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Vívidos focos alumbran la estrecha avenida de dos sentidos. El aroma de la carne de cerdo adobada se logra colar en el coche. Dejamos atrás, por lo menos seis, locales de tacos para llegar a la esquina formada por la Calzada Azcapotzalco La Villa y Chosica , donde reside La Michoacana , un humilde recinto que ostenta uno de los mejores tacos al pastor de la ciudad o, al menos, con esa promesa me trasladaron hasta Lindavista en un sábado cualquiera.
Son las 10 de la noche y el trompo está a punto de terminarse. Mi acompañante ordena 20 tacos, yo comienzo de forma más discreta con cinco. Quien haya visitado El Huequito , se sentirá familiarizado con la forma de servirlos, pues la tortilla se enrolla a modo de gaznate.

El héroe sin capa detrás del trompo porta una playera negra con el logo de Batman y una sonrisa en el rostro. En pocos minutos construye una pirámide de tacos que, además de asombro, inicia la conversación con uno de los comensales que espera un pedido para llevar. “¿Tienes mucho tiempo viniendo?”, le pregunto con curiosidad. “Uuuuuy, como 15 años”, me contesta con efusividad. “Me encantan estos tacos, es la tercera vez que vengo esta semana”, confiesa riendo. Tras un breve intercambio de palabras, se aleja con su orden y una misión: volver con el superpoder de devorar dos decenas de cilindros de maíz rellenos de pastor.
En este sitio, los tacos no llevan cilantro. Su condimento es la cebolla lentamente caramelizada con la grasa que gotea de la carne de cerdo del trompo. “Cinco de pastor", le dice uno de los meseros al fanático del Caballero de la Noche, mientras me facilita mi plato. Y ya que hablamos de DC, a diferencia de la kriptonita de Superman, la carne no tiene un color radioactivo. Ese tono anaranjado característico del cerdo ultra condimentado con achiote que se usa para esconder su baja calidad.
Antes de probarlos, un ligero olor ahumado escapa del plato. Proviene de algunos pequeños trozos de carne carbonizada. La tortilla es pequeña, la primera mordida desnuda y, en menos de tres movimientos, el taco desaparece: sin limón y salsa, la experiencia es más que grata. Los tímidos pedazos quemados de cerdo le aportan sabor, la textura es firme y la grasa no rebasa el límite promedio del taquero conocedor.

En la mesa hay dos salsas: la verde tiene mejor pinta, pero le falta sal, así que la roja gana fácilmente el duelo. Unas gotas de limón resultan útiles, pero se puede prescindir de ellas. Ansío una cerveza fría pero, para evitar organismos deambulantes alcoholizados, sus refrigeradores solo resguardan refrescos y bebidas azucaradas sin gas (inserte aquí su marca favorita).
Sin temor a Dios (y a las agruras nocturnas), me decido por una segunda ronda de tacos. Esta vez los pido “planchados”, pero no gozo la misma suerte. Aparecen cinco tacos extendidos con un excedente de grasa y textura pobre. El culpable es el tiempo, pues el trompo tenía pocos minutos de haber sido colocado de forma vertical para dar paso a su cocción.

Con un suspiro, pido la cuenta y recuerdo los tacos iniciales. Decido quedarme con esa experiencia. Tal vez no son los mejores tacos de pastor de la ciudad pero, sin duda, entraron en mi top cinco. Por lo pronto, yo seguiré probando y compartiéndoles mi experiencia, que generalmente espero sea buena.
La Michoacana
Dirección: Chosica 672, col. Lindavista
Horario: lun-dom 13:00-3:00 hrs.
Promedio: $130 pesos
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