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Hermosillo.— Miles de sonorenses viven la celebración religiosa más grande de la etnia yaqui, que inicia con una serie de ritos el Miércoles de Ceniza y finaliza el Sábado de Gloria con la quema de máscaras o del malhumor.

De acuerdo con sus usos y costumbres, ayer realizaron las ceremonias del Paseo del malhumor, además de la incineración de Judas Iscariote y de las máscaras que portaron en las últimas semanas, en memoria de la Pasión de Cristo.

Por la noche empieza una fiesta en la enramada, con rezos y cantos rituales que se prolongan hasta la mañana del domingo, para finalizar las celebraciones con el recorrido de los personajes que representan a Magdalena y a San Juan.

En las ocho comunidades: Pueblo de Vícam Primera Cabecera, Tórim, Pótam, Rahúm, Huirivis y Belem, Loma de Bácum, y Loma de Guamúchil (Cócorit) se vive un escenario de color y folclor que arroba a miles de visitantes.

Concluyen con consejos. En la Cuaresma, el grupo de fariseos o matachines juega el papel más importante. Ataviados con máscaras y
carrizos que les “cascabelean” en la cintura y tobillos, con tambores en las manos, recorren las calles pidiendo limosna como un símbolo de humildad para pedir perdón por sus pecados y lo hacen a manera de “manda”. En este tiempo no pueden tener roce con mujeres ni siquiera mirarlas a los ojos.

Durante la Cuaresma, los yaquis realizan seis procesiones que acompañan de oraciones y cantos, mientras que los fariseos bailan.

Al concluir la Semana Santa, los ancianos dan consejos a los que participaron en las celebraciones, para que se mantengan unificados como etnia y diferenciarse de otros grupos sociales. Las ceremonias mezclan tradiciones ancestrales yaquis con las católicas.

Para los yaquis este tiempo es de compartir algo más que costumbres con los “yoris” o los hombres blancos; también se unen en la fe.

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