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Son las 13 horas con 13 minutos . El presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo , interrumpe el discurso de la diputada Carmen Medel Palma, quien presenta una iniciativa ante el pleno , para dar paso a un minuto de silencio interminable.
Segundos antes de las 13 horas con 14 minutos, ese silencio ya impera en el salón de sesiones del Palacio Legislativo de San Lázaro. Los diputados están de pie, algunos bajan la cabeza, o miran hacia otro lado.
Llegan los 16 minutos de las trece horas de este miércoles, otro 19 de septiembre, en que la tranquilidad se rompe el estremecedor sonido de la alerta sísmica. Con ella, vuelven los recuerdos de gritos, ambulancias, los escalofríos.
Los legisladores desalojan por varias puertas el recinto. Bajan las escaleras de la puerta principal con calma, conversando con quien va a su lado, o resolviendo asuntos por teléfono. Algunos se detienen, hoy que la tierra tuvo piedad bajo sus pies, y posan para la foto.
Ninguno de ellos cuenta con el recuerdo de aquel martes, cuando la sesión ordinaria se interrumpió por el movimiento que dejaba las piernas inútiles. Sólo algunos trabajadores administrativos dicen: “Ese día no podía ni mantenerme en pie”.
Ya en la zona de seguridad, algunos diputados se quejan del sol. “Diputados sufren golpe de calor”, sugiere una legisladora a su asesor, como si lo dijera a los medios que cubren la noticia desde la sombra que dan los árboles de las jardineras.
La diputada Arlett Aguilar Molina, de Morena, camina solitaria, y con EL UNIVERSAL recuerda los minutos del sismo que le tocó vivir hace un año en su estado natal, Chiapas.
“Todavía veo a mi gente viviendo entre cartones, con lonas publicitarias de la campaña presidencial como techo”, dice y hace una pausa para contener las lágrimas.
lsm
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