Hace un par de años compartí extractos de un texto del Wall Street Journal, titulado “Mientras el mundo miraba hacia otros lados, Corea del Norte se volvió una mayor amenaza”. El WSJ afirmaba que Kim Jong-un seguía impulsando el desarrollo de un arsenal nuclear más avanzado y amenazante, abandonando la esperanza de reunificación con Corea del Sur y fortaleciendo sus lazos con Rusia. Sus lanzamientos de misiles, incluido por esos días un misil balístico intercontinental (ICBM), y su acercamiento a Putin reflejaban una estrategia más agresiva y menos predecible. Según otros reportes, la administración Biden ya estaba preocupada por la creciente alianza militar entre Putin y el líder norcoreano, una alianza que podría expandir significativamente las capacidades nucleares de Corea del Norte y aumentar las tensiones en la región Asia-Pacífico. De manera que la participación de militares norcoreanos en la guerra entre Rusia y Ucrania se tenía que analizar no solo desde su impacto en ese conflicto, sino también desde sus efectos en Asia. Corramos la película hacia este 2026 y nos encontramos con que Trump parece estar buscando un nuevo acercamiento con Pyongyang y que, por lo pronto, ha reducido considerablemente la escala de sus ejercicios militares anuales conjuntos con Corea del Sur. Lo que pasa es que la respuesta de Kim, hasta el momento de este escrito, ha sido la realización de nuevos lanzamientos de misiles balísticos este 20 de agosto. Así que vale la pena regresar al contexto de la situación, los efectos de la cooperación Pyongyang-Moscú, y la forma como Washington está siendo percibida en esa zona.

Antecedentes de contexto

1. En el fondo, la situación en la península coreana permanece irresuelta y en deterioro. Las decenas de pruebas con misiles que ha lanzado Pyongyang en los últimos años son, en cierto sentido, una especie de intento por recordarlo. A estos ensayos debemos sumar decisiones como declarar definitivamente a Corea del Sur como un país enemigo y abandonar cualquier esfuerzo por la reunificación negociada, además de brotes ocasionales de intercambio de fuego en la península.

2. Hay que recordar que Corea del Norte es un país que se autopercibe bajo constante amenaza de desaparecer, más aún tras el fin de la Guerra Fría o cuando, en 2002, fue incluido como parte del “Eje del Mal” por Bush. Por consiguiente, la lógica primaria que mueve las acciones del régimen tiene que ver con garantizar su propia supervivencia y asegurar el pleno control del país. Desde su óptica, la capacidad nuclear otorga a Pyongyang la herramienta disuasiva necesaria para impedir ser atacada y para conseguir un trato distinto por parte de enemigos y aliados. Para mantener e incrementar ese poder disuasivo, Corea del Norte necesita continuar demostrando que tanto su programa nuclear como su programa de misiles siguen avanzando.

3. Durante la gestión previa de Trump, primero transcurrió un año de altísimas tensiones y de amenazas de “Fuego y Furia” por parte del presidente estadounidense. Ese fue también el año de su última detonación nuclear. Luego, sin embargo, en 2018 sobrevino un importante acercamiento entre las Coreas y entre Pyongyang y Washington. No obstante, el diálogo entre Kim y Trump terminó fracasando en 2019.

4. El acercamiento de 2018-2019. Mientras que para Trump el acercamiento de Kim era producto de sus tácticas de presión, Kim sentía que era su posición de fuerza la que había orillado a Trump a negociar. Es probable que, en realidad, la retórica exaltada y las amenazas de Trump, en combinación con su aparente disposición al uso de la fuerza, no detuvieron, sino que aceleraron el progreso del programa nuclear y el programa de misiles de Corea del Norte, que alcanzaron en 2017 niveles que no habíamos apreciado hasta entonces. Ese año, Pyongyang demostró que contaba ya con (a) bombas atómicas al menos 10 veces más potentes que las previamente detonadas, (b) la capacidad de miniaturizarlas y montarlas en misiles balísticos intercontinentales, y (c) la capacidad de hacer llegar esos misiles a territorio continental estadounidense.

Si bien había opiniones serias que indicaban que el proyecto nuclear de Pyongyang aún estaba incompleto y requería de ajustes, lo que quedaba claro es que su posibilidad de emplearlo como herramienta disuasiva se transformaba también en una poderosa arma para negociar sus intereses. Por consiguiente, más que un joven derrotado por las estrategias y las amenazas de Trump, aquel proceso de diálogo exhibía a un líder que sentía que, gracias a sus avanzadas capacidades nucleares, podía desplegar posturas de negociación mucho más firmes que en el pasado.

