La contaminación puede generar irritación de ojos, malestar en vías respiratorias y agravamiento de ciertas enfermedades, lo que empeora al ser una situación cotidiana en la Ciudad.
El Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la UNAM, dirigido por Samuel Ponce de León Rosales, indica que en los últimos 50 años, la capital pasó de una urbe transparente a ser una megalópolis con una atmósfera cargada de contaminantes, cuyos efectos “apenas vamos reconociendo, pero sabemos que son graves”.

La polución está asociada a riesgos cardiovasculares, pulmonares, neurológicos (como trastornos del sueño y convulsiones) y embrionarios (disminución de la concentración de espermatozoides, alteraciones en la formación y la calidad del óvulo), entre otros.
Algunas partículas precursoras de la contaminación son el ozono (O3), monóxido de carbono (CO), el dióxido de azufre (SO2), material particulado PM2.5 y PM10, benceno y plomo.
Raúl Hernández García, de la Facultad de Medicina de la máxima casa de estudios del país, explicó que las PM10 son partículas que por su tamaño no entran a los bronquios, se atoran en la garganta y en la faringe y nos hace tener sensaciones de molestia y estornudos frecuentes.
Las PM2.5, al tener una estructura similar a los aerosoles, se meten hasta el fondo de los pulmones e impiden el desarrollo del sistema respiratorio, lo que disminuye los niveles de oxigenación y se relaciona al desarrollo de diabetes.
El experto recomendó evitar actividades y ejercicios intensos al aire libre, usar cubreboca y acudir a un centro de salud cercano, especialmente si tiene problemas en las vías respiratorias.
“La calidad del aire que respiramos es un problema que nos compete a todos. Acciones como compartir el auto, mantenerlo en buenas condiciones u optar por bicicleta o caminar en distancias cortas, pueden hacer una gran diferencia”, dijo.
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