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El combate contra el huachicoleo y el mercado negro de robo de combustible no se va a detener hasta ser erradicado. La estrategia seguirá con respeto a los derechos humanos, sin responder a agresiones ni “apagar el fuego con el fuego” o “enfrentar la violencia con violencia”, afirmó el presidente Andrés Manuel López Obrador, luego de expresar sus condolencias y solidaridad a los familiares de las víctimas de la explosión del viernes pasado en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex), en Tlahuelilpan.

En conferencia de prensa ofrecida por la mañana en Palacio Nacional, vestido con corbata y traje negros, subrayó que en los hechos el viernes pasado en Tlahuelilpan, “la actitud y la acción del Ejército fue correcta, les diría yo que oportuna. No es fácil ante una multitud hacer prevalecer el orden, aun explicando sobre los riesgos. Hay constancia de cómo se enfrenta la población al Ejército y a la policía, en otros casos. Esto es parte también de la investigación que vamos a llevar a cabo y el compromiso de decir la verdad, de no ocultar nada.

“Estoy más por la postura que asumió el Ejército, porque no podemos enfrentar estos actos con medidas coercitivas, no podemos reprimir, porque el detener significa en un momento dado desatar una represión”, reiteró en la segunda conferencia ayer en la tarde sobre la actuación de los soldados previamente a la tragedia en la que fallecieron 76 personas, de acuerdo con la información proporcionada hasta ayer.

El titular de la Sedena, general Luis Cresencio Sandoval, detalló que el día de los hechos un total de 25 soldados se dirigieron a Tlahuelilpan donde se detectó la toma clandestina.

“Cuando empieza a incrementarse esta salida del combustible del ducto también se reune una mayor cantidad de personas, informa el oficial que había entre 600 y 800 personas que empezaron a llegar ahí, al área de la toma”, indicó.

Los elementos castrenses, ahondó, buscaron evitar que las personas se acercaran al ducto, advirtiéndoles del peligro que corrían, puesto que el chorro de combustible había alcanzado hasta siete metros de altura.

El general explicó que los soldados que arribaron de una base militar a 20 kilómetros del lugar trataron de persuadir a los habitantes, pero no hicieron caso y algunos de ellos se tornaron un poco agresivos.

“Al verse rebasados por la cantidad de gente que estaba llegando con sus recipientes para llenarlos de combustible, son obligados a retirarse a un costado y buscan no tener una confrontación; no se retiran del área, sino que se quedan ahí a un costado, pendiente de lo que estaba sucediendo. Pero sigue incrementándose la gente y continúan llegando pobladores con los recipientes para llenarlos de combustible”, narró.

En un video difundido por EL UNIVERSAL se confirma lo dicho por el titular de la Sedena, al observarse cómo policías federales y militares intentan persuadir a la gente para que se retire del lugar ante el peligro de una explosión.

Por otra parte, el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, explicó que a las 16:50 horas del viernes se detectó una baja de presión en un ducto Tuxpan-Tula, debido a una toma clandestina, por lo que de inmediato se suspendió la operación del ducto y además se cerraron las válvulas.

Sin embargo, quedó una presión de unos 6 kilogramos en el tubo y debido a que entre la comunidad de Tlahuelilpan y la refinería de Tula hay una distancia de 13 kilómetros, sobraron unos 10 mil barriles de gasolina dentro del ducto. Esto provocó que las llamas continuaran hasta que lograron sofocarse a la media noche.

El fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, aclaró que el robo de combustible es un delito muy grave, que tiene una penalidad de entre 20 y 30 años de prisión.

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