15 | FEB | 2019
Doña Maricela Herrarte, damnificada del 19S en la Colonia Centro
La señora Maricela Herrarte en el interior del campamento improvisado que ella y los demás damnificados armaron tras el sismo del 19 de septiembre de 2017. Fotos: Valente Rosas/EL UNIVERSAL

Vivir en la calle o en un edificio en ruinas, dilema de damnificados del 19S

14/02/2019
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CDMX
Alfredo Fuentes / Clínica de Periodismo
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En una carpa viven cuatro personas que sólo entran al edificio en ruinas para hacer sus necesidades; otras 12 personas, entre ellos 5 niños no mayores a ocho años, se resguardan en un edificio con daño estructural

En este edificio no vive nadie, al menos no con tranquilidad. A doña Maricela y a las familias que viven en él, les cuesta dormir por la noche, dudan y les da miedo que haya otro terremoto como el del 19 de septiembre de 2017 que dejó este inmueble, sobre Iturbide 12 en el centro de la Ciudad de México, con daño estructural.

Originaria de Puebla, la señora Maricela Herrarte vive en ese edificio desde hace 10 años, pero tras el siniestro ha tenido que intercalar en el último año y medio entre una carpa en la calle y el multifamiliar inhabitable.

Con 16 departamentos, este edificio era albergado en su totalidad. Tras el 19S todas las familias lo desalojaron, unos, al recibir una ayuda por parte del anterior gobierno de la ciudad, eligieron irse y nunca regresar, otros, 16 para ser exactos, formaron una gran familia que optó por vivir en la calle.

"Recibimos un dictamen que nos decía que era inhabitable, pero una vecina se llevó el original y nunca regresó a dar la cara", sin ese papel, cuenta doña Maricela, en el Instituto de la Vivienda (Invi), no los quisieron atender, "prácticamente nos abandonaron", lamenta.

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Debido al riesgo del que fueron notificados en el oficio, no tuvieron otra alternativa que mudarse al campamento improvisado que armaron a tan sólo horas de que el terremoto, con epicentro en la frontera de Puebla y Morelos, sacudiera su hogar.

No obstante, su vida sobre el asfalto y bajo la carpa no los trató bien, "en tiempos de lluvia es horrible" asegura doña Maricela. Pero también el frío y el miedo a que un carro los atropelle, les impedía conciliar el sueño, externa Graciela, otra de las inquilinas.

Las condiciones climatológicas, robos e incluso atentados contra su vida, los hicieron cambiar la calle por el inmueble agrietado a un año de la tragedia.

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Sin embargo, doña Hilaria, de tez morena y 62 años, se niega regresar al edificio, "da mucho miedo, está todo muy cuarteado", describe. Por otro lado, afuera no se siente segura, pues según cuenta, se han metido a robar las pocas ganancias que genera de su venta de dulces, "ahora por eso se queda el muchacho, para que no se metan al campamento", dice al referirse a Prisciliano, su hijo de 32 años.

Pero esto, de lejos, es el menor de sus problemas, ya que en dos ocasiones le han prendido fuego a su carpa con ella y su hijo dentro, "la otra vez, eran como las dos de la mañana, sentimos el calor y despertamos y el humo ya estaba hasta arriba" externa preocupada.

Aunque sabe que no tiene alternativas, prefiere quedarse en el campamento, pues al tener una discapacidad en la pierna izquierda que le impide caminar con soltura, teme que, de haber otro temblor, no pueda salir y quede atrapada en el edificio donde compró su departamento de 50 mil pesos que se niega perder.

Al igual que ella, bajo la carpa viven otras tres personas que sólo ingresan al inmueble para "hacer sus necesidades" o para tender su ropa, aunque de manera precavida, porque el miedo prevalece. Mientras, las otras 12 personas, entre ellos 5 niños no mayores a ocho años, viven, comen y duermen día a día en el edificio, tratando de ignorar el riesgo que implica permanecer en él.

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La ayuda que no llega

Durante el periodo de transición posterior a las elecciones de 2018 (julio-diciembre), el equipo de Claudia Sheinbaum, levantó un censo de damnificados por el 19S. El edificio de Iturbide 12 cuenta con su respectivo sello de censado con folio 03873, dicha consulta se realizó el 25 de octubre, pero a la fecha, doña Maricela, doña Hilda, doña Graciela y sus familias no han tenido noticias.

"Lo único que nos dijeron es que el edificio iba a a ser demolido, pero desde entonces ya no vinieron"

Por su parte, ellos ya no se acercan a las instituciones gubernamentales, porque, afirman, los traían "vuelta y vuelta". Por lo pronto, "cuando entró el nuevo gobierno de la ciudad, vinieron y nos dieron 2 mil 400 pesos por familia", dice resignada doña Maricela. Ahora, cansados y aburridos de la situación no hacen nada más que esperar a que un nuevo terremoto no azote la ciudad o, en su defecto, la tercera vez que intenten prender fuego al campamento no sea la vencida.

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