se presume la conformación del Sistema Universal de Salud, cientos de denuncias públicas describen las malas condiciones de la infraestructura, la falta de insumos básicos y la manera en que el personal sanitario debe hacer malabares para cumplir con una responsabilidad en la que el gobierno también lo abandonó. Pero eso no es todo: también nos enteramos de que Carlos Ulloa, director de Birmex —la empresa gubernamental encargada de comprar, almacenar y distribuir medicamentos e insumos médicos para el sector público en todo el país—, estrenó dos departamentos pagados de contado, con un costo de 22 millones de pesos.
El segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que la salud no se atiende con discursos ni los medicamentos aparecen por decreto. Un gobierno puede maquillar cifras, ocultar fracasos y repetir, desde Palacio Nacional, una mentira tras otra; lo que no puede esconder es la ausencia de medicinas, la desesperación de las familias y las vidas perdidas. Hechos que perseguirán para siempre a quienes, pudiendo cambiar la realidad del país, optaron por el lucro electoral que los mantiene en el poder.
Activista política
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