Tapachula, el otro muro

14/02/2020
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Tapachula se convirtió en un complejo nodo migratorio

Tapachula, el otro muro

14/02/2020
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Tapachula, Chiapas
Nantzin Saldaña
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Tapachula.- “Entiendo lo que está pasando en México, sobre Trump y su amenaza. Lo único que pedimos es que nos hablen claro”, dice Maryanis, mujer cubana de ojos cafés y rostro canela, mientras espera sentada en la fila con la esperanza de que Instituto Nacional de Migración (INM) resuelva su estado legal y pueda viajar a la frontera norte. Con un doble muro, el sueño americano se ha convertido en pesadilla.

Junto a ella, hay otros rostros cansados, otras historias detrás de las cifras oficiales, las detenciones arbitrarias y las violaciones a los derechos humanos. Ahí está también André, un joven haitiano que dormía en las calles hasta que, junto con otros 15 connacionales, logró rentar un cuarto.

Cada mañana los 16 extranjeros -seis de ellos niños- salen en grupo del Fraccionamiento Framboyanes a la estación migratoria Siglo XXI. Inician su caminata de seis kilómetros antes del alba, pues de lo contrario un calor penetrante terminará por quemar aún más sus maltratados rostros. Tapachula es una de las ciudades más bochornosas del estado y del país, al medio día el mercurio marca unos 35 grados.

André y sus compañeros esperan lo mismo que Maryanis: un oficio de salida que  regularice su situación migratoria para continuar su camino hacia el norte. Ella ya tiene una cita pactada con las autoridades mexicanas, pero los haitianos aún esperan una.

Este haitiano veinteañero y sus primas, primos y amigos que lo acompañan, ha esperado desde las 5 de la mañana y hasta las 8 de la noche afuera de la estación migratoria. “Llegas cansado a un país como México, un país grande, piensas que vas a encontrar algo mejor y está peor (…) Aquí no te ayudan en nada, ni siquiera te preguntan por algo que te pase”, dice André el amanecer del 12 de junio pasado.

Cruce del Río Suchiate, frontera poroza

El joven ingresó a México por el río Suchiate, días antes de que la Policía Federal y la Guardia Nacional cerraran la frontera, como consecuencia del acuerdo migratorio que México aceptó con Estados Unidos el pasado 7 de junio, ante la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles a las exportaciones. Tras el pacto, fueron desplegados en las fronteras mexicanas cientos de soldados.

De pronto, algo interrumpe la narración de André: personal del INM pide a los cientos de centroamericanos, caribeños y africanos que formen una fila de mujeres, niños y hombres que viajan con menores.

Presurosas las haitianas que entienden español acatan el llamado, les siguen otras con niños en brazos y otros hombres que no entienden el idioma. Agentes federales, con gorras de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) y chalecos con la leyenda “Protección Federal”, custodian que todo ocurra en orden.

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Larga espera en la frontera sur de México. Foto: Benjamín Alfaro.

“Llegas y tienes que pelear para conseguir el número. No sabes qué día vas a entrar, ni qué día vas a salir. Es complicado”, explica André. Éste es el primer día que ve abrirse la reja de la estación. Espera pronto acceder.

Una vez que ingresan, se quedan allí por una semana, luego son trasladados a la Feria Mesoamericana de Tapachula, una extensión de la estación migratoria que el INM abrió en abril pasado, ante el hacinamiento de más de 3 mil personas, cuando su capacidad máxima es de menos de mil. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) urgió a brindar un trato humanitario y digno a estos migrantes.

El hacinamiento en las estaciones migratorias vulnera la dignidad humana, discrimina y pone en riesgo la salud e integridad de las personas. El punto más álgido en los últimos meses fue la muerte de un hombre haitiano dentro de la estación Siglo XXI, luego de que durante toda una noche pidió se le brindara atención médica, pero eso nunca llegó.

En la Feria Mesoamericana los migrantes permanecen alrededor de tres meses hasta lograr obtener el apreciado “salvoconducto”, que les da 20 días para transitar por el país y salir de él. Con éste llegaban a la frontera norte, en su intención por ingresar a los Estados Unidos o dirigirse a Canadá, pero desde junio pasado el documento precisa que deben salir por la frontera sur.

“Mi deseo es una vida mejor, sea en México, en Estados Unidos o donde quiera”, añade André, ante el aumento de restricciones que el gobierno de estadounidense ha establecido para recibirlos.

México ya le ganó a EU

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Padre César Cañaveral, director del Albergue Belén, capacidad desbordada. Foto: Benjamín Alfaro.

Muchos de los migrantes que llegaron al norte con las visas humanitarias –que el gobierno federal entregó hasta febrero pasado, tras el arribo de las caravanas masivas– y cruzaron de forma irregular a EU, ya fueron deportados. Ahora hombres y mujeres están de vuelta en Tapachula sin saber qué hacer, explica el padre César Cañaveral, director del albergue Belén de esta ciudad.

