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La señora Mayra de la Rosa, quien trabajaba como mesera en un restaurante playero de Acapulco perdió todo. A las 11 de la noche los vientos de 270 kilómetros del huracán "Otis" literalmente hicieron volar su patrimonio: Techos de lámina, paredes, muebles y aparatos.
Ella vivía en la colonia Barrio Las Crucitas, en una pequeña vivienda encaramada en los cerros del puerto y no tan cerca del mar, pero hasta allá, como a miles de acapulqueños, la encontró Otis y toda la destrucción que provocó.
"Estoy sin nada. Me salvé de morir aplastada por las bardas colapsadas por una gran parota porque unos vecinos me dieron refugio. A empezar de cero de nuevo, hasta ahora no me ha llegado ningún apoyo del gobierno, ni siquiera han venido a ver qué pasó aquí, mucho menos censado. Todo esto va muy lento, no tengo donde vivir", dijo a EL UNIVERSAL con evidente pesar y algunas lágrimas.
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Sin embargo, un antiguo cliente del restaurante donde trabajó por 10 años en la playa Icacos la logró ubicar y viajó a Acapulco para tratar de ayudarla a sacar las pocas pertenencias que se salvaron como un refrigerador y algunas otras cosas.

Abraham Bañuelos, dueño de una empresa de herrería e integrante del Moto Club Nueva Era, junto con su familia viajó a Acapulco para tratar de apoyar a Doña Mayra, "como una forma de agradecer el buen trato que les dio durante vacaciones y festejos" en el restaurante donde trabajaba.
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"Hay que ser agradecidos, solidarios. Si en Acapulco disfrutamos por años fiestas, cumpleaños, bodas, ahora es momento de buscar a todas esas personas que nos sirvieron para ver qué necesitan, si están bien", dijo Abraham.
A bordo de una camioneta subió hasta el Barrio Las Crucitas para llevar despensas a Doña Mayra y sus vecinos, así como ayudarle a rescatar pertenencias y apoyarla económicamente. También repartieron más de 150 paquetes de alimentos, tapas de huevo y botellas de agua a vecinos de varias colonias.
tjm/rmlgv
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