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En el Parque Ejidal San Nicolás Totolapan se produce el pino blanco o vikingo y el oyamel, éstos deben permanecer en tierra al menos siete años, pasado ese tiempo se les da forma cónica y pueden ser cortados. Foto/ FOTOS: ISELA HINOJOZA. EL UNIVERSAL

“Plantar árboles de Navidad ayuda a preservar el bosque”

01/12/2019
02:24
Isela Hinojoza
Ciudad de México
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Aarón oferta sus ejemplares en el Ajusco; crecen en zonas degradadas: Conafor

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En el bosque del Ajusco, en la parte que corresponde a la alcaldía Magdalena Contreras, Aarón camina entre sus preciados árboles, sacude las ramas con cautela y continúa su paseo.

La temporada navideña inició y el trabajador de esta zona desea que los ejemplares luzcan lo mejor posible para que los visitantes del Parque Ejidal San Nicolás Totolapan, declarado Reserva Ecológica Comunitaria en 2006, se lleven los mejores para adornar sus casas.

Aarón Trujillo Camacho y sus hermanos son productores de árboles con registro desde 2004, y dicen que, a pesar de los años de espera y esfuerzo, se sienten orgullosos de que sus plantaciones sean parte importante de la conservación de los bosques de la capital.

“Mi abuelo nos traía a estas parcelas de pequeños a cultivar avena, maíz y frijol, pero después ya no fue redituable; años más tarde surgió la idea de plantar árboles de Navidad, lo que se nos hizo interesante porque significa preservar el bosque”, relata a EL UNIVERSAL mientras se dirige a talar uno.

Gracias al esfuerzo de ellos y otros ejidatarios, actualmente la capital tiene 131 hectáreas de árboles de Navidad en Tlalpan, Milpa Alta y Magdalena Contreras, lo que se traduce en 149 mil 800 ejemplares para esta temporada, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Estas cifras colocan a la Ciudad como la segunda entidad con mayor producción a nivel nacional después del Estado de México, con 321 mil ejemplares; en tercer lugar está Veracruz con 29 mil 575.

En el país son 12 estados los que tienen plantaciones forestales comerciales legales que, en conjunto, acumulan 2 mil 500 hectáreas.

Pese a que cada año la producción aumenta, no logra contrastar con la gran cantidad de ejemplares que se importan, explica Pedro Esteban Díaz, suplente legal de Conafor Ciudad de México.

“La mayoría de árboles que se venden en nuestro país son importados. Se estima que entran a México alrededor de millón y medio de individuos al año, de los cuales algunos traen plagas, por lo que la Conafor trabaja para impulsar las plantaciones locales para cubrir la demanda nacional”, explica.

Las cifras le dan la razón, ya que el último reporte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) indica que del 4 al 22 de noviembre, en la ejecución del Programa de Verificación e Inspección a la Importación de Árboles de Navidad, fueron retornados 4 mil 228 ejemplares por plagas.

Beneficios ambientales

Las plantaciones de estos árboles en la Ciudad de México, comenta Esteban Díaz, se consideran de gran valor forestal debido a los beneficios, tanto ambientales como sociales, que aportan, ya que fueron desarrolladas en zonas degradadas o de actividades agrícolas, sin dejar de lado la generación de empleos.

Aarón Trujillo detalla que en el parque San Nicolás Totolapan son cinco familias las que mantienen este tipo de plantaciones y, en su caso, él brinda trabajo a 12 personas durante todo el año, quienes se encargan del riego, poda y restauración de los árboles.

“Nosotros iniciamos los ensayos de las primeras plantaciones en el año 2000. La gente decía: ‘¿Cómo van a esperar siete años en cultivarlos?’, pero nos decidimos a hacerlo y en 2004 iniciamos el registro ante la Semarnat”, cuenta.

Ellos producen el pino blanco o vikingo (pinus ayacahuite) y el oyamel (abies religiosa), los cuales deben estar en tierra siete años, pasado ese tiempo se les da forma cónica y pueden ser cortados.

Estas plantaciones brindan diversos beneficios, pues contribuyen a la captación de CO2, a la filtración de agua a los mantos acuíferos y es el hogar de diversas especies.

Este parque ecoturístico cuenta con más de 2 mil 400 hectáreas, es el segundo más grande de la Ciudad de México, y ocupa el primer lugar en importancia ecológica al poseer el último río vivo de la capital y ser el hábitat de diversas especies de flora y fauna, como el venado cola blanca, búhos, reptiles y aves.

Al llevarse un árbol de Navidad natural se contribuye a la preservación de los ecosistemas contra el cambio climático, afirma la Conafor.

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