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La décima edición del Índice de Paz México, presentada esta semana, muestra que el país ha experimentado tres años consecutivos de mejoras en la paz después de deterioros sustanciales entre 2015 y 2019. El año pasado, encontramos que la paz en el país mejoró en un 0.9 %, mejora impulsada por un declive significativo –de 7.9 %– en la tasa nacional de homicidios.
Sin embargo, las mejoras recientes han sido marginales en comparación con los deterioros de los años anteriores, lo que significa que varias tasas de violencia –incluyendo los homicidios– se han aplanado en niveles muy altos. Además, debajo de estas leves mejoras recientes hay un conjunto complejo de tendencias que van en el sentido opuesto y que siguen obstaculizando la reducción de los altos niveles de violencia en México.
Como detallamos en el Índice de Paz México, uno de los factores más importantes tiene que ver con el cambiante panorama de la delincuencia organizada en el país. Esto se relaciona tanto con la composición de los grupos en sí, como con las dinámicas internacionales del tráfico y comercio de drogas.
Muchos de los cambios de las últimas décadas tienen su origen en el inicio de la guerra contra las drogas en 2006 y la consiguiente desarticulación de las estructuras de varias organizaciones criminales bien establecidas. Sin embargo, los cambios se han acelerado en los últimos ocho años, en parte impulsados por las respuestas a las transformaciones del mercado de drogas ilegales en Estados Unidos.
El Índice de Paz México hace un seguimiento de los niveles de delincuencia organizada en el país a partir de cuatro subindicadores: extorsión, secuestro y trata de personas, narcomenudeo y delitos mayores. Los delitos mayores incluyen delitos federales de narcotráfico y aquellos cometidos por tres o más personas. El reporte destaca que la tasa nacional de delincuencia organizada ha aumentado un 64.2 % en los últimos ocho años.
El aumento de los niveles de delincuencia organizada en México ha sido visible no solo en estas cuatro actividades generadoras de ingresos, sino también en el aumento de las tasas de homicidios y violencia extrema en el país. En parte como resultado de la estrategia gubernamental de “descabezamiento”, que buscaba sofocar las operaciones de los grupos delictivos organizados persiguiendo y arrestando a sus líderes, la última década ha visto la fragmentación de un puñado de grupos anteriormente dominantes. Sin embargo, esto ha llevado a la intensificación de la competencia y a más guerras territoriales a medida que proliferaban grupos más pequeños y violentos.
Las nuevas contiendas entre organizaciones criminales por el control del territorio y las rutas del narcotráfico han impulsado importantes aumentos en el número de homicidios en México. Como muestra el reporte, entre 2015 y 2021 el número de homicidios relacionados con el crimen organizado creció de alrededor de 8,000 a más de 23,500, mientras que el número de homicidios no relacionados con el crimen organizado se ha mantenido relativamente estable, en alrededor de 10,000 a 12,500 por año. De acuerdo con esta medida, los homicidios relacionados con delincuencia organizada aumentaron 190 % en el periodo, mientras que todos los demás homicidios aumentaron apenas 6.4 %.
Según los registros del Uppsala Conflict Data Program, el número total de muertes en México por violencia no estatal aumentó de 2,657 en 2011 a 18,783 en 2021. Este aumento se debe en gran medida a la agresiva expansión territorial del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que desde su ruptura con el Cártel de Sinaloa en 2017 se ha expandido a 28 de los 32 estados de México. El CJNG ha estado asociado al 81 % de todos los homicidios por enfrentamientos entre cárteles desde 2013.
La rivalidad entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa, los dos cárteles más poderosos de México, es la más mortífera del país. En 2021, su conflicto provocó al menos 4,890 muertes, lo que equivale al 26 % de todas las muertes por conflictos relacionados con cárteles. Desde 2017, las muertes por conflictos asociadas con los dos grupos –incluidos sus enfrentamientos entre sí y con otros cárteles– han aumentado drásticamente. Mientras que en 2015 los enfrentamientos en los que participaba al menos uno de los dos, representaban el 42 % de todas las muertes por conflictos entre cárteles, en 2021 representaban el 95 % de dichas muertes.
Las operaciones y rivalidades de los grupos de delincuencia organizada en México también se han visto transformadas por los cambios en el mercado estadounidense de drogas. En la última década, ha aumentado la demanda de nuevas drogas sintéticas en Estados Unidos. En respuesta, los grupos criminales mexicanos se han orientado cada vez más hacia la producción altamente lucrativa de fentanilo (así como de metanfetaminas), mientras que se han producido descensos sustanciales en la producción y tráfico de drogas no sintéticas como la heroína y la marihuana.
El descenso del tráfico de marihuana ha sido especialmente notable y se ha producido en el contexto de la despenalización generalizada de la droga en gran parte de Estados Unidos. En 2013, cuando solo unos pocos estados de ese país habían legalizado el uso recreativo de la marihuana, el volumen de incautaciones de marihuana en todos los puntos de entrada de Estados Unidos ascendió a poco menos de 1,350 toneladas. En 2022, sin embargo, el volumen se había reducido a 70 toneladas, un descenso del 95 %.
En cambio, entre 2016 y 2022 el volumen total de fentanilo incautado en todos los puntos de entrada a Estados Unidos pasó de 270 a 6,668 kilogramos, lo que supone un aumento de 25 veces. Una tendencia aún más sorprendente se observó dentro de México durante el mismo período. De 2016 a 2022, el volumen de fentanilo incautado por las autoridades mexicanas en todos los estados aumentó de 11 a 2,114 kilogramos, un incremento de 192 veces.
El cambio hacia la producción de fentanilo ha sido muy lucrativo, ya que es muy potente, barato de producir y a menudo se vende en forma de pastillas, lo que significa que los grupos delictivos pueden obtener muchos más beneficios en relación con el volumen de droga que se trafica. El sobreprecio del fentanilo cuando se vende y distribuye puede llegar a ser 2,700 veces superior al precio que cuesta producirlo.
Debido a su bajo precio, el fentanilo suele mezclarse con otras drogas, como la heroína o la cocaína, para hacerlas más potentes, adictivas y baratas de producir. La potencia de esta droga ha provocado un aumento de las muertes por sobredosis en Estados Unidos y México en los últimos años. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los opioides sintéticos, principalmente el fentanilo, estuvieron implicados en más de dos tercios de las aproximadamente 108,000 muertes por sobredosis que se produjeron en Estados Unidos en 2022.
Desde que comenzó la guerra contra las drogas en México, la gran mayoría de las respuestas institucionales a la violencia criminal se han centrado en el uso de la fuerza pública. En parte como resultado de este enfoque, uno de los principales objetivos del Índice de Paz México ha sido aplicar un enfoque sistémico para entender factores más allá de los directamente relacionados con la contención de la violencia. Por tanto, para fomentar una paz sostenible, el Instituto para la Economía y la Paz afirma la necesidad de dar hincapié en la Paz Positiva, que consiste en las actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades pacíficas.
Entre otras cosas, la Paz Positiva requeriría crear alternativas económicas viables para los jóvenes que de otro modo podrían verse atraídos por la delincuencia organizada, desarraigar corrientes machistas que ayudan a fomentar la violencia de género, y establecer sistemas y normas para combatir la corrupción endémica. Un enfoque de este tipo ayudaría a México no solo reducir sus altos niveles de violencia, sino también construir la confianza social y el capital humano necesarios para sostener los avances en el largo plazo.
Investigador para el Instituto para la Economía y la Paz. Maestro en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, él es coordinador y autor principal del Índice de Paz México 2023.
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