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El Piojito se llama Roberto Carlos Alvarado.
Era el galán de Salamanca. Bueno, no el galán, pero sí el que mejor jugaba.
No era muy alto, pero sí veloz, y le pusieron Piojo por su admiración a Claudio López, el argentino que hizo época con el Valencia y también en el América.
Un buen día, le dijeron: “Estás para irte a Europa”, y se fue, a probarse al Manchester City, pero no se halló y regresó a su ciudad; de ahí, se fue a jugar al Celaya.
En el inter, se ganó sus llamados a la Selección Mexicana, colgándose una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos Tokio 2020 y aferrándose a acudir a la Copa del Mundo Qatar 2022.
No todo ha sido sencillo para el Piojito. Fuera de la cancha tuvo que ajustarse a los pocos recursos de su familia, que hacían complicado el apoyo para que triunfara en el futbol.
El Piojito sigue siendo el mismo chico risueño que corría por las calles de Salamanca, sigue siendo ese soñador que fue a Inglaterra, sigue siendo el luchador que debutó en Necaxa, que fue campeón con el Cruz Azul y busca brillar con las Chivas.
Ese Piojito va que vuela para grande.
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