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Lleva 500 días de lucha en busca de su libertad

Edith Espinal decidió pedir asilo en Estados Unidos luego de que en México fuera testigo, junto con su esposo, de un secuestro y los criminales los amenazaran. Ahora las autoridades quieren deportarla y la representa una joven inmigrante

La abogada Lizbeth Mateo, de Oaxaca, llegó a EU a los 14 años; en mayo de 2016 se graduó en Derecho y el expresidente del Senado Kevin de León le dio su diploma. CORTESÍA LIZBETH MATEO
11/05/2019 |03:15Max Aub |
Redacción El Universal
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Columbus, Ohio





“Lleva mas de 500 días encerrada para no ser deportada, a pesar de que su caso se había cerrado”, cuenta a EL UNIVERSAL Lizbeth Mateo, la abogada defensora de Edith Espinal, una mexicana oriunda de Michoacán quien llegó a Estados Unidos en 1995 cuando tenia 17 años.

Sin embargo, “14 años después, presionados por la crisis financiera, Edith, su esposo e hijos regresaron a Michoacán”, explica la abogada, quien agrega que en 2013 la pareja fue testigo “de un secuestro y comenzaron a amenazarlos si decían algo, entonces decidieron venir otra vez a Estados Unidos para pedir asilo, y así lo hicieron”. Todo parecía ir bien.

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“Les dieron papeles y permisos temporales, se trasladaron a Columbus, Ohio, y comenzaron a hacer vida en territorio estadounidense, pero en 2015 les negaron el asilo. El problema fue que quien los representó en ese momento no supo exponer la situación y el riesgo de vida real que estaban viviendo”, subraya Mateo.

Espinal lleva año y medio encerrada en la parroquia Columbus Mennonite Church, sin poder estar con sus hijos de tiempo completo. El mayor, de 22 años, es un dreamer: nació en Michoacán y fue llevado a Estados Unidos siendo muy pequeño; los otros dos, un joven de 20 años y una menor, de 17, son estadounidenses. El esposo de Edith también es indocumentado, pero él no tiene orden de deportación, al menos por el momento.

“Desde que yo tomé el caso me di cuenta que Edith podía aspirar a una Visa U, que se le otorga a personas que hayan sufrido algún tipo de violencia, y ella ha pasado por eso”, asegura Mateo: “Ahora la urgencia es que ya tiene orden de deportación final, pero estoy confiada en que vamos a lograr que se quede al lado de su familia”.

El caso de Espinal “no ha sido tan mediático como el de Jeanette Vizguerra o el de Elvira Arellano, porque ella ha preferido manejarse con un perfil bajo, pero igual que Jeanette y Elvira, Edith está bajo presión de las autoridades y en grupos de apoyo comunitario, además, participa en servicios de orientación y apoyo a indocumentados, es muy activa en su comunidad”, cuenta la abogada.

Mateo entiende bien por lo que atraviesa Espinal. La abogada, oaxaqueña de nacimiento, llegó a Estados Unidos a los 14 años, terminó la secundaria y la preparatoria.

Por esa época, el Senado estatal de California aprobó una ley que permitía a indocumentados estudiar la universidad con precios de residentes legales y Lizbeth aprovechó esa oportunidad: en mayo de 2016 se graduó en Derecho con honores de la Universidad de Santa Clara y el propio expresidente del Senado, Kevin de León, le entregó su diploma, pese a su condición y hasta el día de hoy no ha cambiado su estatus legal.

“Entro y salgo de los centros de detención a ver a mis clientes sin problemas”, comenta la abogada Mateo, con una leve sonrisa. “Voy a cortes a ver y a representar a mis clientes frente a jueces de inmigración y no he tenido ningún problema”.

Mateo conoce a Espinal desde hace tiempo: “En 2013 salí de Estados Unidos y me fui a buscar a varios dreamers que habían salido deportados o voluntariamente del país”, narra.

“Regresé a Estados Unidos con ocho de ellos —entre ellos Espinal—; nos conocieron en las noticias como el Dream Team 9, logré que las autoridades aceptaran sus peticiones de asilo, estuvimos detenidos 17 días y nos soltaron, pero ese incidente hizo que yo no pudiera aspirar al DACA [programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia].

“Trataron de abrirme un caso para deportarme; en 2014 desistieron y lo cerraron, aunque las autoridades lo pueden reabrir en cualquier momento”, confiesa la activista.

Espinal confía en su abogada y está segura de que ambas van a lograr detener y cerrar su caso de deportación.

El 23 de abril se llevó a cabo una reunión denominada Todas las manos reunidas en apoyo a Edith Espinal, que duró dos horas en la Central de Trabajadores de Ohio: “Aún no sabemos en qué momento podrá salir de la iglesia Edith, pero tenemos mucha fe y sabemos que, si ya pasaron más de 500 días, cada día que pasa falta menos”, concluye Mateo.

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