Washington.— Luego de la tormenta política que se desató en Estados Unidos por la muerte de dos civiles a manos de agentes federales en Minneapolis, el presidente Donald Trump dio ayer señales de buscar desescalar la crisis al abrir la puerta para retirar parte de las fuerzas desplegadas en esa ciudad, y cambiar al mando que está al frente de la situación en el terreno.
Trump anunció que el zar fronterizo Tom Homan llegará hoy a Minneapolis para reunirse con representantes políticos, incluyendo el gobernador Tim Walz y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey. El mandatario habló con ambos.
Así, Homan se convertirá en el único interlocutor en el terreno, en sustitución del alto funcionario de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, de quien medios afirman que se reitirará hoy del estado junto con algunos agentes.

Frente a las versiones de que Bovino habría sido relevado de su alto cargo en la Patrulla Fronteriza, el gobierno recalcó que no es así. “El jefe Gregory Bovino no ha sido relevado de sus funciones”, afirmó la portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Tricia McLaughlin, en X. Bovino —añadió— “es una pieza clave del equipo del presidente y un gran estadounidense”.
Con su corte de pelo al ras, su uniforme verde y un abrigo largo de doble botonadura (que ha sido comparado con la vestimenta de la Wehrmacht alemana en la II Guerra Mundial), Bovino ha dirigido desde principio de mes el gran despliegue en la mayor ciudad de Minnesota, donde han muerto dos ciudadanos estadounidenses en menos de tres semanas a manos de sus agentes.
Bovino, a quien la Casa Blanca llama desde hace tiempo “comandante”, ha aparecido en podios ante la prensa defendiendo siempre el actuar de sus agentes, asegurando que en ambas muertes actuaron “en defensa propia”, e incluso llegó a catalogar de héroe al oficial cuyos disparos causaron la muerte de Renée Good, el 7 de enero.
Tras el asesinato, este sábado, del enfermero estadounidense Alex Pretti, Bovino acusó a este de agredir a los agentes federales antes, y señaló que éstos dispararon para defenderse; una afirmación que no se ve respaldada por el video de los momentos previos a su muerte.
Su presencia y declaraciones habían desatado la ira de los manifestantes, que exigen que los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) que están en la ciudad salgan de ahí.
Stephen Miller, jefe de gabinete adjunto, se hizo eco de las declaraciones de Bovino y aseguró que “un asesino trató de matar a agentes federales”. La secretaria de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, dijo que Pretti blandió su arma con “intención de hacer daño”, y lo acusó de llevar a cabo actos de “terrorismo doméstico”.
Pero la ira que esas declaraciones han desatado llevó a la administración a bajar el tono. Trump afirmó que su administración está “revisando todo” tras el fallecimiento de Pretti, y la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, recalcó que el presidente “quiere que la investigación continúe y que los hechos hablen por sí solos” y que nadie en la Casa Blanca, “incluido el presidente de Estados Unidos, quiere ver a estadounidenses heridos o muertos”.
Por la tarde, Trump dijo que “hay muchos avances” para desactivar la tensión en la ciudad, luego de hablar con el alcalde Frey.
Más temprano habló con Walz, con quien dijo estar “en la misma sintonía”, pese a las habituales descalificaciones que vierte en contra del que fuera candidato a vicepresidente por el Partido Demócrata en las presidenciales que Trump ganó en 2024.
Según el gobernador, Trump se comprometió a estudiar una reducción del número de agentes federales en el estado y a mejorar la coordinación en operativos dirigidos contra migrantes indocumentados buscados por delitos violentos. Reiteró la necesidad de que haya investigaciones “imparciales” sobre las muertes de Pretti y Good.
Incluso el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, llamó a la Casa Blanca a “reajustar” su política de redadas, que ha desatado una ola de protestas.