Miami.— Las primarias demócratas rumbo a las elecciones de medio término comienzan a perfilar lo que los votantes están buscando en los candidatos: rostros nuevos, no dependientes de los grandes donantes, con capacidad de responder a sus preocupaciones y prioridades.

El se debate entre los llamados “progresistas” y los moderados, respaldados por la estructura tradicional. El presidentey los republicanos intentan describir la batalla electoral como una entre los “comunistas” (demócratas) y los “defensores de la libertad” (republicanos), pero las primarias están reflejando que el electorado va más allá de las etiquetas y busca candidatos que realmente atiendan a sus necesidades.

Angie Nixon en Florida; Abdul El-Sayed en Michigan; Peggy Flanagan en Minnesota; William Law- rence, también en Michigan, son vistos como candidatos progresistas , pero el electorado vio otra cosa.

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Jordan Snyder, electora de Michigan, de 20 años, dijo que apoyó a El-Sayed, candidato musulmán al Senado, porque lo considera independiente de los intereses económicos que financian las campañas políticas. Para ella, hay una “ruptura generacional” en el Partido Demócrata. Y en el electorado, hay decepción porque “muchas de las personas en quienes confiamos y que han estado en el gobierno realmente no han cumplido con nuestras expectativas”.

El-Sayed ganó por márgenes amplios en los condados donde se encuentran la Universidad de Michigan y la Universidad Estatal de Michigan, así como en Grand Rapids, una ciudad con numerosos votantes jóvenes y universitarios; la edad del candidato (41 años) ayudó, aunque el elemento decisivo fue la confianza. Para estos electores, la experiencia dejó de ser una garantía cuando aparece vinculada con grandes donantes, organizaciones de presión y dirigentes que llevan décadas administrando las mismas promesas.

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“Los candidatos que están obteniendo mejores resultados en las primarias demócratas concentran su discurso en salarios, vivienda, atención médica, sindicatos, cuidado infantil, monopolios y poder corporativo”, dice a EL UNIVERSAL el politólogo Pablo Salas.

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Angie Nixon, de 42 años, ganó la candidatura al Senado en Florida frente a un candidato, Alexander Vindman, que recaudó 16.3 millones de dólares y gastó más de 2 millones en publicidad, mientras ella recaudó 975 mil y gastó menos de 60 mil en publicidad.

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“Los floridanos no quieren que la estructura de Washington decida quién será su candidato demócrata y quién los representará en el ”, alegó. Los electores le dieron la razón.

David C. Barker, investigador del Instituto Brookings, explica que si bien “los votantes demócratas siguen prefiriendo definirse como centristas, apoyan políticas económicas progresistas y se alejan de posiciones culturales asociadas con el activismo identitario”.

Así, un elector puede rechazar la palabra “socialista” y apoyar, al mismo tiempo, impuestos mayores para los multimillonarios, atención médica universal o controles contra los grandes propietarios corporativos, como proponen los candidatos progresistas. La sola etiqueta de “progresista” no basta. Los resultados de las primarias, hasta ahora, evidencian la existencia de un malestar económico, social, que está derivando en el triunfo de los candidatos que atienden a él.

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“La mayor fuerza de los moderados aparece en lugares donde la lealtad partidista resulta insuficiente y cada candidato debe convencer, en especial, a los independientes”, afirma Salas.

Donald Trump ha convertido cada victoria progresista en una acusación contra todos los demócratas. “El Partido Demócrata se está convirtiendo en un partido comunista. Estos no son socialdemócratas: son comunistas radicales y sin Dios. Son comunistas sin Dios”, ha dicho.

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Pero algunos republicanos reconocen que la descalificación ideológica tiene límites. “Creo que, en cualquier elección, no basta con menospreciar al adversario político”, dijo el senador John Cornyn, quien pidió a explicar qué harán republicanos para reducir precios y mejorar condiciones de vida.

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Una encuesta de YouGov y The Economist sitúa la inflación y los precios, el empleo, la economía y la atención médica entre las principales preocupaciones. Los candidatos demócratas, progresistas o no, que hablan de vivienda, monopolios, deuda médica y salarios son los que han tenido mejores resultados. “Ahí es donde las acusaciones de comunismo pierden eficacia entre los votantes, si los candidatos demócratas logran mantener la discusión en costo de la vida”, dice Salas.

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De cara a las elecciones de noviembre, los demócratas tienen otra ventaja: la alta impopularidad de Trump. Los republicanos defienden en la Cámara de Representantes mayoría de 220 contra 215; los demócratas necesitan ganancia neta de tres escaños. La baja aprobación de Trump, la ventaja demócrata en el voto nacional y la tendencia histórica de las elecciones intermedias favorecen al partido opositor. En lo que va de las primarias, el electorado está dejando claro lo que quiere: respuestas, no etiquetas.

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