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Aldama.— Entre los cafetales, desde hace cuatro meses, Carmelina Hernández Velázquez, indígena del municipio de Aldama, y sus dos hijos se resguardan de las balas que disparan grupos armados de la comunidad Santa Martha, del municipio de Chenalhó.
Ella es una de los más de 300 indígenas tzotziles que sobreviven en el campamento del paraje Tabak de este municipio, a la intemperie, sin alimento, sin medicamentos y en algunos casos, enfermos de tos, gripa y diarrea: “Dormimos en la tierra, sin cobijas, con frío y con el temor que los disparos maten a nuestros hijos”, señala.

Aquí, los niños tratan de olvidar la tristeza jugando entre los árboles que dan sombra a los cafetales, otros duermen en la tierra, pero todos están alerta para huir si escuchan disparos. “Creo que ya saben dónde nos escondemos porque los disparos se escuchan muy cerca”, afirma Carmelina.
De entre las montañas, decenas de mujeres cargando a sus hijos, salen para concentrarse en la cancha de la comunidad Xuxchen. Las balas que vienen del cerro de Santa Martha, frente a esta comunidad, obligaron a los indígenas a concentrarse para protegerse entre sí.
María Pérez Pérez, junto con sus 11 hijos, es una de las mujeres que tienen temor de que los menores sean alcanzados por una bala. “Hoy hicieron como seis o siete disparos, por eso nos escondimos con nuestros hijos. Tenemos temor de morir”.
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