Covid-19 opaca la tradición artesanal

Metrópoli 28/10/2020 02:46 Laura Vázquez Actualizada 05:43
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Por cierre de actividades, talleres de dulces típicos y de papel picado reducen producción y dejan de vender 40% para Día de Muertos

Como cada año, la temporada de flor de cempasúchil, papel picado y calaveritas de dulce llega a la Ciudad de México, donde artesanos se preparan para recibir el Día de Muertos; sin embargo, este 2020 la pandemia de Covid-19 puede opacar la tradición.

Catrinas, calaveritas, esqueletos y ataúdes desfilan por la Dulcería Jiménez Hermanos, ubicada en el Mercado de Sonora. Se trata de una pequeña empresa con más de 80 años fabricando uno de los elementos más indispensables en las ofrendas.

“Las calaveras es lo que realmente nos saca a nosotros de todo el año, es nuestra temporada más fuerte, porque empezamos con tres, cuatro meses de anticipación a fabricar y nos saca adelante”, manifiesta Guillermo Jiménez.

A pocos días de la llegada de los fieles difuntos, en el taller de los hermanos Jiménez están por terminar las últimas calaveritas que son decoradas con papeles vistosos y azúcar de diversos colores, aunque la producción no fue la misma.

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En el taller de papel picado trabajan 14 personas; por la falta de recursos tuvieron que recortar a seis empleados.

“Tuvimos que cerrar dos meses y medio y nosotros no pudimos comenzar en las fechas que cada año iniciamos, esto nos trajo como consecuencia de que la venta este año está de 50% a 60% en comparación a otros años”, precisa Guillermo.

Por su parte, en Xochimilco, desde hace unos meses en el taller de la familia Torres Alfaro se volvieron a escuchar los golpeteos de sus fierros, cinceles y escuadras que producen por miles, catrinas, calaveras y flores.

“Dejamos cinco meses sin trabajar, tuvimos muy poco trabajo y fue hasta finales de agosto cuando comenzamos a laborar más en forma. Nuestras ventas bajaron 40%”, comenta Yuriria Torres.

La emergencia sanitaria logró silenciar los talleres de Artesanías Papel Picado, por lo que Yuriria, la dueña del lugar, tuvo que recortar una parte de su personal e innovar el negocio familiar con otros productos, dejando a un lado la elaboración de papel picado.

“Ahorita somos 14 personas las que dependen de este trabajo, anteriormente era una plantilla de 20 personas, pero seis ya no trabajan; se les invitó a buscar otro empleo porque ya no teníamos la posibilidad de solventar este gasto”, expone la propietaria.

A pesar de que son tiempos difíciles y la mayoría de las actividades conmemorativas de Día de Muertos en la capital se encuentran canceladas, para los artesanos superar esta crisis es primordial y se mantienen optimistas en espera de que la venta mejore para este 1 y 2 de noviembre.

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