A una gran parte, indica el clérigo, “se les terminó la motivación porque no quieren estar aquí”. Otros más le dicen “queremos seguir hasta donde podamos”. En su experiencia, los migrantes hacen hasta cinco intentos por llegar a EU, pero hoy hay desánimo. La visa humanitaria con vigencia de un año les permite moverse por el país y trabajar legalmente, aunque la mayoría la utilizó solo como salvoconducto para llegar a las puertas del american dream.

En este contexto César Cañaveral refiere que México ya le ganó a Estados Unidos “en poner un muro a los migrantes con el despliegue de la Guardia Nacional en las fronteras”.

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Retén migratorio cerca de Ciudad Hidalgo, Chiapas. Foto: Benjamín Alfaro.

El albergue Belén está abierto a personas en tránsito, deportados y a todo migrante en estado de vulnerabilidad, señala el también responsable de la Dimensión Pastoral de Movilidad Humana de la Diócesis de Tapachula. El refugio tiene capacidad para 130 personas y estancia máxima de tres días, pero ante la llegada masiva de migrantes tuvo que readecuarse.

Ubicado en la colonia San José Cahoacán –al poniente de Tapachula– este sitio ha aumentado su acogida a más de 300 personas, de los que una tercera parte son niños. Los extranjeros se pueden quedar hasta por tres meses, que es el tiempo que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) requiere para resolver sus solicitudes.

Quien llega a este espacio tiene asegurado un techo, alimentos, atención médica y actividades culturales. Hombres y mujeres sobreviven de forma estoica, pues no recibe apoyo alguno del gobierno, ni monetario, ni legal ni humanitario. Viven de la caridad y a diario piden a organizaciones de la sociedad civil donaciones de más de 30 kilos de tortilla, así como entre 40 y 50 kilos de arroz y frijol.

El gobierno federal ha gastado 483.4 millones de pesos mensuales en los salarios de 25 mil 441 efectivos, sin considerar manutención y alojamiento, a los que no se capacitó en materia de Derechos Humanos para atender a personas migrantes y sujetas de protección internacional, señala la organización humanitaria Sin Fronteras.

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, señaló que México ha bloqueado a 35 mil solicitantes de asilo en sus fronteras en lo que va de 2019, colocándolos en mayor riesgo de violación a sus garantías. Se dijo alarmada porque menores sigan recluidos en las estaciones migratorias del país.

Discriminación y desinformación

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Vivir la discriminación a flor de piel: Milton. Foto: Benjamin Alfaro.

Milton es un joven hondureño de 19 años y miembro de la comunidad LGBTTTIQ+, asegura que dentro de la estación migratoria se vive discriminación, vejaciones y acoso de las autoridades.

Tras realizar su solicitud de refugiado en Tapachula, él y su pareja de 21 años fueron detenidos en el punto de revisión carretero del municipio de Arriaga, cuando intentaban llegar a Tuxtla Gutiérrez, capital del estado, a visitar a un amigo. Entendieron que una vez iniciado el trámite podían movilizarse por todo Chiapas.

De piel morena, cejas delineadas y cabello teñido de rubio, Milton asegura que los agentes de migración rompieron sus papeles, entre ellos la Clave Única de Refugiado (CUR) provisional y fueron enviados a la estación Siglo XXI por 15 días. Un oficial les dijo que no los dejaría salir de allí.

“Vivimos discriminación a flor de piel. Violencia por parte de los jefes de Migración, nos tiraban gases lacrimógenos”, narra.

Revestido con cadenas anillos y un reloj, el joven recuerda que a veces les daban comida caduca y cuando alguien enfermaba, era difícil acceder al médico. También había tráfico de productos que operaban los propios agentes del INM: una cajetilla de cigarros costaba hasta 500 pesos. “Son ellos los que rompen las leyes y los derechos que tenemos”, dice.

Milton y su compañero llevan cinco meses y no han sido suficientes para tener una respuesta a su solicitud de refugio por parte de la Comar.

Para Enrique Vidal, abogado del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, la detención migratoria es la principal amenaza para que los migrantes gocen de un Estado de Derecho en nuestro país, pues al no estar reconocida como una privación de libertad, carece de garantías mínimas como el acceso a realizar una llamada, obtener información o acceder a un traductor. “Constituye un estado de excepción en lugar de un Estado de Derecho”, afirma.

La Comar, ubicada a unas cuadras del parque central de Tapachula, también está desbordada ante el aumento vertiginoso de las solicitudes que ha recibido este año. De enero a agosto recibió 48 mil 254 solicitudes, un crecimiento de más del 200% respecto al año previo, que en el mismo periodo sumó 14 mil 562 peticiones.

Saturación y discriminación, la constante en las estaciones migratorias.
 
