Durante 20 años, Arturo apostó todo lo que tenía, en el proceso perdió millones de pesos, bienes materiales y su hogar. En una noche fue capaz de apostar hasta 500 mil pesos y quedarse con ganas de más porque así es la ludopatía: atrae, convence y no deja salir.

Si la persona adicta sólo posee 10 pesos o millones de dólares, los apostará, porque no importa la cantidad, sino la adrenalina de perder o ganar todo y la falta de control que los lleva hasta suicidarse.

“Perdí el deseo de estar conmigo, perdí mi paternidad, perdí a mi esposa, la confianza de toda la gente que estaba a mi lado, perdí inclusive el habla de mis hermanos, las ganas de querer vivir. No supe el propósito que tenía en mi vida hasta que tenía 37 años. Mi motor era el ego, mi soberbia, el deseo grande de querer ser millonario o ganar mucho poder”, confiesa.

Un perfil ludópata se caracteriza por la profunda soledad y ambición que siente. En el camino gana el rechazo de sus seres queridos, roba y genera otras adicciones a cualquier cosa que genere placer y lo haga escapar de su realidad: la pornografía, la masturbación, el alcohol o las drogas.

Además, teje una red de mentiras y secretos insostenibles, está irritable, estresado, se aísla y cuando trata de dejarlo, el síndrome de abstinencia aparece.

“Lo más visible es el dinero, pero lo que más duele es que te quita la tranquilidad, la paz; te va a endeudar, los acreedores te llamarán a cada rato, te va a avergonzar con tu familia, te va a avergonzar hasta el momento en que decidas romper el secreto, ser humilde y decir: ‘Necesito ayuda’.

“Te va a quitar esposa, hijos, padres, hermanos, hermanas que eventualmente se van a hartar de ti y te van a decir: ‘Ya no hay de dónde más te podamos ayudar, tratamos o intentamos, pero ya no podemos ayudarte’”, dice.

En México, se estima que 3.9 millones de personas han participado en juegos de apuestas, de los cuales, a 249 mil se les identifica como “jugadores problemáticos”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025, 904 mil niños y adolescentes de 12 a 17 años ya participan en estas dinámicas y 63 mil de ellos tienen prevalencia al juego problemático, es decir, ya tienen adicción.

La Dirección General de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación define a la ludopatía o juego patológico como un trastorno de conducta donde una persona tiene un impulso incontrolable por apostar a pesar de las consecuencias negativas.

También es definido como una enfermedad crónica y progresiva en la falta de control de los impulsos. Miguel Ángel Medina, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM y del Centro de Prevención en Adicciones Dr. Héctor Ayala Velázquez, explica que al apostar, los ludópatas experimentan neuroadrenalina, segregan dopamina y serotonina, los cuales son neurotransmisores que les hacen sentir placer. Durante la Copa Mundial 2026, el experto identificó patrones entre los aficionados, quienes perdían el control cuando su equipo no se desempeñaba como esperaban.

“Se concentraban para observar los partidos, principalmente cuando jugaba la Selección [Mexicana] y mucha gente perdía el control y empezaba a comportarse de manera destructiva. No dudo que hubiera muchas apuestas de cuántos goles o de quién iba a ganar, quién iba a perder o quién era el jugador preferido. En fin, esto se ha ido agudizando más y principalmente con la legalización de los casinos, tanto en línea como presencial, se ha hecho muy popular y en muchos centros comerciales también hay casinos”, señala.

Así, con la ilusión de ganar, volverse millonarios de un momento a otro y solucionar sus problemas económicos, apuestan todos sus bienes, pues el éxtasis de arriesgar todo alimenta la adicción, esa misma que puede llevarlos a prisión por robar o decidir quitarse la vida ante todas las deudas acumuladas.

Aunque la ludopatía se asocia meramente con asistir a casinos establecidos, esta conducta contempla todos los juegos de azar, máquinas tragamonedas, bingos, loterías, cupones, cartas, ruletas, dados, dominós, así como carreras de caballos o peleas de animales como gallos o perros.

Sin embargo, las aplicaciones y páginas de internet han ganado popularidad en los últimos años, pues hay apuestas que comienzan con 100 pesos y prometen ganar mil y así los usuarios arriesgan cada vez más sus recursos. A eso se le suma que cientos de influencers o creadores de contenido los promocionan con videos, historias de Instagram o en TikTok.

Al apostar, los ludópatas segregan dopamina y serotonina, lo que les hace
sentir placer, explicó académico de Psicología de la UNAM. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL
Al apostar, los ludópatas segregan dopamina y serotonina, lo que les hace sentir placer, explicó académico de Psicología de la UNAM. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL

Ahora, las apuestas ya no se tratan de deportes, puede ser de cualquier tema, incluso si la UNAM repetirá o no el examen de admisión; por ejemplo, qué color de vestido usará equis celebridad en una alfombra roja, qué película será la mejor del año, etcétera.

Mientras que los anuncios de las apuestas digitales se encuentran en sitios deportivos y de pornografía.

“La gente tiene el casino en su mano, muchos dicen que esta es una enfermedad silenciosa y claro, porque no se detecta como el alcohol. Pero todos los que hemos jugado podemos detectar a un jugador porque se empieza a aislar, está deprimido. Vemos reacciones en redes sociales de gente llorando porque ‘perdió su equipo’, no, en realidad perdió su dinero”, agrega Arturo.

Los ludópatas comienzan a desesperarse, le gritan y patean la televisión o dispositivos porque ya comprometieron el dinero de sus rentas, de la alimentación de sus hijos o de la salud de familiares.

La adicción es tan fuerte que llegan a grupos de ayuda como Jugadores Anónimos o incluso a clínicas para rehabilitarse, pero sin voluntad, es una pérdida de tiempo.

“Siempre comenzamos apostando poquito y después pasa el tiempo y empezamos a apostar más y más y más y puede llegar a ser mortal. Mortal porque en una etapa avanzada de ludopatía tenemos el gran deseo de matarnos porque ya no encontramos una salida.

“Entonces, asistimos al hospital siquiátrico y la familia llega a pensar que esa era la solución, que íbamos a salir de ahí curados y no es así”, lamenta. En su paso por rehabilitación y sin acceso a dinero, Arturo aprendió que todo se puede apostar: la comida o cigarrillos que tenía en la clínica.

“Una apuesta puede implicar millones de pesos o una orden de tacos, si la persona no es capaz de admitir la derrota y que no hay nada más que pueda hacer contra el juego.

“El jugador es soberbio, egocéntrico, son inteligentes, pero esa inteligencia la ocupan para tratar de ganarle al casino. Cuando pierde, quiere recuperar no solamente su dinero sino su orgullo. Después viene este gran sueño de que un día va a ganar una megapuesta y va a llegar con los que les debía y les quiere pagar cuatro veces más.

Arturo considera que “no hay poder humano que pueda quitar esa obsesión”, al salir de las clínicas, pueden recaer fácilmente.

Actualmente, el consejero en ludopatía recomienda romper todos los secretos familiares y pedir ayuda para saldar las deudas, mas no pedir préstamos. Es decir, buscar a una persona de confianza que resguarde el dinero y lo entregue a los acreedores.

También asesora a la familia y la exhorta a hacer un plan para controlar el dinero, que no tenga acceso a juegos, aplicaciones de apuestas ni a bancos: “Lo que queremos es protegerlo y que ya no se siga haciendo más daño”.

Asimismo, recomienda quitar todas las propiedades que tenga a su nombre, asistir a un grupo de 12 pasos o Jugadores Anónimos.

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