Miami.— El gobierno depresiona a para lograr cambios “drásticos pronto” y afirma que hay negociaciones. En la práctica, lo que parece estar implementándose es una “Perestroika a medias”: apertura económica sin cambio de régimen.

El pasado 17 de marzo, el gobierno de Miguel Díaz-Canel dijo que permitirá a sus connacionales en el exilio, incluso quienes ya no tienen residencia efectiva en la isla, “por primera vez, invertir en empresas privadas en Cuba y asociarse con actores económicos privados cubanos”. No se está abriendo aún toda la economía de la isla, pero se abrió un canal formal para que capital cubano del exterior entre en negocios privados y en partes del sistema financiero y productivo.

“Es un intento desesperado de buscar dinero afuera mientras el pueblo dentro de la isla sigue sufriendo hambre e incertidumbre con tanto apagón”, dice a EL UNIVERSAL el opositor y exiliado Alejandro González, quien presenta uno de los programas de radio más escuchados en el sur de Florida, junto con Maikel Rodríguez: “Lo que ofrecen no es una oportunidad, ahora buscan [el gobierno cubano] vivir del exilio”.

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Trump dijo que Cuba “quiere llegar a un acuerdo” y luego subió el tono hasta afirmar: “Creo que puedo hacer lo que quiera con ella [la isla]”. El secretario de Estado, Marco Rubio, fue más preciso sobre el objetivo político de Trump, al subrayar que “el problema fundamental es que Cuba no tiene economía”. Agregó que los líderes cubanos “prefieren estar al frente de un país moribundo que permitirlo prosperar”.

Esa posición deja claro que la Casa Blanca busca un cambio más profundo y que la apertura económica por sí sola no basta.

Economía mixta

El opositor y analista Rafael Rojas escribió que la cúpula comunista castrista ha puesto sobre la mesa una “transición a una economía mixta, pero no va a ser suficiente”. Arturo López-Levy, también opositor, resumió la urgencia del régimen en tres palabras: “Combustible, combustible y combustible”; añadió que “van a tener que ceder económica y políticamente”.

Para varios observadores, la apertura del gobierno cubano “no significa, al menos de momento, la retirada de Díaz-Canel y Raúl [Castro], aunque se espera que en cualquier momento tengan que irse”, comenta Rodríguez. “El tiempo en Cuba ya no se mide por comunicados diplomáticos, se mide por el número de apagones, por el hambre y por las protestas. La dictadura se está quedando sin oxígeno”.

Cuba necesita dinero rápido, financiar importaciones, sostener la escasa producción, mover pagos y recuperar algo de capacidad en sectores que llevan años cayendo. La economía estatal se ha contraído 11% en cinco años. El sector no estatal pasó de 44% a 55% del valor de las ventas minoristas entre 2023 y 2024. Y las importaciones privadas superaron los mil millones de dólares, un alza de 34% interanual. Esas cifras muestran las razones detrás de la apertura cubana al exilio.

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La población cubana se puede beneficiar en varios frentes con la apertura: “Primero, puede meter divisas en bancos y negocios. Segundo, puede llevar insumos a empresas privadas y a proyectos mixtos. Tercero, puede reforzar la importación de alimentos, piezas, combustible y tecnología. Cuarto, puede hacer más visible y formal un flujo de capital que existía en forma de remesas, socios informales o compras desde el exterior”, dice a EL UNIVERSAL la economista María Díaz. Reconoce que no es una solución definitiva, pero sí una medida para ganar margen operativo en una economía que hoy funciona con escasez crónica de combustible, alimentos y crédito.

Para la población cubana sin remesas, el efecto sería más lento y desigual. La ventaja más real no es una baja inmediata de precios ni una mejora automática del salario estatal, sino el incremento de oportunidades de empleo. Un análisis de Horizonte Cubano sostiene que el sector privado ha tenido un efecto positivo en empleo y salarios, y que puede ampliarlo si recibe un marco legal más estable y capital suficiente.

Sin embargo, no hay que apresurar fanfarrias, advierten los expertos: el peso cubano sigue devaluado; la inflación, alta, y buena parte de los bienes en el mercado privado se mantienen fuera del alcance de quienes cobran sólo en moneda cubana. Para algunos, se trata de una Perestroika al estilo cubano, con una reestructuración económica impulsada desde el poder, pero sin una apertura política equivalente.

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Para otros, no basta. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos pidió “una apertura económica y política real”. Justicia 11J reclama liberaciones de presos políticos “sin condiciones”.

A decir de Díaz, el cambio político aún puede venir tras el económico. “Si el dinero nuevo fortalece una sociedad más autónoma, esta medida puede convertirse en el comienzo de una erosión política mayor, pero si el dinero nuevo entra bajo la tutela del mismo gobierno que hoy manda, la apertura servirá para que la dictadura compre tiempo”.

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