Estos hechos reflejan la debilidad del Estado de Derecho en Chiapas y de cómo la discriminación lo ha golpeado aún más. En el Índice de Estado de Derecho en México 2019-2020, del World Justice Project (WJP), el estado obtuvo un puntaje de 0.38, en una escala del 0 al 1, donde 1 significa un mayor apego al Estado de Derecho, lo que lo coloca en el lugar 23 de las 32 entidades del país. Este puntaje es más bajo que el 0.39 que obtuvo en la versión anterior del Índice, lo que lo hizo caer de la posición número 14, en la que se ubicó en ese entonces.

La entidad es la segunda peor evaluada en la dimensión que mide la protección efectiva de los derechos humanos, con un puntaje de 0.46. De hecho, Chiapas también se ubica en el penúltimo lugar en el indicador que mide la ausencia de discriminación, con un puntaje de 0.35, desde el 0.36 que obtuvo en la edición anterior de esta herramienta.

De entre los niños, hombres y mujeres aparece Maryanis de nuevo. Ella, una migrante cubana y socióloga de profesión, asegura que el problema mayor que enfrentan las personas migrantes es la falta de información, y los cubanos, además, discriminación.

Ella pidió en la Comar su constancia de reconocimiento de la condición de refugiado el mismo día que llegó a territorio mexicano por el puente fronterizo Talismán-El Carmen, el 10 de abril, pero el trámite de 45 días para tener respuesta sobre su visa humanitaria demoró porque el INM cerró hasta inicios de mayo. Tras ocho firmas, aún no obtiene respuesta, cuando para otras nacionalidades el proceso es más corto, denuncia.

“Si por lo menos te pusieran un letrero o cuando llegaras te informaran o te dijeran: ‘para los cubanos no hay nada’”, reclama.

Ana Saiz Valenzuela es la directora general de Sin Fronteras, organización de la sociedad civil laica y sin fines de lucro que desde 1995 se dedica a promover, proteger y defender los derechos humanos de personas migrantes, explica que por ley se debe informar a los migrantes y darles acceso a utilizar cualquier vía de regularización migratoria, pero no se están haciendo, por el contrario, hay capturas y deportaciones exprés.

Con ello, México está violando acuerdos internacionales como el Pacto Mundial de Migración, la Convención de Derechos Civiles y Políticos, la Convención de Trabajadores Migratorios y sus familias, la Convención contra la Tortura.

Saiz Valenzuela refiere que en aunque hubo un cambio de discurso a inicios del actual gobierno, sobre una política de puertas abiertas, en los hechos las detenciones y deportaciones aumentaron. “El parteaguas lo dio la amenaza de Trump.”

Y lo ratifica la asignación en el Presupuesto para 2020, que para el INM –la autoridad que hace las detenciones– prevé mil 487 millones de pesos, mientras que la Comar, encargada de la protección y el derecho al asilo, sólo pasará de 20 a 27 millones de pesos, según se desprende del proyecto remitido por la Secretaría de Hacienda a la Cámara de Diputados.

Una lucha estigmatizada

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Irineo Mújica, tras recuperar su libertad. Foto: Benjamín Alfaro.

Para Irineo Mujica, director de Pueblo sin Fronteras, la criminalización contra migrantes y sus defensores ha alcanzado niveles no vistos.

“Si no hubiera sido por las fotografías que tomamos, por la gente del pueblo que nos vio, hubiera terminado en la cárcel 25 años (…) la fabricación de delitos en Chiapas es algo preocupante”, asegura horas después de ser liberado junto con Cristóbal Sánchez, activista de Cultura Migrante.

A ambos se les acusó de tráfico de personas. Fueron detenidos el 5 de junio en Sonoyta, Sonora, y trasladados a la frontera sur, en el contexto de la firma del acuerdo migratorio EU-México del 7 de junio.

La organización Assylum Access Mexico, fundada en 2015, con presencia en Ciudad de México, Palenque, Acayucan, Tenosique y Villahermosa, es parte de la red global Assylum Access que trabaja en mejorar el debido proceso y el acceso a la justicia para los refugiados que buscan asilo. Pidió medidas cautelares a la CNDH e interpuso un amparo indirecto contra ataques a la libertad personal y amenazas e intimidación a su personal.

Para Ana Saiz en México se vive una violación a los derechos humanos a migrantes, activistas y albergues. “Una de las situaciones más graves que hemos vivido, no solo para las personas migrantes, sino quien busca defenderlos. Hay intimidación.”

Así, en México, la espera por alcanzar el sueño americano ya no se cuenta en kilómetros sino en horas. En librar los 66 inmuebles que el INM tiene a lo largo y ancho del país y que son estaciones migratorias.

Acerca del autor:
Nantzin Saldaña. Periodista por la Carlos Septién García con diplomado de periodismo de investigación por el CIDE. Reportera y editora en diversos diarios, semanarios, radio y TV. Coautora de los libros 19 edificios como 19 heridas y Tu y yo coincidimos en la noche terrible. @tanggerine

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