San Pascual Bailón, El Cadejo y El Sombrerón: leyendas zoques en Chiapas

Un jinete muerto que vuelve para conquistar mujeres, un carro que recoge las almas de los difuntos por donde pasa y un perro que ahuyenta a trasnochadores son las leyendas de Día de Muertos

San Pascual Bailón, El Cadejo y El Sombrerón: leyendas zoques en Chiapas
Foto: Especial
Nación 01/11/2020 19:12 Oscar Gutiérrez / Corresponsal Chiapas Actualizada 20:36
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Tuxtla Guitiérrez, Chis.- En el Día de Muertos, las leyendas del pueblo zoque en esta región del Centro de Chiapas recorren el imaginario popular. Personajes, relatos y algunos santuarios refuerzan las tradiciones ancestrales.

Los productores y vendedores de cempasúchil, o flor de muertos, complementan los ceremoniales que festejan la vida con la evocación a los muertos. El cempaxóchitl, con su resplandor amarillo, simboliza el retorno de las almas, afirmó Cecilio, cultivador de la flor en Chiapa de Corzo.

El oficio de 35 años le llegó por herencia paterna y lo mantiene durante la crisis de la pandemia.

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La secuela mortal y los riesgos de la pandemia de Covid-19 no desplazan las celebraciones conmemorativas del Día de Muertos y Fieles Difuntos, que son acompañados del acervo legendario con la fuerza de la oralidad y los rituales.

En la víspera de Día de Muertos y durante algunos días más "El Carretón de San Pascual Bailón" "recorre" algunas calles del barrio que lleva su nombre, en el centro de Tuxtla Gutiérrez.

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Los crujidos del vehículo espectral en su tránsito después de la medianoche es alertado por ladridos de perros. Son pocas las personas que perciben su paso, un andar que "anuncia la muerte de alguien por donde cruza".

San Pascual es el ícono sacro de la Iglesia Ortodoxa Independiente en Chiapas, que sus devotos veneran en su imagen de esqueleto de madera tal como fue "visto cuando apareció milagrosamente" a inicios del siglo pasado en esta región.

En el barrio Niño de Atocha, doña María del Carmen, una mujer zoque de 80 años, refiere que el santo del esqueleto es un "mensajero que anuncia la muerte y cuando hace su recorrido es para trasladar las almas al descanso de los panteones".

El templo de San Pascual Bailón se localiza en el barrio del mismo nombre, en el centro tuxtleco, a donde los fieles acuden en estas fechas con modestas ofrendas, velas y frutas para los altares zoques.

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Otra leyenda contada por las familias que aguardan a los Fieles Difuntos es la de "El Cadejo", el perro infernal, que aparece a trasnochadores en caminos rurales y lugares oscuros citadinos. El can negro de gran tamaño y "ojos llameantes" ahuyenta a las personas, enfrenta y "revuelca" a perros en las calles. Enseguida desaparece.

En algunas comunidades como El Jobo, en Tuxtla Gutiérrez, y los municipios aledaños de San Fernando y Berriozábal, asoma "El Sombrerón". El Jinete, de gran estatura, aparece ataviado de negro con enorme sombrero que le cubre el rostro.

Se muestra montado en un brioso negro. Busca seducir a las mujeres y a los hombres ofrece dinero a cambio del "alma", dijo Darinel Gutiérrez, a cuyo abuelo se le "apareció" hace años en La Cañada de San Fernando, conocido antiguamente como Las Ánimas.

Los altares zoques en Día de Muertos y Fieles Difuntos, según la tradición, funden la cosmovisión originaria y mestiza. Establecen asimismo, los sutiles límites entre la idea de la vida y la muerte coronados con el cempasúchil, las comidas y la bebidas ancestrales.

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El ritual entremezcla el incienso y las velas que sincretizan los afectos a los muertos y su presencia inalterable.

apr/jcgp

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