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Cuando arrestaban a los besucones

¿Te han arrestado por dar un beso en público? La persecución de los apasionados no es algo nuevo. En la Ciudad de México de los años 20 te llevaban a la comisaría por “faltas a la moral”, el beso también se quiso impedir por ser “antihigiénico”
¡Se prohibe el beso en México! El Universal Ilustrado
06/07/2019
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Texto: Nayeli Reyes
Foto actual: Germán Espinosa
Diseño Web: Migue Ángel Garnica
 

Hace unos días Juan besaba a su acompañante en un parquecito de Tecámac. De pronto llegó el “mal tercio”, un policía del Estado de México con un discurso atorado en su lengua: “¡Qué pasó chavos!, ¿cómo están haciendo eso? Si aquí hay una cámara y según el bando municipal no pueden atentar contra la moral y las buenas costumbres, los voy a tener que remitir…”

“¿Contra la moral de quién?”, se preguntó Juan. No, esta no es una escena del siglo pasado, cuando las manitas sudadas de los amorosos recorrían con miedo las calles. En la Ciudad de México las cautelosas se iban al cine o rumbo a un callejón anochecido; las desafiantes tronaban el beso en público.

Así lo hicieron doña Graciela Deledda de Orihuela y su marido, pero más tardaron en soltarse los labios al despedirse en la penumbra que en ser arrestados por un “técnico” (así llamaban a los policías).  

El 28 de abril de 1927 el periodista Jacobo Dalevuelta relató aquella visita de los enamorados a los “sombríos umbrales de una comisaría”, donde recibieron una sanción y el consejo de un policía: le sugirió a la señora besar a su pareja “en donde no la vieran”, no “al sol o bajo la luna”.

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“El único beso que debe abolirse”, cartón en EL UNIVERSAL ILUSTRADO donde se debate la supresión de este hábito. (23 de octubre de 1924).

En esos tiempos estas detenciones eran comunes. Dalevuelta acudió hasta la oficina de Juan Correa Nieto, procurador de Justicia del Distrito Federal, con la indignada pregunta de Graciela: “¿Puede usted decirme señor procurador, si en México existe en los Códigos una prohibición de besar las mujeres a sus maridos?”.

Correa Nieto tenía fama de “intratable”; sin embargo, su defensa del “beso casto” le valió un apodo de por vida: “Procurador del beso”.

No hay ningún precepto en el Código que prohíba besarse. Y lo que la ley no prohíbe explícitamente está permitido…He besado mucho, estamos en plena primavera. No deseo que el surtidor de mis besos se agote. Yo soy el más ardiente defensor de la legitimidad del beso”, puntualizó.

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En la década de los 20 las mujeres con pantalones no eran bien vistas y el incumplimiento de las promesas de matrimonio era sancionado con una indemnización. Foto: Archivo EL UNIVERSAL (1986).

¿Entonces cuál era la razón de los arrestos? María Elena Orta, docente de la Facultad de Derecho (UNAM), explica que pudo existir algún bando gubernamental donde lo especificara o quizá sólo sucedía por la moralidad de la época.

“Besarse en público era una afrenta… había un estricto régimen moralista, estaba socialmente muy sancionada la relación personal entre sujetos de distinto sexo”, detalla la doctora sobre la capital de esos años: semirural, poco poblada, apenas una mancha urbana
 

“Guácala, qué rico”

“El beso es sucio, tonto, vulgar y enormemente peligroso…un pecado muy dulce, pero muy malo”, dijo con ironía la comentarista Blanquita de Montalbán cuando le preguntaron en octubre de 1924 sobre la prohibición de esta muestra afectiva en países como Japón y Rusia por considerarlo antihigiénico, “…la prohibición no hará sino subir de sabor y color el beso”.

Desde ese año existía la sospecha de vedarlo definitivamente también en México. En las páginas de EL UNIVERSAL ILUSTRADO Evan Stachino sentenció: “Si nos quitan el beso, ¿qué nos queda?. . . Amor bestial, amor a secas, sin el dulce romanticismo de antaño. Entre nosotros, felizmente, la prohibición no podrá arraigar, por nuestro temperamento latino”.

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“Adiós a los besos”. Titular de EL UNIVERSAL. 1 de junio de 1928.

Otros augurios prometían el fin de los noviazgos, el cierre de los cines y el aumento de monjas en los conventos. En tanto, Luz Ach soltó en una carcajada: “¿Quién va a prohibirme a mí que bese al que me dé la gana?. . . Además, la boca se hizo para besar y para comer”.

El 1 de junio de 1928 la pesadilla de los besucones casi se volvió realidad. Ese día la Academia Nacional de Medicina aprobó una campaña para impedir el beso y el apretón de manos, hábitos aprovechados por microbios para la “destrucción de la humanidad”, según el médico Ángel Brioso Vasconcelos. Por suerte el Departamento de Salubridad no apoyó la propuesta.

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“El Departamento de Salubridad no abrirá campañas contra el beso ni contra el saludo porque cree que las teorías son siempre inferiores a la fuerza de los hábitos y los afectos y que una orden no es capaz de borrar una tradición”, anunció EL UNIVERSAL.

Sin importar el apocalipsis sanitario ni la persecución de los vengadores de la moral, las parejitas siempre encontraban dónde echar pasión.

En junio de 1928 Pablo de Góngora escribió en este diario: “Tratándose del beso…nos reímos de la tuberculosis, del cáncer, de las úlceras del estómago, de la difteria, de la lepra…El yo pasional, mejor diré animal, es suicida por naturaleza.”


¡Liberen al beso!

