La mayoría de personas suelen enfocarse en cuidar los alimentos que consumen, pero pocas veces toman en cuenta que el horario también influye en la manera en que el organismo los procesa.
Dependiendo del momento del día en que se ingieran, algunas comidas pueden sentirse más pesadas, provocar inflamación y otras afecciones a la salud.
Por eso, aquí te compartimos ciertos grupos de alimentos que te conviene mejor consumir en estos horarios específicos.

De acuerdo con el blog de divulgación química de alimentos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el cuerpo humano funciona bajo un reloj biológico conocido como sistema circadiano, mismo que se encarga de coordinar procesos como el sueño, la producción hormonal, la temperatura corporal y el metabolismo.
Dicho sistema es dirigido por un reloj maestro ubicado en la zona del cerebro llamada núcleo supraquiasmático, la cual sincroniza las funciones de órganos y células dependiendo la hora del día.
A través de ese mecanismo, nuestro organismo adapta distintas funciones dependiendo de si es de día o de noche; por ejemplo, durante las primeras horas del día y la tarde, el páncreas tiene una mayor capacidad para producir insulina, hormona que regula los niveles de glucosa. Al mismo tiempo, el hígado trabaja de manera más eficiente procesando azúcares y grasas para convertirlos en energía.
También en periodos diurnos, la exposición a la luz influye en la producción de melatonina, hormona relacionada con el descanso; y cuando llega la noche y disminuye la luz natural, incrementa la producción de melatonina y el cuerpo comienza a prepararse para dormir. En consecuencia, la digestión se vuelve más lenta, disminuye la producción de insulina y el metabolismo reduce su actividad.
Por lo anterior, consumir grandes cantidades de alimentos en la noche altera los ciclos naturales y, a su vez, esto provoca un mayor almacenamiento de grasa y mayores niveles de glucosa en sangre, además de relacionarse con problemas como aumento de peso y resistencia a la insulina.
El mismo artículo de la UNAM detalla que la alteración prolongada de los ritmos circadianos se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos. .
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La nutrióloga Estela Mazzei, en un artículo para la Fundación Ciencias Médicas de Rosario, advierte que desayunar alimentos con azúcares simples y refinados provoca que los niveles de glucosa aumenten rápidamente y desciendan poco tiempo después. Este proceso genera un pico momentáneo de energía, pero posteriormente aparece el cansancio y la sensación de hambre.
Por ello, la experta recomienda romper el ayuno con alimentos que aporten proteínas y fibra, puesto que ayudan a mantener la saciedad y brindan energía de manera estable.
Entre las opciones de proteína de origen animal están los huevos y los lácteos descremados (como queso, yogur o leche), mientras que las proteínas vegetales pueden obtenerse de cereales integrales (como quinoa, avena o trigo sarraceno y frutos secos).
La nutrióloga Mónica Maza, del Médica Campestre Hospital, advierte que hay alimentos que pueden favorecer el aumento de peso, provocar indigestión o alterar el descanso cuando se consumen durante la noche, debido a su composición y a la manera en que el organismo los procesa antes de dormir.
Entre ellos se encuentra la pasta, ya que se trata de un producto rico en carbohidratos y que, después de la digestión, puede transformarse en grasa corporal. Otro riesgo es que eleva los niveles de glucosa en sangre y dificulta el sueño.
Lo mismo sucede con el cereal, pues varios tipos contienen grandes cantidades de azúcar y, como lo mencionamos anteriormente, eso impide un descanso profundo.
No se trata de descartarlos, sino que la nutrióloga aconseja elegir opciones ricas en fibra y sin azúcar añadida, acompañadas de leche descremada y porciones pequeñas de fruta.
El ajo también se debe moderar por la noche, debido a que puede provocar acidez estomacal y reflujo, y más cuando se combina con comidas picantes o muy condimentadas.
En el caso del chocolate, Mónica Maza advierte que contiene cafeína y otros estimulantes (como la teobromina) que dificultan conciliar el sueño y mantienen al organismo en estado de alerta. Por esa razón, se recomienda consumirlo después de la comida principal.
Por su parte, los productos derivados de lácteos (como el helado, las malteadas, leches saborizadas, cajeta, etcétera) aportan gran cantidad de energía que, tras la digestión, puede almacenarse en forma de grasa.
Su consumo durante la noche puede influir en la calidad del sueño, por lo que es mejor consumirlo como postre y bajas porciones.
Tener en cuenta las horas recomendadas para consumir tus alimentos ayuda que tu cuerpo se mantenga con energía durante el día, y hasta previene molestias y cambios de humor.
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