Sabina Berman: México vive censura de los duros de la 4T y neoliberales

También hay un ala de pensamiento moderno y en esa está López Obrador, que entiende que una de las banderas de la izquierda es la libertad

Sabina Berman: México vive censura de los duros de la 4T y neoliberales
En la foto: SABINA BERMAN, Escritora. FOTO: CORTESÍA DE SABINA BERMAN

En el país se está viviendo una censura a la libertad de expresión en las redes sociales pero no la ejerce el gobierno federal, sino “los duros” de izquierda y derecha que buscan “censurar la opinión y los hechos adversos a sus narrativas políticas”, considera la escritora Sabina Berman.

Tras la cancelación del programa John y Sabina, que se transmitía por Canal Once, y que dejó de salir al aire derivado de un enfrentamiento entre los co-conductores, dice en entrevista con EL UNIVERSAL que en la izquierda y dentro del gobierno de la Cuarta Transformación existe un ala extrema, “los golpeadores” los llaman, a la que pertenece John Ackerman, por ejemplo, y que le apuesta a la polarización para desplazar a las élites existentes y hacerse con el poder dentro del nuevo régimen.

Opina que en la 4T también hay un ala de pensamiento moderno, de ese lado está el presidente Andrés Manuel López Obrador, que entiende que una de las banderas de la izquierda es la libertad.

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A partir de la experiencia con John Ackerman, ¿la 4T admite el disenso? ¿O su caso es muy particular y no tiene otro referente?

—John es de los duros de la 4T que apuesta a la polarización. Hay una voluntad de poder de John y su grupo político de desplazar a las élites incluso de la izquierda, yo diría que es una muy pequeña sección de la 4T. En un año que estuve en John y Sabina, ejerciendo mi expresión con libertad, a menudo estando en desacuerdo con los hechos del gobierno y criticándolos siempre desde la izquierda, no recibí ni una sola llamada de ningún funcionario pidiéndome mesura, comprensión, discreción. Lo que sí recibí fueron llamadas de algunos funcionarios pidiéndome que abriera aún más el abanico de la diversidad de voces que venían al programa. Fue lo contrario. Están los golpeadores de izquierda y los más maduros que asumen que la izquierda se afianza cuando hay libertad.

¿A qué sector pertenece el presidente López Obrador?

—A la izquierda moderna. Mira lo que ha hecho: les ha quitado los sobornos a la prensa, ha perdido la correa con que estaba sujeta la prensa por otros presidentes, invita a la discusión, abre debates cada semana. Yo creo que él también tiene derecho a debatir y a responder a la narrativa de sus opositores, siempre y cuando no los sujete de otra forma. Hubo un momento muy desagradable cuando la Secretaría de la Función Pública le impidió a dependencias federales hacer contratos de publicidad con Nexos, ya lo retiró y yo creo que quien pidió que se hiciera fue el Presidente, mis fuentes me lo dicen.

John y Sabina fue señalado de ser propagandista. Usted fue co-conductora, ¿cuál es su consideración?

—Todo el primer año no fue propaganda. El primer programa fue amable con la esposa del Presidente y así tenía que ser: no podíamos hablar de política porque ella no es política y nos advirtió que no iba a asumir un rol que no le correspondía. Después de ese programa Reforma nos puso el sello de propaganda y otros más desagradables sin utilizar la realidad. Es periodismo usado como cañón y arma mortífera.

John Ackerman la acusó de haberse “infiltrado” a la 4T

—Me parece delirante. La 4T presuntamente es la transformación de México, entonces si vivo en México ya estoy en la 4T y ¿dónde está ese lugar que llama la 4T? ¿A qué se refiere? No tengo la menor idea porque no soy ni quiero ser política ni funcionaria. Está haciendo una acusación, nuevamente, de los duros. Si tú decides que quieres pertenecer a lo que yo decido que es la 4T, tienes que plegarte a lo que digo y no se acepta ninguna disidencia.

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¿En lo personal, le ha pasado?

—A veces recibo mensajes de amigos de izquierda que pertenecen al gobierno y me piden que diga o deje de decir cierta cosa, “échate ésta que es más bonita”, que si un personaje neoliberal ha retuiteado un artículo mío de EL UNIVERSAL que yo explicite en Twitter que detesto a ese personaje [Se ríe]. Esto no es raro que me suceda y no es de todos mis amigos de la 4T: son los duros que ya me dieron por perdida y se dieron cuenta que, por más que me pidan ese tipo de groserías que van en contra de la libertad de expresión, yo no lo acato y ya se desesperaron y me tachan de neoliberal. Es decir, si no eres lo que te exigen que seas como persona de izquierda, tienes que ser neoliberal.

