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Unas horas antes de la llegada de los Reyes Magos a los hogares de la Ciudad de México, los alrededores del Ángel de la Independencia se convirtieron en un lugar lleno de sonrisas de niñas y niños, quienes degustaron un pedazo de la megarosca —que este año alcanzó para 28 mil personas— y recibieron patines del diablo, peluches y otros juguetes que les enviaron Melchor, Gaspar y Baltasar, a través del Gobierno capitalino.
“Sí, ya la tengo (la cartita a los Reyes Magos), les voy a pedir un set de unas muñecas que me gustan, las he visto en internet”, contó a EL UNIVERSAL una pequeña de ocho años, mientras tomaba un cuartito de leche de fresa que le regalaron y jugaba con un tigre de peluche.
Al encabezar la partida de rosca, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, afirmó que hay “un gran acuerdo” con los Reyes Magos para apoyar la educación inicial para las infancias de la Ciudad de México, brindar educación con metodologías de respeto y ternura y que niñas y niños puedan vivir una infancia feliz, alegre y sin violencia.
Además, invitó a los Reyes Magos a entregar juguetes que no tengan roles de género, con los que se pueda garantizar una educación sin roles predeterminados.
“A las niñas no sólo les demos muñecas y juegos de té y a los niños no sólo les demos carritos y, mucho menos, armas de juguete. Queremos que reciban juguetes que los ayuden a imaginar, a crear, a ser felices y a divertirse”, dijo.
Minutos antes de las 11:00 horas, previo a la llegada de la mandataria, ya había una fila de niñas y niños que se extendió por varios metros a lo largo de Paseo de la Reforma.
Junto a sus madres, padres y familiares, esperaban ansiosos por un trozo de rosca.
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