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Seattle.— La amenazante llamada anónima llegó a la hora de la cena: 5 mil dólares si no quieres que matemos a tu hijo. Fue eso lo que obligó a Blanca Orantes López, su hijo de 8 años y su esposo, a huir de Puerto La Libertad, en El Salvador, con rumbo a Estados Unidos.
Dos meses después, ella está en una cárcel federal cerca de Seattle; su hijo, Abel Alexander, en un hogar para niños en el estado de Nueva York, al otro lado del país. No sabe cuándo volverá a verlo.
“Hasta hoy no sé nada de él”, dijo entre lágrimas a The Associated Press. Su historia es uno entre los 2 mil 300 ejemplos de niños separados de sus padres como parte del intento del gobierno de Donald Trump de detener la inmigración de indocumentados.
La llamada telefónica que la llevó a iniciar la travesía de un mes hasta la frontera no fue una amenaza hueca, dijo Orantes vía telefónica. Hace tres años, el tío de Abel fue secuestrado y liberado después que la familia pagó el rescate, explicó su abogado Matt Adams, director legal del Proyecto del Noroeste por los Derechos de los Inmigrantes, con sede en Seattle.
“Cuando uno no da dinero, empiezan a matar a las personas”, dijo Orantes, de 26 años. En esta ocasión, la suma exigida era más de lo que podía reunir y el plazo era de una semana, agregó.
Ella y su hijo se separaron del padre en Guatemala. Él está oculto, y Orantes dijo que no sabe dónde está. Al llegar a la frontera, no les fue posible pedir asilo, dijo Adams. “A mucha gente que llega a la frontera a solicitar asilo les dicen: ‘No tenemos capacidad’”, dijo Adams. “Y no pueden pasar días haciendo fila porque las autoridades mexicanas las capturan y deportan. Sólo pueden cruzar el río o la quebrada”.
Es lo que hicieron. Madre e hijo entraron sin autorización a Texas el 22 de mayo, se entregaron inmediatamente a las autoridades y pidieron asilo, dijo Adams.
Los separaron para que Orantes pudiera ser procesada penalmente. La mujer dijo que ha sido trasladada a varios centros de detención, incluido uno en Laredo, Texas. En un momento dado, los funcionarios le llevaron a Abel, contó. “Me dijeron: ‘Despídase de él porque lo vamos a trasladar’”, narró. “Sólo me dijeron que me despidiera... Él sólo se puso a llorar y me dijo: ‘No me dejes, mamá’”. Yo le dije: “Vas a estar bien. Sólo eso le dije”.
Ella fue condenada por el delito de entrar sin autorización a EU y trasladada el 6 de junio al Centro de Detención Federal en SeaTac. Pasaron semanas antes de enterarse de la ubicación de su hijo, narró. No ha hablado con él. Su abogado dice que ella no tiene dinero y no le permiten hacer llamadas por cobrar al centro en Kingston, Nueva York, en donde está el pequeño. La tía del niño, María Orantes, quien vive en Maryland, ha solicitado sin éxito la custodia.
La pesadilla de Blanca no parece tener fin. “Quería trabajar, criar aquí a mi hijo. Ser una buena persona, salir adelante, tener dinero, ya no esconderme. Pensé que aquí todo iba a ser diferente”, dijo.
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