La capital está herida y la tragedia, muy lejos de concluir

En algunas zonas será más difícil regresar a la normalidad
Diversos establecimientos tuvieron una escasa o nula afluencia de comensales, en el domingo posterior al sismo de 7.1 Richter. (IRVIN OLIVARES. EL UNIVERSAL)
25/09/2017
01:06
Misael Zavala
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La Ciudad de México contiene aún el aliento a cinco días del sismo del 19 de septiembre. El paseo dominical se convirtió en un recorrido estremecedor, guiado por cintas de seguridad que advierte daños en inmuebles, algunos colapsados y otros en riesgo de caer.

El andar en la Ciudad de México no fue el mismo en este primer domingo después del terremoto. En las calles, pocas familias intentaron continuar con sus habituales paseos, pero el ambiente es distinto, más silencioso y triste, en una de las ciudades del mundo con más vida.

El caprichoso clima no ayuda. Algunas gotas de lluvia caen durante el día y esos restaurantes en los que se solía desayunar en la colonia Roma, cerraron sus puertas. El riesgo de colapso de un edificio, seriamente golpeado, en la calle de Génova, ha obligado a acordonar toda una manzana y el temor detuvo el flujo, tanto de capitalinos como de turistas.

Mientras algunos siguen las labores de rescate, otros salvan todo lo que pueden en sus edificios severamente dañados. A pesar del riesgo, suben escaleras destrozadas y se atreven a bajar muebles pesados, sin protección alguna.

En la colonia Doctores, en el centro, familias buscan desesperadamente rescatar sus pertenencias que quedaron atrapadas en un edificio de 14 pisos. Justo en la esquina de Doctor Navarro y Doctor Lucio, las familias se atreven a subir las escaleras quebradas, pues el edificio conocido como Osa Mayor quedó ligeramente inclinado y con daños irreparables.

Algunas paredes permanecen colgando de los pisos altos. Entre vidrios que todavía caen del edificio, Carlos, dueño de un departamento, narra que han sido víctimas de saqueos y los vecinos decidieron sacarlo todo bajo su propio riesgo.

Desde la parte inferior se observa, a través de las paredes derrumbadas, cómo los vecinos sacan sus pertenencias, bajan las escaleras y las colocan en la calle. Ahí, quedaron muebles, televisores, colchones y hasta un burro de planchar que fue rescatado.

Otros aventurados que sacaron ya sus pertenecías fueron los que habitan el edificio dañado de Xola y Narvarte. Mudanzas llegaron al lugar acompañadas de los habitantes del inmueble para recuperar lo poco que quedó.

A escasos siete kilómetros, en Tlatelolco, los edificios aguantaron históricamente los dos sismos: el de 1985 y del pasado 19 de septiembre. Sin embargo, la falta de agua ha hecho ya estragos, pues los vecinos reportan que desde el martes se les cortó el suministro. En la zona sólo se reportó la caída de marquesinas.

Más allá, en los kilómetros y kilómetros de vías, las cintas de seguridad marcan los daños. En la calzada Miramontes, al sur de la ciudad, las familias afectadas han puesto un campamento puesto que uno de sus edificios colapsó, además, el efecto domino hizo que otros multifamiliares se vieran afectados.

Amaury, un joven que vive con su madre en esos edificios, narra que el día del sismo llegó por la tarde con la sorpresa de que su departamento había sido afectado. A pesar del riesgo, se atrevió a entrar al inmuebñe en ruinas para rescatar a su perro, que aún estaba encerrado.

Hoy, muchas personas retomarán su vida cotidiana en la ciudad que nunca descansa y que ha quedado herida. La cinta de seguridad se mantiene ahí, en los edificios colapsados, recordando que la tragedia está a mucho de concluir.

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