5. Asimismo, para Kim era indispensable reducir la brecha entre cómo él entendía la “desnuclearización de la península” y cómo la entendía la Casa Blanca. Mientras que Trump pensaba que se trataba de eliminar la capacidad nuclear de Pyongyang exclusivamente, Kim visualizaba un esquema que incluía eliminar todas las amenazas que hoy pesan en contra de su país, lo que contemplaba, por supuesto, reducir al mínimo la presencia militar de Washington en la zona.

6. El fracaso del diálogo en 2019. Esta brecha provocó que, más allá de las fotografías, las declaraciones e incluso los continuados intentos para que el diálogo avanzara, las conversaciones se estancaran.

Acercamiento Corea del Norte-Rusia

Posteriormente, la guerra en Ucrania llevó a Rusia a transformar de manera importante su aproximación hacia Corea del Norte. De haber cooperado en el pasado con Occidente para contener el proyecto nuclear de Pyongyang, Moscú pasó a niveles de colaboración sin precedentes, impulsados por sus necesidades de armamento y personal militar, hasta culminar en un acuerdo de cooperación militar firmado en 2024 entre ambos países. La participación de tropas norcoreanas en la guerra contra Ucrania exhibía una nueva dimensión de la internacionalización del conflicto, ya no limitada al suministro de armas, entrenamiento o respaldo económico, sino caracterizada por la intervención activa de terceros países. Tácticamente, estas fuerzas permitieron a Rusia defender la región de Kursk frente a los despliegues de Kiev sin tener que replegar tropas del este ucraniano. Pero, estratégicamente, su incorporación a la guerra representó apenas una medida adicional dentro de una cooperación que, como ya lo sabemos, ha seguido creciendo y que ha favorecido a Moscú tanto en la guerra como ante una eventual negociación.

Pero el tema no ha sido únicamente la guerra que transcurre en Europa. Para Kim, las necesidades rusas representaban una enorme ventaja para los temas que a él más le interesan. El fracaso del acercamiento con Trump dejó el asunto de las Coreas ocluido por otros temas, pero el proyecto nuclear y de misiles norcoreano ha continuado avanzando y es ya una realidad material difícil de revertir. Así, la alianza con Moscú no solo podría comprometer a Rusia a respaldar a Pyongyang en caso de un conflicto en la península coreana, sino que ha abierto las puertas a la cooperación en sus proyectos nuclear y de misiles, la capacitación de sus tropas y el acceso a experiencia en tecnologías militares como los drones. A ello se suma un efecto mediático que no es menor: la cercanía con Rusia volvió a colocar a Kim en el centro de la atención internacional y le permitió comunicar que Corea del Norte sigue avanzando para negociar desde una posición de fuerza. Todo esto tiene implicaciones para cualquier negociación que pudiera activar Trump en este momento.

De vuelta al presente

1. Quizás el punto del que tenemos que partir hacia 2026 es que, comparativamente con 2018, la posición de EU se encuentra debilitada y la de Pyongyang, en cambio, fortalecida.

2. Del lado de Washington, su guerra con Irán ha exhibido importantes debilidades. Primero, por un comportamiento errático y una deficiente planeación estratégica. Segundo, por su vulnerabilidad ante tácticas de combate asimétrico. Tercero, por las fracturas en sus principales alianzas que han sido ventiladas. Cuarto, por el agotamiento de su arsenal y la percepción de su incapacidad de aplicar la fuerza en múltiples arenas al mismo tiempo. Por último, y no menor, por la falta de tolerancia que exhibe buena parte de su sociedad y de sus cuadros políticos ante un conflicto armado prolongado.

3. Mientras tanto, los lazos de cooperación militar y tecnológica de Corea del Norte con Rusia, incluida su experiencia ganada en combate y con el uso de drones, fortalecen, como dijimos, su posición en su propia región. Además de Rusia, Pyongyang coopera con Irán y sus aliados en múltiples frentes, que van desde mecanismos para la evasión de sanciones hasta tecnología de misiles, drones y tecnología nuclear. Por último, la propia posición de fuerza de Kim es evaluada también desde Beijing. El 8 y 9 de junio de 2026, Xi Jinping viajó a Pyongyang y se reunió con Kim Jong-un. Fue la primera visita de Xi a Corea del Norte en casi siete años y uno de los objetivos de Xi fue reafirmar la influencia china sobre Pyongyang, precisamente cuando Moscú ha adquirido una posición mucho más importante para Kim.

Este es el punto en el que Trump está mostrando señales de querer volver a negociar con Pyongyang y en que decide reducir la escala de sus ejercicios militares conjuntos con Seúl. Lo que resulte de esta posible aproximación tiene que evaluarse bajo el contexto que describo. De eso, y de los prospectos para algún acuerdo, hablaremos posteriormente.

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