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Teotihuacán, Méx.— Ha pasado una semana del tiroteo en la Pirámide de la Luna, en la Zona Arqueológica de Teotihuacán (ZAT), cuando Julio César Jasso, un hombre de 27 años, subió hasta la plataforma superior y abrió fuego contra los turistas y mató a una canadiense e hirió a otros 13 para después quitarse la vida, y el recuerdo está fresco en la memoria de muchos visitantes.
“Nos da un poco de temor venir, pero nos enteramos de que las autoridades ya reforzaron la seguridad y nos da más tranquilidad. Veo mucha seguridad", dijo Xiomara Calderón, originaria de Colombia.
“A todos los mexicanos nos impactó porque nunca había ocurrido algo así, nos cayó de sorpresa, pero esperamos que ahora con todas las medidas de seguridad que se están tomando no vuelva a pasar algo similar", comentó Nayeli, visitante de Sonora, quien acude al sitio por primera vez.
“Me parecen bien las medidas de seguridad, un poco desorganizada en la entrada, pero bien, y sí se siente más seguridad que antes. Estoy un poco sorprendido de que hayan abierto de nuevo, pero estoy agradecido por estar aquí y fue una lástima lo que pasó. Ahorita nos hemos sentido seguros de estar aquí”, relató Alexis, procedente de San Diego, California.
El eco de los disparos aún está presente en muchos de quienes regresan ahora al sitio. La zona volvió a abrir sus puertas y los visitantes nacionales y extranjeros suben otra vez a la Pirámide de la Luna.
La mayoría se detiene en el mismo lugar donde ocurrió la balacera. No pronuncian grandes discursos ni buscan consuelo en frases hechas. Sólo miran el suelo, tocan las piedras calientes por el sol y dejan que el recuerdo les apriete el pecho.
Una pareja de la Ciudad de México, que subió con sus dos hijos, confesó en voz baja que el miedo les acompaña. “Subimos porque Teotihuacán forma parte de nosotros, pero cada escalón nos trae de vuelta las imágenes que vimos en las noticias”, dijo él, mientras su esposa vigilaba de reojo a los niños.
No exagera. El pánico de aquella mañana —los gritos, el correr desbocado, el silencio súbito que siguió— se quedó grabado en la mente de quienes lo vivieron y de quienes lo vieron desde lejos.
Otros visitantes de California, quienes llegaron la mañana de ayer, admiten sin rodeos que dudaron hasta el último momento. “Venimos de lejos para tocar esta historia antigua y nos encontramos con que la violencia moderna nos alcanzó”, comentó uno de ellos en un español pausado.
Aun así subieron. Y al llegar arriba respiraron con alivio al ver el cambio tangible: más elementos de la Guardia Nacional y de la Policía Auxiliar de la Ciudad de México.
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