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“Si la UE pretende subir las tasas y las ya enormes barreras a las empresas estadounidenses que hacen negocios ahí, aplicaremos simplemente tasas a sus automóviles que entran libremente a Estados Unidos. Hacen que las ventas de nuestros autos [y otras cosas] sean imposibles ahí”, tuiteó Trump.
El mandatario denunció también el “gran desequilibrio comercial” entre ambas partes. Unas horas antes había recordado que el déficit comercial estadounidense había alcanzado los 800 mil millones de dólares y fustigó los acuerdos comerciales y políticos “muy torpes” concluidos por sus predecesores.

Canadá también afirmó que tomará represalias por cualquier arancel al acero y al aluminio. Más tarde, el presidente estadounidense amenazó a los socios comerciales de su país con “tasas recíprocas”.
Trump criticó duramente los acuerdos comerciales negociados por sus predecesores, a quienes acusó de haber provocado la pérdida de millones de empleos industriales en Estados Unidos.
La decisión del mandatario estadounidense de imponer aranceles tiene por objeto proteger una industria que emplea a unos 140 mil estadounidenses. Sin embargo, de acuerdo con economistas, al aumentar el precio del acero, esos mismos aranceles perjudican a un grupo mucho mayor de trabajadores estadounidenses: los 6.5 millones que trabajan en industrias que compran acero, desde fabricantes de automóviles o aviones hasta proveedores de materiales de construcción.
A decir de Trump, el acero y el aluminio importados representan una amenaza para la seguridad nacional de EU y los aranceles permitirían a las empresas siderúrgicas estadounidenses aumentar su producción y también los precios ante la falta de una mayor competencia. Sin embargo, esos precios más altos se trasladarán a su vez a las empresas que utilizan esos materiales y, potencialmente, a los consumidores que compran los productos terminados.
Algunos economistas advierten que si los consumidores deben pagar más por autos o si los negocios pagan más por equipo pesado, la desaceleración en el gasto podría obstaculizar la economía.
“Los precios más altos para los consumidores podrían llevar a un menor crecimiento económico en Estados Unidos y reducir el empleo en las fábricas”, advirtió Moody’s Investors Service en un informe.
“Los aranceles y cuotas del acero nunca han hecho mucho para proteger a la industria a largo plazo”, dice Kent Jones, economista del Babson College. Anteriores sanciones comerciales —como en 2002— contra el acero importado no han logrado detener una caída constante de los empleos siderúrgicos en EU.
Incluso republicanos han advertido que elevar los aranceles desataría una guerra comercial que podría detener las ganancias recientes de la economía. Es el caso del presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, quien espera que Trump revire su decisión. El senador Ben Sasse, republicano por Nebraska, y otros legisladores han ofrecido al mandatario asesoría privada.
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