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Maternidad. ¿Cómo viven internas de Santiaguito ante Covid?

La pandemia afectó su ritmo de vida dentro de la cárcel; con niños que cuidar, la atención se ha vuelto más estricta

Así viven mujeres presas la pandemia en el penal de Santiaguito
Viviana y su hija Dareli; la madre lleva seis años en prisión, y comenta que ahora es más complicado llevar sus labores en el penal por la pandemia. Fotos: JORGE ALVARADO. EL UNIVERSAL
Nación 28/06/2020 01:46 Alexis Ortiz Actualizada 11:10
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Estado de México

El Covid-19 no ha pasado desapercibido para Viviana y su hija Dareli. El temor del contagio, el cambio de rutina y el estrés de la pandemia lo han experimentado desde el reclusorio de Santiaguito, en el Estado de México, donde las paredes de concreto y las rejas no han sido suficientes para aislar a la población penitenciaria de la realidad del país. 

En una época normal, Santiaguito tiene movimiento en todos sus rincones. En el área femenil hay talleres, actividades físicas, clases y los niños que viven con sus madres corren por todos lados, pero esta situación cambió por el coronavirus y ahora las dinámicas se han relajado en los patios y salones de la cárcel.

Viviana, quien tiene seis años en prisión, explica cómo la pandemia cambió abruptamente su estilo de vida: “Antes teníamos todas nuestras actividades, por horarios sabíamos que nos debíamos apurar para irnos a la escuela, a la clase de sicología y ahorita no, a veces es tedioso y más con los niños porque ellos quieren salir a jugar”. 

Según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en 2019 había 348 mujeres y 3 mil 229 hombres en Santiaguito. Asimismo, autoridades del reclusorio informan que hay 10 bebés viviendo con sus mamás y otros 18 fueron enviados con sus familias al exterior por la emergencia sanitaria. 

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Como ocurre en todas las comunidades del país, las internas han aprendido a convivir con los rumores de posibles contagios. La CNDH identificó, hasta el 3 de junio, al menos tres casos positivos de Covid-19 en el lugar, mientras las mujeres privadas de la libertad narran cómo algunas compañeras iniciaron con síntomas de gripa e incluso debieron ser aisladas. 

“Sí hubo mucho tiempo que nos enfermamos bastantes de gripa, pero no pasó a más y prácticamente no se ha visto ninguna persona fallecida de este lado. En todas fue el miedo porque vimos que demasiadas se estaban enfermando”, comenta Viviana. 

Frente a este panorama y para mitigar los riesgos, las autoridades del reclusorio tuvieron que suspender las visitas familiares y todas las actividades. En este punto la tecnología se ha convertido en la mejor aliada de las internas, ya que por medio de videollamadas hablan con sus seres queridos. 

El aspecto económico es otro en el que se han visto afectadas algunas internas, ya que al no recibir visitas no reciben dinero de sus familias. También hay mujeres que se dedican a hacer manualidades y sus padres o hermanos les ayudaban a venderlas en el exterior; sin embargo, el coronavirus ha cortado la posibilidad de que esto se siga realizando. 

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Viviana también comparte otro problema específico que enfrenta: ella ya compurgó el 70 por ciento de su condena y estaba tramitando su beneficio de preliberación para poder volver a casa con su familia, pero el coronavirus interrumpió dicho procedimiento. 

“Ya estaba en trámite y con todo esto se frenó el trámite de mi beneficio, aún no sé cómo va a estar el asunto, ya estoy ansiosa y nerviosa. Lo primero que me gustaría hacer es llevar a Dareli a una revisión médica de todo y que toda la familia la conozca”, dice la joven. 

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Las madres del penal Santiaguit o , en el Estado de México, al que EL UNIVERSAL ingresó, han redoblado sus esfuerzos para que sus pequeños puedan vivir lo más “normal” posible. “Sí hubo mucho tiempo que nos enfermamos de gripa, pero no pasó a más”, platica una interna.

Infancia en prisión

No sólo las mujeres privadas de la libertad han resentido el impacto de la pandemia, también sus hijos lo han hecho debido a que las actividades lúdicas que antes hacían se han limitado para evitar aglomeraciones de muchas personas en un mismo lugar. 

