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En medio de la celebración de la fiesta de Pentecostés, en la Parroquia del Espíritu Santo, ubicada en las inmediaciones de la alcaldía de Iztapalapa, el arzobispo primado emérito Norberto Rivera, ofreció una misa y palabras de aliento a la familia del joven Norberto Ronquillo, quien fue secuestrado el martes pasado al salir de la Universidad del Pedregal cuando se dirigía a la casa de sus tíos.

Aunque la familia pagó el rescate que pedían por él, hasta el momento el joven universitario no aparece ni se tiene una idea de su paradero. En la misa, estuvo presente la madre de Norberto, Norelia Hernández, sus hermanos y el rector de la Universidad del Pedregal, Armando Martínez, quienes escucharon atentos las palabras del clérigo, al tiempo que recibían abrazos y “ánimos” de los asistentes a la misa.

Aunque la ceremonia religiosa no fue para la familia de Norberto, los organizadores del evento convinieron que Norberto Rivera ofreciera unas palabras a la familia Ronquillo Hernández, debido a la cercanía del clérigo con la Universidad del Pedregal, apoyo que se dejó sentir con la asistencia de varios estudiantes, maestros y familia de esa comunidad universitaria.

A ellos, el arzobispo primado les recordó que actualmente la ciudad y, en general el país entero, atraviesa por una crisis de inseguridad que ya, dijo, es insoportable para todos y que por eso incluso los habitantes de la Ciudad de México, la están abandonando; “vivimos en una situación muy difícil actualmente, en ocasiones insoportable. Cada día nuestra ciudad crece en esa violencia que va arrojando a sus habitantes hacia otras partes, huyendo de esta hermosa ciudad”.

“De esta ciudad tan significativa para tantos de nosotros, por qué, porque se hace insoportable para todos aquellos que de alguna manera, y somos muchos, hemos vivido directamente la violencia en esta ciudad, esperamos en Dios que ilumine a todos aquellos que pueden trabajar en favor de la paz”, expresó Norberto Rivera en su homilía.

La familia Ronquillo Hernández escuchaba atenta las palabras del arzobispo, en todo momento se abrazaban y se limpiaban las lágrimas. “Por esa razón nos duele tanto y nos unimos al dolor de Norelia que no sabe, no tiene idea de quién se llevó a su hijo Norberto”, dijo.

“Nos unimos a su dolor y también a su esperanza para que pronto sea recuperado, nos unimos a toda la comunidad de la Universidad del Pedregal, nos unimos a nuestros hermanos que está en Meoqui y que permanecen en oración con el fin de que Norberto vuelva con su familia”, expresó.

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