“¿Ya está permitido el beso a bordo de los autos?... Pues ¿desde cuándo se había prohibido?... Para mis clientes más o menos alegres y más o menos enamorados, la prohibición no ha existido jamás y si algunos la conocían, abiertamente demostraban ignorarla… cuando los besos ‘granizan’ me pongo a silbar A Media Luz, comentó el taxista Agustín Trejo Mancilla en 1928.

El 3 de octubre de ese año Antonio Ríos Zertuche, inspector General de Policía, difundió una circular escrita con tinta rosa donde ordenaba a los comisarios de la capital abstenerse de detener personas por besarse en calles, automóviles y lugares públicos, excepto en el caso de “ultrajes a la moral pública y a las buenas costumbres”.

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“El beso es libre en la metrópoli”. Titular de EL UNIVERSAL. 3 de octubre de 1928. El gusto por los piquitos del siglo XX permanecen en el recuerdo de una copla popular: “Comadre: cuando me muera/ haga de mi barro un jarro, / si tiene sed en él beba/ si en los labios se le pega/ ¡son los besos de su charro!”

“No tiene importancia la circular liberadora del beso. Yo seguiré prefiriendo mi rinconcito del cine”, comentó en aquella fecha una muchacha después de que un reportero le pidió su opinión. Ante la misma solicitud, una madre de familia “honorable” y con hijas azotó la puerta al periodista después de gritar “pregúnteselo usted a mi marido...”

En tanto, un “técnico” fue tajante: “Las órdenes superiores no se discuten: ¡se cumplen!”. El cazador de besucones prometió sólo actuar ante el exceso: “eso sí hay algunas parejitas que buscan lo más oscuro de los jardines para besarse…y algo más también difícil de decir”.

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En 1928 Brioso Vasconcelos, impulsor de terminar con el contacto físico, celebró la libertad del beso: los bacilos, cocos, estroptococos y espiroquetas “¡estarán de plácemes! ¡Lo siento por la humanidad!”. Foto: Colección Villasana-Torres (1957).

Los cazadores de besucones no se detuvieron del todo, siguieron espantando en parques y avenidas. En 1957 la revista Hoy recordó un intento de arresto 20 años atrás en la calle Bucareli: un oficial quiso arrestar a un empresario estadounidense por besar a su esposa en la vía pública.

Según la doctora María Elena Orta, en la actualidad se supone que la moral no influye en los procesos judiciales, pero en los hechos sí hay contenido de este tipo en la norma jurídica, aun así no es fundamento para juzgar algo en materia jurisdiccional.

Por ejemplo: no se puede arrestar a nadie por besarse en público bajo el argumento de atentar contra la moral si el motivo no está explícitamente en una disposición.

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“He podido ver muchas veces cómo lloraban y rogaban señoritas —que en verdad se veían decentes— cuando las querían llevar a la oficina por darse un beso con sus amigas en la vía pública”, recordó entre silbatazos un agente de tráfico en 1928. Foto: Archivo EL UNIVERSAL (1967).

El carácter moralista de las normativas sobrevivió este siglo: en enero de 2009, en Guanajuato se aprobó un bando municipal que vedaba el beso en las calles, los desobedientes se arriesgaban a 36 días en prisión y una multa de mil 500 pesos. Por la avalancha de críticas unos días después el Ayuntamiento local prefirió revocarlo.

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“Dos enamorados, un galán y una estrella, se encuentran, se dan cita y se besan en plena calle. Nadie se fija y ellos menos. Y es que el beso en nuestros días forma parte del paisaje urbano, de la ciudad multicelular, de la Metrópoli”: revista Hoy (1957). Foto: Colección Villasana-Torres    

La experta en derecho expone que los conceptos “ultrajes a la moral” y “buenas costumbres” ya desaparecieron de la Ciudad de México, la Ley de Cultura Cívica no los contempla, pero en otras localidades aún son comunes.

Las libertades se siguen peleando. En marzo de 1935 una publicación de este diario reconoció: “Ya se sabe que el beso en el cine es una de las conquistas sagradas e inalienables de las nuevas generaciones. Aquellos besos anticuados de tranquita, de soplido, de reja y de contrabando, pertenecen a la época de las películas mudas”.

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Folleto de cine de 1939. Foto: Colección Villasana-Torres

La fotografía principal es parte de un reportaje de la revista Hoy (1957) donde se recuerda cómo era la ciudad 20 años atrás. Tomada de la Colección Villasana-Torres.
 

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Fuentes:

  • Entrevista a la doctora María Elena Orta, docente de la Facultad de Derecho de la UNAM
  • “¿Debe suprimirse el beso?”. EL UNIVERSAL Ilustrado (23 de octubre de 1924)
  • “Cosas del mundo. ¡Una liga contra el beso!”. EL UNIVERSAL Ilustrado (23 de diciembre de 1926)
  • “Soy partidario del beso: Correa Nieto”. Jacobo Dalevuelta. EL UNIVERSAL (28 de abril de 1927)
  • “¡Adiós besos! Y ¡adiós apretón de mano!”. EL UNIVERSAL (1 de junio de 1928)
  • “Las teorías son siempre inferiores a la costumbre”. EL UNIVERSAL (2 de junio de 1928)
  • “¿Para qué sirven los labios?”. Pablo de Góngora. EL UNIVERSAL (6 de junio de 1928)
  • “El beso es libre en la metrópoli”. EL UNIVERSAL (3 de octubre de 1928)
  • “El beso y lo que se dice del “beso libre”. EL UNIVERSAL (4 de octubre de 1928)
  • “Avisos a tiempo”. EL UNIVERSAL (27 de marzo de 1935)
  • “El beso es parte del paisaje urbano”. Revista Hoy (9 de marzo de 1957)

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