¿Alguna vez ha simpatizado con el neoliberalismo?

—Esta es una confesión personal. Cuando empezó el neoliberalismo fui un tiempo simpatizante del relato de que la solución al estatismo corrupto podía ser el neoliberalismo. Después de cinco años me di cuenta de que esa narrativa estaba creando una enorme desigualdad, y me fui desprendiendo de ella. No nos equivoquemos: las narrativas no son la vida ni son la realidad, y la función de los que hacemos periodismo no es propagar narrativas sino hablar de la realidad.

Entonces ¿sí hay intentos de censura dentro de la 4T, cuando menos de los duros?

—Sí, pero la amenaza no es te voy a revisar tus impuestos, te voy a correr del país, es: “No te vamos a querer”; “no vas a pertenecer a nosotros”. ¡Qué chistoso! Me parece infantil. Pues ni modo, yo pertenezco a la realidad, no a una narrativa.

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¿Se puede ser militante y crítico de la 4T?

—Supongo que sí, es más difícil si eres funcionario porque no puedes ser abiertamente crítico. En la práctica, no es que teóricamente no puedan.

¿Cuál es la diferencia entre simpatizar y adular a la 4T?

—La libertad de expresión que reinaba hasta hace poco en México estaba muy acotada por la mayoría de los dueños de los medios. Esa es la manera neoliberal de controlar a la prensa. No todos ejercían la censura hacia adentro, pero la mayoría sí, cuando un reportero o comentarista se refería a un acto ilegal o inconveniente del presidente en turno o de un funcionario con el que la empresa tuviera un interés, aparecía la tecla de recorte en los cuartos de edición de las televisoras o periódicos, y la figura del censor que cuidaba que ni un trozo de esas verdades u opiniones pusiera en riesgo los millones de pesos que los medios recibían en forma de publicidad. Si algo se escapaba, había despidos. Así que salvo honrosas excepciones, vivíamos en un régimen con una libertad de expresión castrada. La verdad es que el presidente López Obrador, cuando decidió cerrar el grifo del dinero público a los medios, renunció a censurarlos.

¿Qué estamos viviendo?

—Lo que estamos viviendo no es una censura del Estado a la libertad de expresión. Más bien es la censura en las redes, de los duros de ambos bandos: de neoliberales fanáticos y de los izquierdistas fanáticos. Es muy interesante cómo unos y otros están de acuerdo en un punto: en censurar la opinión y los hechos adversos a sus narrativas políticas. El golpeteo es tremendo y lo que hay detrás de él es una lucha contra las élites establecidas de ambos bandos para desplazar los prejuicios establecidos y quebrarlos, ¿para qué? Es la vieja lucha por el poder. Quieren ser las nuevas élites.

¿Se puede salir de la polarización que se vive?

—Para salir de la jungla de la polarización se necesita apego a la realidad. Me interesa y leo a pensadores neoliberales que critican al gobierno, no simpatizo con su narrativa pero mientras hablen de la realidad me interesa. Lo insoportable es el desprendimiento total de la realidad y eso ya nos sucedió, está de ambos lados y como sociedad es más difícil porque esto se va a prolongar por años. Sí se puede salir de la polarización.

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¿El Presidente azuza a sus seguidores en contra de los medios desde la mañanera?

—Hay que distinguir entre lo que se habla y los hechos. Hay una confusión completa. Si el Presidente le llama a un opositor demente, no me interesa. Lo que me interesa son los hechos del gobierno, no sus dichos. Esa disciplina de diferenciar entre los dichos y los hechos se está perdiendo. La presión más grande que estamos viviendo contra la libertad de expresión es la de los duros de ambos campos para someternos a la polarización: sólo ser de un bando o de otro. La pobreza de esa polarización es aún peor cuando está centrada en una sola figura, el Presidente: ¿eres pro AMLO o eres anti-AMLO? Perdón, yo no sabía que el Vaticano lo había convertido en santo. La discusión pública no puede girar en torno a una sola figura.

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