Dos años después de la irrupción del Covid-19 a la Ciudad, miles de personas volvieron a disfrutar la tradicional representación de la Batalla de Puebla en el Peñón de los Baños; salieron con ganas, como extrañando la enorme verbena.

Desde las 13:00 horas los “nacos” o zacapoaxtlas empezaron a llegar; sus tiznados rostros sólo resaltaban la mexicanidad. Niñas, amas de casa, adultos de la tercera edad, todos participaban, ataviados sin importar el inclemente sol y el calor que entre las 14:00 y 16:00 horas alcanzó los 38 grados en aquella zona, pero ahí se piensa en todo: pulques de a 20 pesos el litro o micheladas de 40 pesos eran la solución.

El acto conmemora la batalla que puso en alto el nombre de México y del Sexto Batallón Nacional de Puebla o de los zacapoaxtlas al mando de Ignacio Zaragoza, cuando derrotaron al ejército invasor francés de Napoleón III. Los vecinos se caracterizan de Benito Juárez, de Ignacio Zaragoza, de Manuel Doblado, del general Prim y de Juan Francisco Lucas, jefe de los zacapoaxtlas. “Los más finos” se funden en trajes de los generales franceses y de sus tropas.

“Ahora la verdadera batalla fue contra el Covid, perdimos a mucha gente, muchos adultos, jóvenes y de todo, entonces por eso salimos con más fuerza. Esta fiesta es ya una tradición, viene mucha gente de todos lados a verla, a disfrutarla, ya en la noche algunos se ponen locos, pero son los menos, lo que importa es que todos convivimos y ve, creo que la batalla contra el Covid, también la ganamos”, comenta doña Elena, quien tradicionalmente se instala frente a la plaza de Peñón de los Baños a vender elotes.

Del otro lado de la banqueta, los zacapoaxtlas o simplemente indios, son más, se distinguen por sus calzoncillos largos y camisas de manta, sombrero de palma y huaraches. Portan un cacaxtle, que es una delgada rama atada en forma circular con un tejido doble que permite que fun cione como morral o bolsa para las previsiones, piedras, pólvora y ahora unas latas de cerveza.

Mientras avanzan cargan los rifles preparados exclusivamente para esta festividad; ponen la culata en el suelo, la retacan de pólvora, giran la cabeza rápidamente para percatarse que no hay nadie cerca y disparan al aire.

“Hasta la pólvora y los rifles extrañaban salir, tenían dos años sin usarse y están como nuevos, hasta bonito se oyen”, grita un zacapoaxtla tras detonar su arma.

Hasta las 19:00 horas todo es algarabía, únicamente algunos elementos de la policía se mantienen vigilando.

Como todos los años, los del Peñón ganaron la batalla, ya sean zacapoaxtlas o franceses, pues si le ganaron al ejército de Napoleón, pueden vencer a cualquier cosa, incluso al mortal virus.

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses

[Publicidad]