Por ejemplo, los jueves los menores de edad participaban en un taller donde se entretenían con diversas actividades; sin embargo, éste ya no se ha podido realizar. También hay casos como el de Misael, de dos años de edad, quien solía salir de prisión una vez al mes para convivir con sus abuelos y sus hermanos. Gracias a esto, el menor ha podido conocer el zoológico y el mar. 

“Ahorita no hemos tenido acercamiento con mi familia y en esa parte lo resiento porque Misael no ha podido convivir con sus hermanos, con su papá y sus abuelos, eso es lo que más le ha afectado a él", señala Laura, madre del menor y quien lleva 10 años en prisión, a la espera de que las autoridades le concedan un beneficio para salir. 

En este contexto las mamás de Santiaguito han redoblado sus esfuerzos para que sus pequeños puedan vivir lo más “normal” posible. 
 

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Para mitigar los riesgos, las autoridades tuvieron que suspender las visitas familiares y todas las actividades en el centro penitenciario.

Para visibilizar la situación de estos menores de edad la organización Reinserta lanzará la campaña “Cuarentena de tres años”, en referencia al tiempo que los niños y niñas pueden permanecer con sus mamás en una cárcel. 

La ONG busca concientizar sobre la realidad de la infancia en prisión, pues estos pequeños experimentan una "cuarentena" mucho más larga que la que enfrentamos ahora. 

“Los niños de la cárcel y sus mamás la tienen complicado porque hay penales donde puede haber más movimiento, pero hay otros donde no salen de un cuartito. Este es un buen momento para que la gente se ponga en los zapatos de alguien más, que reflexione cómo la están pasando los niños cuando su cuarentena no es de unos cuantos meses, sino de unos cuantos años”, expresa Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta. 

La organización también buscará recibir donaciones con su campaña —en su página de internet y redes sociales se puede encontrar más información sobre cómo donar— para construir más espacios de maternidad como el que ya existe en Santiaguito.

“Queremos hacer más penales así y generar condiciones dentro de las cárceles para que estos niños puedan vivir de la mejor manera. Hemos tenido avances en el Estado de México, Baja California Sur, Nuevo León y seguimos trabajando con otros estados para que comiencen a implementar este tipo de proyectos”, menciona Niño de Rivera.

Será así como en el transcurso de la próxima semana influencers y personas de la vida pública compartirán en redes sociales el hashtag #CuarentenaDe3Años con el objetivo de que la gente inicie un diálogo en torno a los menores de edad que viven en prisión junto a sus madres, así como las necesidades y las dificultades que enfrentan. 

Realidades muy parecidas 

Aunque se podría pensar que las personas privadas de la libertad, al ya estar aisladas de la sociedad, no sentirían los estragos del Covid-19, la realidad es que se enfrentan a las mismas situaciones que el resto de los ciudadanos.

En las cárceles la oportunidad de realizar cualquier actividad también fue suprimida de manera temporal. El trabajo de quienes se dedican a elaborar productos para venderlos se estancó. Hay tanto reclusas que creen en el coronavirus y toman medidas de prevención, pero también están quienes aseguran que la enfermedad no existe.

“La epidemia ha sido muy larga, extraño a mi familia, a mis hijos, es algo que te cambia. Mi familia venía cada tres meses a verme. Igual mi familia me ayudaba a traerle cosas a mi hija, ahora no hay economía como para que yo les pida, el trabajo de aquí se suspendió porque no entra material para hacer manualidades”, relata Rocío, madre de Renata.

Respetar la sana distancia ha sido otro reto para las prisiones del país en el actual contexto. En el área de maternidad de Santiaguito, a la que EL UNIVERSAL pudo ingresar y que fue creada por la organización Reinserta, hay 14 estancias para dos personas y dos bebés, pero según platicaron algunas internas hay otras celdas en la cárcel en las que viven hasta seis personas.

Una medida de protección para prevenir contagios fue sacar a 18 bebés de la prisión mientras está activo el Covid-19. Rocío, que tuvo a su niña hace tres meses, comparte que no la pudo externar, pero incluso eso no le preocupa tanto porque siente que Renata está más segura dentro de la cárcel que fuera:

“No la pude externar por el Covid-19, siento que está más protegida aquí, en la calle es lo peor porque estamos en foco rojo y mi opinión es que está mejor conmigo”. 

 

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