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El papa Francisco partió este domingo de vuelta al Vaticano , tras darse un baño de masas en la misa de despedida de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), visitar un albergue para personas con VIH/sida y reunirse con los miles de voluntarios que han participado en la organización del evento.
El último día del pontífice en Panamá, el primer país centroamericano al que viaja, comenzó con una temprana misa ante más de 700 mil personas en un campo a las afueras de la capital, donde muchos peregrinos pasaron la noche como parte de una vigilia.
Allí, el Papa reivindicó el poder de los jóvenes como agentes de cambio y les dijo que "no son el futuro sino el ahora" y que no se dejen "adormecer" por la sociedad.
"Tenemos que esforzarnos en propiciar canales y espacios en los que involucrarse en soñar y trabajar el mañana ya desde hoy. Pero no aisladamente, sino juntos, creando un espacio en común", agregó.
A la homilía asistieron, además del presidente panameño, Juan Carlos Varela, los mandatarios de Costa Rica, Colombia, Guatemala, El Salvador, Honduras y Portugal.
Durante la misa, se anunció precisamente que la próxima JMJ se celebrará en el país luso en 2022, una noticia que ya se sabía extraoficialmente, pues a algunos obispos portugueses se les había escapado que sería en Lisboa.
El Papa, de 82 años, se dirigió luego a un hogar para personas con VIH/sida, regentado por la Iglesia y, tras escuchar el sentido testimonio de varios enfermos, clamó contra el estigma del virus y alertó de que la indiferencia "hiere y mata".
La visita al albergue social, un gesto que Francisco ya ha repetido en otros viajes -como el primero que hizo a África, el continente más afectado por el virus- vuelve a poner sobre la mesa el eterno dilema de la Iglesia: el uso del preservativo.
Más tarde, durante el Ángelus, que el pontífice reza todos los domingos independientemente de donde se encuentre, se acordó de las víctimas de la reciente explosión de una toma clandestina de combustible en México y de la rotura de una represa en Brasil y pidió una solución "justa y pacífica" para superar la crisis en Venezuela.
El terremoto político en Venezuela, de consecuencias aún impredecibles, estalló el miércoles cuando el papa volaba hacia Panamá y el líder opositor Juan Guaidó se proclamó presidente interino del país, con el respaldo de Estados Unidos y las principales potencias latinoamericanas, a excepción de México.
Hasta ahora, solo se había pronunciado el portavoz interino de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, quien se limitó a decir en un escueto comunicado que Bergoglio "sigue con cercanía el desarrollo de la situación y reza por todos los venezolanos".
Durante su viaje a Panamá, Francisco no se refirió, sin embargo, a la crisis política y económica que azota desde el pasado abril Nicaragua. Sí mencionó, en cambio, el tema de la corrupción, las olas migratorias y el desgaste del clero.
Antes de marcharse al aeropuerto, el primer papa latinoamericano de la historia se reunió con los cerca de 20 mil voluntarios de todo el mundo que han participado en la organización de la JMJ, a los que agradeció su "entrega" y "compromiso" y a los animó a contar en sus países "lo que han visto y oído" durante estos días de encuentro en Panamá.
"Podrían perfectamente haber optado por otras cosas, pero quisieron comprometerse, dar lo mejor de sí para hacer posible el milagro de la multiplicación, no solo de los panes sino de la esperanza. Necesitamos multiplicar la esperanza. Gracias, gracias, gracias", apuntó.
Es la primera vez que la JMJ, uno de los principales eventos de la Iglesia, se celebra en Centroamérica, una región que solo había sido visitada por el papa Juan Pablo II.
lsm
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