La política en un sentido amplio puede entenderse como todas aquellas tareas que tienen consecuencias públicas y, por ello, transforman las sociedades.

La frase mujeres y política tal vez surja de la pregunta: ¿cómo hemos logrado coincidir en una misma ruta, nosotras las mujeres y el mundo público de la política, siendo que, hasta hace apenas pocos años, según las reglas del orden social, las mujeres no deberíamos ocupar esa arena?

En efecto, es hasta hace relativamente poco que las heroínas, de las que conocemos sus nombres, van siendo reconocidas como protagonistas de la historia nacional. Y no debemos olvidar que fue hasta 1955 que las mujeres votamos por primera vez, y solo en 1979 tuvimos la primera mujer gobernadora. Es hasta ahora, que por primera vez el gabinete federal es paritario, con mujeres en puestos fundamentales de decisión, que antes eran impensables para mujeres como la Secretaría de Seguridad Pública o la gobernadora del Banco de México. Gracias a los recientes cambios constitucionales hoy existen 9 gobernadoras, más de lo que había habido en la historia de México, y hay paridad en los congresos.

Estoy convencida que la participación de las mujeres ha cambiado la propia definición de la política y de lo que se consideraba la vida pública. Gracias a la lucha de muchas mujeres a lo largo de la historia, que abrieron brecha en nuestro país, aquí estamos, haciendo política. Estamos cambiando el mundo porque hemos modificado, con nuestra presencia, con nuestras voces, con nuestra crítica, el imaginario de que la política era solo un entorno masculino.

Más aun, las mujeres hemos traído al centro del debate público todo aquello que antes del movimiento feminista no se consideraba parte de la política: la erradicación de la violencia contra las mujeres, compartir las cargas de los cuidados, desaparecer las brechas salariales, tener acceso a puestos de dirección, desterrar el rezago educativo, respetar el derecho de las mujeres a tomar decisiones libres.

La participación de las mujeres enriquece la política y la vida pública. Pero también estoy convencida que la conquista de la igualdad sustantiva para las niñas y las mujeres en los diversos ámbitos, así como la erradicación de las violencias, no puede estar desligada de la lucha por la disminución de las desigualdades y por el acceso a los derechos para todas y todos, así como de la permanente construcción de un México con democracia, justicia y paz.

Mujeres y política es un derecho conquistado que enriquece la vida pública y construye una sociedad más igualitaria en todos sentidos. Por ello la transformación de México es con las mujeres.

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